lunes, 22 de diciembre de 2014

Independencia de Esta españa

Es un hecho innegable el sentimiento independentista que recorre hoy una buena parte del pueblo catalán. Nunca antes desde que somos una democracia tanta gente había manifestado abiertamente su predisposición al cambio. Nunca antes Cataluña había sido tan poco española. Pero tampoco es menos cierto que una gran parte del pueblo catalán quiere seguir perteneciendo al Estado español. Y ahí es dónde el conflicto se puede hacer más patente y puede provocar una ruptura no deseada que quizás algunos no alcancen a vislumbrar.

Esteladas se alzan día tras día a la entrada de numerosos pueblos anunciando a sus visitantes que algo está cambiando, mientras otros las miran pensando que razón les permite hacer ondear banderas no reconocidas en un espacio público y de todos.
Sinceramente considero que somos un pueblo poco maduro aún para resolver está situación, pero si el curso de los acontecimientos nos ha traído hasta aquí, nos no quedará más remedio que intentar solventar está realidad de la mejor manera que seamos capaces.

A mi modo de ver quizás deberíamos intentar vislumbrar el punto en común, si lo hay, que mantienen las dos posturas que conviven  hoy amigablemente dentro de Cataluña. Al respecto estoy bastante convencido que tanto un catalán independentista como un catalán que no lo sea se podrían poner de acuerdo en una cuestión: ambos desearían la independencia de Esta españa. Intencionadamente el Esta está escrito con mayúsculas porque es aquí donde debe recaer el acento de la afirmación. Y seguramente a los catalanes se unirían gallegos, vascos, asturianos, murcianos... Esta españa, digámoslo claro y fuerte, no nos gusta a nadie.
El punto y aparte aparece en el modo de solucionar este no gustarnos, que cada cual resuelve de manera muy diferente.

Los movimiento masivos son contagiosos, pero debemos practicar un momento de introspección personal, de recogimiento que nos invite a pensar para luego ser capaces de dialogar sin prejuicios, abiertamente y sabedores que la razón es un legado que sólo cuando se comparte tiene algún sentido. Las posiciones cerradas, unilaterales que no quieren oír más allá de su propia voz nos ha demostrado mil veces la historia que son de miras muy cortas y de soluciones parciales.

El problema no es si Cataluña fuera o dentro, el problema es si España la queremos escribir con letra grande o pequeña, para luego seguir sumando en esto que llamamos Europa o globalización. Y ahí es dónde se deben quemar energías y dejar de una vez por todas de ampararse, tanto unos como otros, en cuestiones demasiado personalistas y alejadas de principios tan básicos como las alianzas supranacionalistas kantianas. En su "Paz perpetua" Kant nos invitaba a alcanzar la paz global sólo tras la renuncia de parte de la soberanía de los estados soberanos bajo una ley común.
El ser humano antes que catalán, español o danés, es ciudadano, luego lo es de..

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