Hoy las series de TV se han
convertido en las reinas de nuestros salones y hacen sombra descaradamente a la
gran pantalla. El salto de los seriales al cine pasó a la historia; actores de
peso se bajan a la pequeña pantalla en
busca del dólar perdido.
Todo esto no sería posible sin los mejores guionistas que hacen horas
extras para que las series salgan como churros o en manada. Y lo curioso es que
lo hacen con unos guiones y puestas en escena sorprendentes.
No me voy a entretener en nombrar ninguna porque son muchas, pero
hoy quiero dedicarle un corto comentario a una serie de reciente factura: Santa
Clarita Diet.
Sencillamente: me tiene desconcertado. Después de dedicarle unas
horas, todavía no sé si es buena o mala, comedia o drama, ficción tétrica o
realidad hilarante, si me gusta o no, si sabe a dónde va o es pura
improvisación, pero sea como sea, la veo.
Recuerdo ahora un sueño que me contó cuando yo era niño un amigo
que nunca olvidaré. Resumidamente, él estaba en su cama y oía en el salón un
ruido gutural, dantesco, monstruoso y, acurrucado debajo de su manta, llamaba a
su madre para que viniera en su auxilio. Entonces vio como la sombra de ésta se acercaba por el pasillo y se sintió aliviado. La sombra cada vez era
más grande y para su sorpresa, aunque reconocía la silueta de su madre, se le
antoja que algo era diferente. Cuando apareció delante de la puerta de su
habitación vio algo que le dejó mudo, clavado en su cama sin poder mover un
músculo mientras temblaba mientras quería despertarse a costa de lo que fuese.
Y así fue, abrió los ojos, recobró el aliento sobresaltado pero no se atrevió a llamar a su
madre. La imagen de su mamá en el sueño fue aterradora. Era ella, no le cabía
ninguna duda, pero transformada en el engendro más espeluznante que su
imaginación era capaz de dibujar.
¿Qué pasó? Pues que la máxima salvadora, la madre que siempre está
ahí para lo que sea y cuando sea, se había convertido en la peor aberración para su hijo. Realmente aterrador.
En Santa Clarita Diet pasa algo parecido, pero se lo toman como un
dolor de muelas. Lo que más me chirría de la serie es como normalizan una
situación tan dantesca. Es esquizofrenia
en estado puro pero servida con manzanilla.
Por momentos piensas que él acabará con la vida de ella de una vez
como la razón más básica haría o ella, en un ataque visceral, se comerá las vísceras
de él como la que come palomitas viendo la Casa
de la pradera.
Todos los valores morales se suben en una montaña rusa
endemoniada: por momentos ves un corazón tierno y empático y, segundos después,
al mismo demonio con zapatillas y en pantalón corto: tanto él como ella.
El cielo y el infierno se han fusionado en esta serie, haciendo
arder al primero y congelándose el segundo.
Creo que es una serie de poco recorrido y pienso que podrían
haberle sacado mucha más presentación como serial corto o película larga. Tres
o cuatro episodios nos habrían dejado más que satisfechos.
Ahora han presentado la primera
temporada, pero en este caso intuyo que más es menos. Es como cuando quieres
probar algo fuerte, pero poquito; más me haría no desearlo.
Entiendo perfectamente que a personas le incomode terriblemente y
a otras les satisfaga muchísimo.
Pues eso. Le pondría un cero y
un diez y me quedaría igual. Quizás aún no la haya digerido…





