jueves, 23 de febrero de 2017

Santa Clarita Diet...confuso

Hoy las series de TV se han convertido en las reinas de nuestros salones y hacen sombra descaradamente a la gran pantalla. El salto de los seriales al cine pasó a la historia; actores de peso se bajan a la pequeña pantalla en busca del dólar perdido. 

Todo esto no sería posible sin los mejores guionistas que hacen horas extras para que las series salgan como churros o en manada. Y lo curioso es que lo hacen con unos guiones y puestas en escena sorprendentes. 

No me voy a entretener en nombrar ninguna porque son muchas, pero hoy quiero dedicarle un corto comentario a una serie de reciente factura: Santa Clarita Diet.



Sencillamente: me tiene desconcertado. Después de dedicarle unas horas, todavía no sé si es buena o mala, comedia o drama, ficción tétrica o realidad hilarante, si me gusta o no, si sabe a dónde va o es pura improvisación, pero sea como sea, la veo.

Recuerdo ahora un sueño que me contó cuando yo era niño un amigo que nunca olvidaré. Resumidamente, él estaba en su cama y oía en el salón un ruido gutural, dantesco, monstruoso y, acurrucado debajo de su manta, llamaba a su madre para que viniera en su auxilio. Entonces vio como la sombra de ésta se acercaba por el pasillo y se sintió aliviado. La sombra cada vez era más grande y para su sorpresa, aunque reconocía la silueta de su madre, se le antoja que algo era diferente. Cuando apareció delante de la puerta de su habitación vio algo que le dejó mudo, clavado en su cama sin poder mover un músculo mientras temblaba mientras quería despertarse a costa de lo que fuese. Y así fue, abrió los ojos, recobró el aliento sobresaltado pero no se atrevió a llamar a su madre. La imagen de su mamá en el sueño fue aterradora. Era ella, no le cabía ninguna duda, pero transformada en el engendro más espeluznante que su imaginación era capaz de dibujar.

¿Qué pasó? Pues que la máxima salvadora, la madre que siempre está ahí para lo que sea y cuando sea, se había convertido en la peor aberración para su hijo. Realmente aterrador.

En Santa Clarita Diet pasa algo parecido, pero se lo toman como un dolor de muelas. Lo que más me chirría de la serie es como normalizan una situación tan dantesca. Es esquizofrenia en estado puro pero servida con manzanilla.  

Por momentos piensas que él acabará con la vida de ella de una vez como la razón más básica haría o ella, en un ataque visceral, se comerá las vísceras de él como la que come palomitas viendo la Casa de la pradera.

Todos los valores morales se suben en una montaña rusa endemoniada: por momentos ves un corazón tierno y empático y, segundos después, al mismo demonio con zapatillas y en pantalón corto: tanto él como ella.

El cielo y el infierno se han fusionado en esta serie, haciendo arder al primero y congelándose el segundo. 

Creo que es una serie de poco recorrido y pienso que podrían haberle sacado mucha más presentación como serial corto o película larga. Tres o cuatro episodios nos habrían dejado más que satisfechos.

Ahora han presentado la primera temporada, pero en este caso intuyo que más es menos. Es como cuando quieres probar algo fuerte, pero poquito; más me haría no desearlo.

Entiendo perfectamente que a personas le incomode terriblemente y a otras les satisfaga muchísimo.

Pues eso. Le pondría un cero y un diez y me quedaría igual. Quizás aún no la haya digerido…






martes, 21 de febrero de 2017

Yo pienso, yo creo, yo opino

Entre las muchas habilidades que compartimos los seres humanos, hay una que sobresale del resto de manera aplastante. La llamo habilidad porque somos muy hábiles en su uso, no porque ésta merezca precisamente este calificativo que siempre parece llevar implícito un aire positivo o apreciable. Más bien en este caso es todo lo contrario. No la llamo vicio porque entonces estaría tachando a casi todo el planeta de vicioso empedernido...y hoy me siento especialmente alegre.

Pues bien, esta habilidad es la magnífica manera de defendernos amparándonos en el "yo pienso, yo creo o yo opino" que casi nos convierte en hijos directos y predilectos de la diosa romana Veritas, o su correspondiente griega Aletheia, diosas de la verdad... ¿o eran demonios?; curioso.

Pensar por un momento cuantas veces se ha zanjado una conversación con el famoso "es mi opinión o es lo que yo creo". A partir de aquí, como palabra de Santo, se acabó la discusión, charla o conversación. Es más, si no es así, y sigues intentando dilucidar más allá del cerrajón de tu adversario, éste acaba ofendiéndose: ¡le faltas el respeto! Confunde su persona con sus opiniones… tremendo y colosal error… Como nos ha recordado en más de una ocasión Savater, las personas son totalmente respetables, sus opiniones, no. Es decir, la razón o el sentido común deben regir las argumentaciones compartidas, que seguramente nunca llegaran a esclarecer la verdad de las cuestiones importantes de la vida. Pero no por ello deben quedarse por el camino en su discernimiento amparadas en el postureo de aquellos que no quieran, haciendo uso de la razón, perder su punto de vista u opinión… y no es perder: ¡es mejorar casi siempre!

La opinión es prostituta, se va con cualquiera y no le debe pleitesía a nadie; pero no intentes que te ampare, sustente o cobije: cambia de mano si la razón (moneda) se lo pide.
Socialmente, lo bueno y respetable es respetar las opiniones; eso nos enseñan y eso nos coarta y embilece... Respetar una opinión o creencia es someterla al chantaje de la reflexión, el juicio, la razón, el sentido común, las argumentaciones, la búsqueda de solidez de la misma, vamos, que sea racional y razonable...eso, y no otra cosa, es respetar opiniones... 

Quizás, y digo sólo quizás para que me lo rebatas o argumentes, las personas que se amparan en aquella sinrazón tan poco productiva, son las que verdaderamente habría que respetar menos...

No lo digo gritando porque estoy escribiendo, pero, acaso hay algo mejor que cambiar y ampliar tus opiniones y conocimientos a través de discursos compartidos. Ese y no otro es el mayor privilegio del que puede disfrutar una persona; aquello que le hará crecer y crecer y crecer y crecer... y además, favorece enormemente el pensamiento propio a través de ese esfuerzo o entrenamiento al que somete la razón. Incluso, y llegado el caso, te atreverás a pensar más allá de convertirte en loro de repetición de pensamientos de otros o de la masa, que quizás te hagan sentirte cómodo pero...pero esa es otra historia.
Sólo un apunte: cuando en las escuelas se pide la opinión personal en los trabajos, los alumnos lo confunden con muchas cosas, titubean y no saben bien como encararla...da que pensar.


Pero no, no es fácil encontrar personas que practiquen semejante y sano ejercicio. Se las reconoce a leguas. Suelen mirar a los ojos sin preocupación y casi siempre están deseosos de aprender y te lo agradecen sin tapujos.

Qué bonito resulta entonces ser ignorante y cuanto se aprende y disfruta con ignorantes de semejante altura.

Y esto, amigos, es lo que yo pienso, creo y opino al respecto. Un beso para todos. 


viernes, 17 de febrero de 2017

Tome nota, a quien convenga

En una semana me he tropezado con dos familias que me han comentado algo que me parece más que significativo: su preocupación e impotencia ante una escuela que no les satisface.

Dicho así la respuesta inmediata sería: pues cambia a tus hijos de colegio y asunto resuelto. Pero no amigos míos, ojalá fuese tan sencillo.

Su problema no era ocasionado por el comportamiento de sus hijos o por el trato que recibían de sus compañeros, que entraba dentro de la más absoluta normalidad. Esta suele ser la causa más habitual de desplazamientos de alumnos a escuelas colindantes. No van por ahí las cosas.

Su problema radicaba en el dilema que les suponía enfrentarse a la autoridad de los maestros y las maestras de sus hijos. Y lo que es peor, su problema no era sólo su escuela, sino el sistema. Me explico. 

Estas dos familias (y presumo que no son las únicas), se han visto ya en más de las ocasiones que les gustaría ante la tesitura de tener que elegir entre callar y mirar hacia otro lado o desautorizar a los docentes de sus hijos. Incluso, como me comentan, cuando han intentado sutilmente hacerlo, sus propios hijos han salido a defender desbocados a sus maestros, otorgándoles toda la autoridad habida y por haber y de manera lógica, para eso son sus maestros.

Por supuesto podrían haber ido a hablar con los maestros, pero no seamos fariseos: cómo va a ir un padre a decirle a un Director lo incongruente de muchas de las medidas didácticas que se imparten en su centro. Le dirá llanamente que busque otra escuela mejor, en el mejor de los casos, o que deje de ofender a los profesionales, en el resto (y lo sé por experiencia).

Y ahí viene el verdadero problema: no hay escuelas que satisfagan los anhelos de estos padres.

Quizás ahora más de uno pensará que son demasiado tiquismiquis o exigentes, cuando realmente simplemente son personas instruidas y saben lo que quieren para sus hijos en materia educativa.

Ante este panorama, que por desgracia no se repite masivamente en nuestras escuelas -quizás así algo cambiaría-, nos sorprendemos cuando países como Estonia nos empiezan a sacar una delantera más que considerable en materia educativa. Y ojo, sin ser un país precisamente rico, pero sí con las ideas bastante claras y definidas.

Resulta que en este pequeño país hay cola en muchos colegios para poder matricular a los pequeños, y no por disponer de espacios envidiables, sino por presentar proyectos educativos absolutamente apetecibles. ¿Y qué ocurre? Pues que tonto el último. Todas las escuelas se esfuerzan, año tras año, en ofrecer en mejor proyecto para atraer clientela. El Estado orgulloso: sabe que la educación es importante e invierte decididamente en ella.

Aquí, si no hay alumnos para un colegio, nos quejamos o manifestamos para que bajen ratios o ponemos vallas al monte para que se matriculen los niños dónde interese al sistema; eso de los proyectos educativos competentes y competitivos, suena a chino. Así nos va: allí, nuestros envidiados estonios, aprenden hasta chino mientras en algunas zonas de España se empieza a menospreciar y olvidar el español (hay niños en Cataluña que empiezan a tener problemas con el español, y no es una broma ni monsergas ideológicas).

Pues bien, en resumidas cuentas, les dije que en mi casa nos hemos visto en el mismo brete en más de una ocasión. ¿Qué hemos hecho? Aprovechar el momento para intentar fomentar lo que supone la verdadera autoridad en nuestros hijos.

Les hemos intentado inculcar eso tan sencillo y a la vez maravilloso que es el reconocimiento de la autoridad. Ésta viene, o más bien diría se concede desde abajo hacia arriba, es decir, se reconoce y se otorga. El poder de la imposición, de diferente manera, es aquel que se ejerce desde arriba hacia abajo, sin necesidad de reconocimiento y de manera unidireccional.

¡Qué buenos esos maestros que los reconocen sus alumnos por su autoridad!

Ellos han sabido entender y disfrutar de la autoridad de los docentes que han tenido y la han merecido. Del resto, han sabido también someterse a su poder, sin más, y aprovechar cuanto pudiesen. Lo que faltará, hemos intentado amortiguarlo desde casa como tantos otros padres, a buen seguro.

Y en cuanto al sistema, que esta amigable charla que mantengo con esta hoja que se llena de letras, sirva al menos para alertar a quien convenga, aunque desgraciadamente preveo que leerán estas cuatro letras precisamente aquellos que menos las necesitan, por sabidas.

Sin lugar a dudas las cosas se pueden hacer al respecto muchísimo mejor. Tome nota, a quien convenga. 

jueves, 9 de febrero de 2017

La empresa más allá de la empresa

Desde hace ya unos años venimos poniendo adjetivos a la inteligencia: ya no somos sólo inteligentes, tenemos además una inteligencia emocional, interpersonal, lingüística, lógico-matemática, intrapersonal…
¡Hola! Estoy aquí y sé lo que quiero...
A partir de aquí advertimos que podemos desarrollar todo un arsenal de capacidades que van mucho más allá de un sello que nos marcó desde nuestro nacimiento y, de alguna manera, nos condenaba o nos aprobaba para alcanzar o no ciertos retos. Ya no podemos señalar con un dedo al inteligente: todos, cada cual a su manera, pueden llegar a serlo. Hemos aprendido que además de los conocimientos, también se cultivan las inteligencias, es decir, nuestras capacidades para resolver problemas.
Se nos abren posibilidades enormes para capacitarnos y que tienen como fin último y deseable procurar un tránsito por la vida lo más agradable, interesante y atractivo posible. Ahora sabemos muy bien que podemos (y debemos) aprender a ser más felices. Lo cierto es que la realidad siempre ha sido la misma; la diferencia radica en que ahora somos más conscientes de ello.

Todo ello hace necesaria una nueva configuración de nuestra existencia; nos obliga a replantearnos determinadas acciones o circunstancias que dábamos por zanjadas o sin posibilidad de cambio.

Es muy posible que nunca antes en la historia se abriesen tantos campos de investigación en materia educativa. Se podrían contar por centenares las distintas metodologías que intentan aglutinar, de la mejor manera posible, los avances al respecto iniciados en la segunda mitad del siglo pasado y motivados en su mayoría por lo señalado más arriba.

Ante esta realidad que he intentado plasmar sintéticamente, el mundo de la empresa no puede ni debe mantenerse al margen.

Para plasmar la idea que intento esbozar aquí, recrearé una situación imaginaria, irreal, pero que nos ayudará a entender mejor el planteamiento que propongo.
Supongamos una sociedad en la que el trabajador pudiese elegir la empresa a la que desea entregarle parte de su tiempo a cambio de un salario. La tasa de paro sería negativa y las empresas necesitarían personal para desarrollar sus proyectos. Dada esta situación, -que a muchos políticos de hoy, deseosos de revalidarse en el cargo, les gustaría conseguir o que muchos desempleados actuales gustarían gozar-, las empresas se verían obligadas a vender de la mejor manera posible sus vacantes.
Recordemos que nuestros ciudadanos saben, pues están capacitados para ello, que algo primordial en sus vidas es gozar de bienestar personal, pero no sólo a nivel económico, sino también y en mayor medida incluso a nivel vivencial y la mayor parte del tiempo posible, ocupando su jornada laboral una gran parte del mismo.
Ante este escenario, los empresarios articularían toda una serie de medidas que llevarían a la empresa más allá de la empresa, es decir, no sólo estaría enfocado el proyecto en la consecución de fines económicos o comerciales para satisfacer necesidades de bienes o servicios desde una perspectiva sólo mercantilista, sino que además debería contemplar de una manera muy decidida satisfacer a sus candidatos para conseguir que se decidiesen a trabajar para o con ellos.
Puede resultar un tanto estrambótica esta situación a la vista de lo que vivimos hoy día, pero no es menos cierto que hoy muchas empresas se disputan la contratación de determinados operarios muy cualificados, otorgándoles un bienestar más allá de lo estrictamente económico.
Otras muchas empresas intentan cada día más satisfacer este bienestar del que hablamos simplemente por una razón mercantil: han estudiado y comprobado que cuando sus trabajadores se sienten en el trabajo “como en casa”, sus logros y eficiencia son marcadamente más elevados.
De todas formas, hoy día mayoritariamente las empresas centran satisfacer al trabajador por medio de la recompensa monetaria: gratifican a sus empleados en función de la cuenta de resultados.
No deja de resultar curioso el caso de empresas de la década de los sesenta, como por ejemplo la Hispano Olivetti, ubicada en la ciudad de Barcelona, que alcanzó cifras record de producción (a nivel internacional) implementando medidas de aire social que buscaban satisfacer el bienestar de sus trabajadores: disponía de servicio interno de guardería en el propio recinto, piscina también en el recinto para uso y disfrute  de los familiares los fines de semana, organizaban colonias a un precio simbólico para los hijos de los trabajadores en época estival, regalaban juguetes para los Reyes Magos también para los más pequeños… En este sentido, fue una empresa adelantada a su tiempo pero que sucumbió al no saber adaptarse a los cambios con la irrupción de la informática y los ordenadores.

Sea como sea, lo que parece diáfano es que el trabajador de hoy cada día reclamará más y mejor bienestar más allá de lo estrictamente económico. Y lo que aún es más cierto, es que las empresas son ya conocedoras del valor añadido que supone para el negocio, analizado desde una óptica estrictamente mercantilista, conseguir que sus trabajadores sientan cercanía y bienestar en sus empresas. No se trata ya sólo de formar parte de una plantilla, sino de formar parte de un equipo, es decir, un grupo de personas organizadas con un fin común y destinadas a la consecución de un logro colectivo en el que se sientan identificadas. Se busca la emoción o pasión que despiertan la pertenencia grupal y la realización personal.
Son variadas y abundantes las propuestas que muchas empresas pueden y deben materializar al respecto, si no quieren desbancarse de la competencia o perder competitividad.

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martes, 7 de febrero de 2017

La educación en nuestra escuelas

Hace algunas semanas escribí algo sobre lo difícil que le resultaba a una maestra motivar a sus alumnos. Le dije que se conformara con no desmotivarlos, que ya era bastante. Creo que le dije muy poco. Intentaré añadir algo más que me parece fundamental.

Para empezar, ¿Por qué creo que los desmotivaba?

Desde el momento que se planteaba este dilema la descarto como mala maestra; los hay a cientos que les preocupa muy poco esto de la motivación, pero desde luego no era su caso.

De alguna manera -y no es con intención de disculpar a esos cientos-, la pobre estaba condenada a desmotivarlos. Nuestro sistema educativo es muy malo, o mejor dicho, muy cobarde.

Muy cobarde por parte de los gobernantes, que no se atreven, supongo que sus intereses tendrán, a hacer lo que deberían; y no es otra cosa que escuchar a los profesionales en la materia. Y muy cobarde también por parte de los profesionales; aún a sabiendas en muchos casos que es lo que deberían hacer, no lo hacen.

Está claro que si estuviese en un cole acabaría en la calle. Pero eso importa menos que nada.

Lo que sí es importante es comprender que no hay ninguna razón coherente para exigir que todos los alumnos aprendan de la misma manera, al igual que no hay ninguna razón para que todos vistamos igual, nos gusten las mismas películas, tengamos iguales hobbies o nuestra habilidades sean las mismas.

Amiga maestra, te diría que intentes conocer a cada uno de tus alumnos, en eso creo que deberías ser una experta, para así lograr saber cómo canalizar en cada caso la mejor manera de encauzar su enseñanza; la motivación vendrá sola, no lo dudes. En definitiva, se trata de ir haciéndoles descubrir sus pasiones.

Y que nadie confunda esto con aulas de autómatas dónde cada cual vaya a lo suyo. De manera natural se crearán grupos afines de trabajo, o incluso la labor del docente deberá encargarse de fomentar labores participativas conjuntas, dónde unos ayuden o motiven a otros, y estos otros a su vez a los unos cuando toque. Somos un animal social, y eso sí que no lo podemos evitar. Al contrario, el trabajo grupal es cada día más indispensable.

Dicho así puede parecer una locura, pero no lo es tanto si se usa convenientemente todo el potencial que nos brindan los recursos hoy día, sobre todo los informáticos.

Para ello, quizás lo primero que debería quitarse de la cabeza todo profesor, es la idea de que posee el saber y su misión es transmitírselo a los alumnos. Siento comunicaros que este saber es muy pobre. Y no lo digo con ánimo de ofender, todo lo contrario; lo digo con ánimo de liberar. Me explico.

Si un maestro se entiende en su labor como aquel que conduce y orienta a cada uno de sus alumnos, y además logra ofrecerles los recursos necesarios para que satisfagan sus intereses y desarrollen también las habilidades básicas y fundamentales, habrá conseguido algo esencial y tremendamente importante.

Por eso el mejor libro de texto siempre es carente, siempre es demasiado parcial. Hay una cierta moda recurrente a denostar el libro de texto. Es insuficiente por sí mismo, pero, de diferente manera, sí puede ser útil en determinados momentos. Es una herramienta más, no el instrumento básico y único. Como vemos el problema no es el libro, sino el uso que hace el docente del mismo.

Y volviendo a la labor concreta del docente, es tan sencillo como creer que una misma materia, cualquiera de ellas, pueda enseñarse de distintas maneras según las necesidades, capacidades e intereses de los alumnos. Y no me refiero a más o menos, no es una cuestión de cantidad. Es una cuestión de afinación, de llegar de la manera correcta a cada alumno.

Al fin y al cabo, de sus aulas saldrán desde músicos hasta abogados, desde dependientes hasta astronautas; se trata de potenciar lo mejor de cada uno sin olvidar por ello lo básico y necesario en todos. 

Y esto, desde luego, no se consigue transmitiendo conocimiento según la fórmula magistral de "profesor-alumnos". Ni aquel posee el magisterio necesario, ni a estos les importa demasiado si han de acatarlo todos por igual, como borreguitos (¿será por ello por lo que hay –o somos- tantos los borregos?). Quizás llegue a establecerse alguna sintonía casi perfecta entre algún alumno y el maestro, pero que no se engañe nadie, siempre será minoritaria y de fondo incompleta en lo que respecta al aprendizaje. Y se trata, no lo olvidemos, de llegar a todos con un sólo docente.

Todos los alumnos deben tener cabida en el aula, pero no todos tienen porque aprender de la misma manera. Sólo basta con utilizar los recursos adecuadamente, que el marco institucional lo permita y/o que los maestros se pongan por la labor.

Vamos, un cambio de mentalidad radical. Para afrontar este cambio, invito a mis lectores, sin alguno es docente, claro, a leer al señor Howard Gardner, con el que tuve la suerte de tropezar hace ya algunos años gracias al programa de televisión Redes, de Eduart Punset.




lunes, 6 de febrero de 2017

PPodemos

Después de oír a los dos máximos dirigentes de Podemos estos días, lo mínimo que puedo pensar es como se puede ser tan hábil y tan tosco o torpe al mismo tiempo, señores Iglesias y Errejón.


Han llegado en un tiempo meteórico a ocupar una posición en la esfera política asombrosa. Una vez conseguido, se empeñan en facilitarles las cosas a sus adversarios políticos.
Según mi humilde opinión, la cosa debería haber ido, más o menos, así.

Es absolutamente normal y necesario que un partido político, si es democrático, debata internamente, es decir: se defiendan distintas estrategias, se postulen diferentes maneras de conseguir determinados objetivos, incluso que exista una sana tensión interna, cómo en la vida misma, que mantenga alerta y despierto el horizonte de su ideal político.

Dicho esto, la visión que debe percibir el pueblo del partido debe ser una, clara, diáfana y sólida, señor Íñigo Iglesias...
Y precisamente esta visión unitaria que se proyecta al pueblo, es la que debe emanar de toda esa dialéctica interna imprescindible y obligatoria, fíjese usted, don Pablo Errejón...

De ahí deberá salir todo aquello que una al partido, más allá de lo que quede en el tintero para seguir debatiendo. Aquello en lo que terminen estando de acuerdo y se configure como el camino a seguir en ese momento por la formación. Por supuesto, se deberá seguir debatiendo para seguir mejorando las políticas que se quieran llevar a término, sin duda.

Y eso, señores míos, es precisamente hacer política. Ni más, ni menos.


Pero, ¿Qué han hecho ustedes?
  • No se presentan a la ciudadanía como una formación que respire unidad.
  • Sus posiciones son poco claras, en ocasiones hasta rocambolescas.
  • Esto les conduce a una visibilidad muy poco diáfana.
  • Y por supuesto, su solidez como formación queda muy maltrecha.



Me sorprende, de verdad, que en esas cabezas quepan a un tiempo cosas tan dispares. Y me guardo lo que pienso que pasa por ellas; creo que por hoy ya tienen ustedes bastante con lo que digo. Será otro día.

Y déjenme decirles una cosa más, que aunque no vayan a leer esto, a mi me resulta más fácil escribirlo si me engaño y presiento que ustedes lo están ojeando.

Por si aún no se han dado cuenta, las políticas que ustedes tanto denigran, y me refiero concretamente a las del Partido Popular, hacen exactamente y de manera casi perfecta (siempre hay deslices, que pronto se olvidan) lo que aquí les cuento.

Sea como sea, el pueblo percibe al PP sólido, con un mensaje definido, alto y claro.


Y créanme si les digo que cuando ustedes –o como yo mismo-, nos preguntamos cómo puede ser que tantas personas presumiblemente no afines al PP lo voten en manada, la respuesta es bien sencilla: lo hacen simple y llanamente por esta razón. Quizás entre otras, no digo que no, pero esta es la fundamental.

Queriendo ser los salvadores de un PP que según nos dicen condena a este país, os convertís en sus principales aliados y sin que ellos muevan un dedo.


Y para colmo, pasáis por alto la lección de insensatez que nos dio la otra facción de la izquierda hace unos meses, que aún anda buscándose desmigajada.

A lo mejor tendremos que empezar a escribir PPodemos, para ver más claro todo este embrollo.

Ya nos vale, ya os vale, pareja.





jueves, 2 de febrero de 2017

La filosofía en el mundo empresarial

Las empresas ofrecen un servicio o un producto. Para ello articulan toda una serie de mecanismo que tienen como fin último satisfacer una necesidad.

Tanto la propia empresa como la destinación del producto o servicio se nutren de personas. Éstas satisfacen sus necesidades obteniendo un rédito monetario a cambio de su tiempo para generar el producto o servicio, o bien satisfacen sus necesidades beneficiándose de estos a través de su consumo.

Personas y las necesidades de éstas configuran el núcleo irrenunciable de topo proyecto empresarial.


A partir de aquí se elaboran todos los procesos necesarios que harán posible estructurar una empresa y convertirla en una realidad.



La ciencia en sus diferentes vertientes y especialidades (administrativa, legal, financiera, comercial, técnica,…) se ocupará de articular todo el andamiaje necesario para llevar a cabo la idea empresarial y conseguir que se materialice. Se ponen en funcionamiento todos los conocimientos que se aglutinarán para conseguir la creación de la empresa y su posterior funcionamiento. Sé ocupan del cómo hacerlo.


Demasiado a menudo se olvida o menosprecia aquello que configura el núcleo de toda empresa más allá de las inquietudes estrictamente mercantiles que conforman su materialización. Es decir, se confunde el cómo con el porqué; el cómo hacerlo con lo qué motivo o dio sentido de ser a la empresa.


Debido a la propia inercia mercantil de toda empresa, la facción de necesidad que hace referencia al beneficio empresarial, es decir, a la necesidad de la persona no como trabajador, sino como cliente, ha sido objeto de estudios muy profundos y reiterados en el tiempo.


Los esquemas de muchas empresas pivotan alrededor del cliente, lo convierten en su punto de referencia fundamental y único. Olvidan que el trabajador y sus necesidades formaron parte también del porqué de la idea que dio origen al proyecto empresarial. Lamentablemente, se convierten en simples recursos humanos y son tratados, equivocadamente, como un apartado más a considerar dentro del esquema de cómo materializar y hacer funcionar la empresa. Son un apartado más del andamiaje antes mencionado.


Desde una perspectiva más filosófica de la empresa, se abordan el cómo y el por qué empresarial desde una perspectiva más global (en referencia al cómo) e integral (en referencia al porqué). Digamos que la empresa se analiza respetando el cómo y el porqué del ser de la empresa de manera más correcta.


Respecto al cómo, se articula una visión global que permite detectar y mejorar aspectos que desde una perspectiva más sectorial pasaban por alto necesarias e irrenunciables conexiones entre distintos ámbitos o secciones del proyecto.

En lo referente al porqué, la visión del filósofo de empresa clarifica el posicionamiento del conjunto, ejerciendo la correcta redistribución por importancia, desde un mirada integral del individuo, desde su faceta de cliente pero también de trabajador. El individuo -con sus necesidades- no deja nunca de ser leído como eje fundamental y vertebrador de la realidad empresarial. Sin esta precisa premisa, los resultados de toda empresa se ven afectados negativamente sin remedio. Como dije, el individuo en su faceta como cliente con sus necesidades ya era foco de atención interesada por parte de la empresa. La propuesta del filósofo de empresa hace especial hincapié en el referente humano que conforma el porqué de la empresa en la satisfacción de sus necesidades compensatorias, es decir, su trabajo y tiempo a cambio de remuneración. Las necesidades de los propios trabajadores corren parejas, tanto para bien como para mal, con los resultados globales de la empresa. Cuando estas necesidades son obviadas o se interponen para su mejor fluir cuestiones de muy diversa índole, el resultado global de la empresa se resiente necesariamente.


Aquí es dónde la mirada humanista del filósofo de empresa se anticipa para corregir las posibles desviaciones por el bien común de toda la comunidad empresarial.



Recapitulando, vemos como la figura del filósofo, cada vez más valorada por las empresas que entienden la necesidad hoy de ir más allá de una visión empresarial seccionada, encuentra un lugar determinante que ayuda a mejorar la cuenta de resultados a partir de una mejor y correcta humanización del conjunto que conforma la empresa y desde una perspectiva global e integradora.


El trabajador de toda empresa debe sentirse parte integral del proyecto que desarrolla, y eje vertebrador junto al cliente del éxito empresarial.


Empresas punteras han sabido hacer esta lectura desde hace ya algunos años y los resultados han sido demoledores: se mejora la productividad, se reducen absentismos y la cuenta de resultados se ve positivamente afectada con las consecuentes gratificaciones para trabajadores y beneficios para la empresa.


No es ninguna casualidad que esta visión renovada coincida con la incorporación del filósofo en el mundo de la empresa.




miércoles, 1 de febrero de 2017

Amores incomunicados. Un ramito de violetas

Acabo de escuchar, por pura casualidad, una canción de la que me sabía de memoria el estribillo, -supongo que como casi todo el mundo, al menos de mediana edad-, pero no formaba parte de mi repertorio y desconocía el sentido total de su letra, vamos, la historia que nos cuenta.

Está canción es Un ramito de violetas, de Cecilia. Te paso este enlace por si no conoces o recuerdas la letra. Disfrútala y luego sigue leyendo.


Me parece, más allá de posibles interpretaciones rápidas o simplonas de la canción: machismo, mentiras escondidas... que tiene una tremenda actualidad en esta vida nuestra en la que las parejas comparten poco tiempo, y...todo lo demás.

Al menos a mí, me parece que Cecilia nos intenta transmitir la falta de comunicación en el mundo de la pareja: no importan los motivos, cada época tendrá los suyos así como cada caso particular, pero lo cierto es que esta ausencia existe, sin lugar a dudas.

Claro, tú que lees esto quizás dirás: pues a mi no me pasa, yo me comunico mucho y bien. Me alegro. Pero lo que yo veo es que la comunicación entre los miembros de muchísimas parejas va por otros derroteros...

La canción. Pareja, mujer de vida triste y hombre un tanto rudo. Cartas misteriosas de amor y flores que le devuelven la alegría a ella, sin saber de dónde proceden. Y aquí viene lo bueno: ella percibe al misterioso remitente como su amor secreto y nos dice "...no sabe quien sufre en silencio..." y luego "...vive así, de día en día, con la ilusión de ser querida...". Es decir, ella se preocupa por él, por el desconocido enamorado, que sufre en silencio, al tiempo que se consuela y encuentra esa felicidad que no vive, pero que siente al ser querida, también en silencio. Pero luego viene el desenlace; se descubre que su amor secreto es ese hombre un tanto rudo, su marido, "...él es quien...". Éste se conforma, sabiéndolo todo, con hacerla feliz desde la sombra. Ella calla.


Visto desde fuera está tensión de incomprensión por falta de comunicación se desvanecería al instante con tan solo hablar. Decirle él a ella lo mucho que la quiere y mostrarle su parte más tierna, esa faceta que sólo presenta en cartas de amor y violetas que lo enmascaran. Decirle ella a él que necesita ternura, amor, comprensión y complicidad, que tan sólo encuentra en un amor misterioso y que no conoce, por cartas de amor y flores.

Aquí, en esta bonita canción de amor, se abren toda una ventana de posibilidades que explicarían muchísimas de las circunstancias que rodean a, por que no decirlo, demasiadas parejas: infidelidades, separaciones, vidas anodinas de pareja o incluso vidas de pareja que no deberían ser tales...y simplemente, por falta de comunicación verdadera.

Por que comunicarse no es hablar, es algo mucho más intenso y profundo sobre lo que cabalga todo los que pasa en nuestras vidas.


Lo que de manera cierta nos distingue del resto de los animales, además de la razón, es la capacidad asombrosa que tenemos de comunicarnos, bien sea a través del habla o de manera no verbal. A partir de aquí articulamos todo un conjunto colosal de emociones, sentimientos y pensamientos.

Parodiando a Descartes, diríamos: "me comunico, luego existo". Somos un ser social porque necesitamos comunicarnos, nos va la vida en ello.

Las personas que logran establecer correctos y fluidos canales comunicativos, se favorecen de ello por partida doble. Por un lado encuentran con mucha mayor facilidad el sentido de su ser, de su estar aquí, de sus vidas. Además, y no menos importante, consiguen resolver con mucha más solvencia todas las problemáticas o circunstancias que nos deparan nuestras vivencias.

Así que, sea como sea, comunícate¡¡¡, pero de verdad. No confundamos cantidad, con calidad.  No se trata de hablar mucho, sino de decir lo que interesa y a quien le interese. Lo demás, como posiblemente estas letras, es charlatanería.