Después de oír a los dos máximos dirigentes de Podemos estos días, lo mínimo que puedo pensar es como se puede ser tan hábil y tan tosco o torpe al mismo tiempo, señores Iglesias y Errejón.
Han llegado en un tiempo meteórico a ocupar una posición en la esfera política asombrosa. Una vez conseguido, se empeñan en facilitarles las cosas a sus adversarios políticos.
Según mi humilde opinión, la cosa debería haber ido, más o menos, así.
Es absolutamente normal y necesario que un partido político, si es democrático, debata internamente, es decir: se defiendan distintas estrategias, se postulen diferentes maneras de conseguir determinados objetivos, incluso que exista una sana tensión interna, cómo en la vida misma, que mantenga alerta y despierto el horizonte de su ideal político.
Dicho esto, la visión que debe percibir el pueblo del partido debe ser una, clara, diáfana y sólida, señor Íñigo Iglesias...
Y precisamente esta visión unitaria que se proyecta al pueblo, es la que debe emanar de toda esa dialéctica interna imprescindible y obligatoria, fíjese usted, don Pablo Errejón...
De ahí deberá salir todo aquello que una al partido, más allá de lo que quede en el tintero para seguir debatiendo. Aquello en lo que terminen estando de acuerdo y se configure como el camino a seguir en ese momento por la formación. Por supuesto, se deberá seguir debatiendo para seguir mejorando las políticas que se quieran llevar a término, sin duda.
Y eso, señores míos, es precisamente hacer política. Ni más, ni menos.
Pero, ¿Qué han hecho ustedes?
- No se presentan a la ciudadanía como una formación que respire unidad.
- Sus posiciones son poco claras, en ocasiones hasta rocambolescas.
- Esto les conduce a una visibilidad muy poco diáfana.
- Y por supuesto, su solidez como formación queda muy maltrecha.
Me sorprende, de verdad, que en esas cabezas quepan a un tiempo cosas tan dispares. Y me guardo lo que pienso que pasa por ellas; creo que por hoy ya tienen ustedes bastante con lo que digo. Será otro día.
Y déjenme decirles una cosa más, que aunque no vayan a leer esto, a mi me resulta más fácil escribirlo si me engaño y presiento que ustedes lo están ojeando.
Por si aún no se han dado cuenta, las políticas que ustedes tanto denigran, y me refiero concretamente a las del Partido Popular, hacen exactamente y de manera casi perfecta (siempre hay deslices, que pronto se olvidan) lo que aquí les cuento.
Sea como sea, el pueblo percibe al PP sólido, con un mensaje definido, alto y claro.
Y créanme si les digo que cuando ustedes –o como yo mismo-, nos preguntamos cómo puede ser que tantas personas presumiblemente no afines al PP lo voten en manada, la respuesta es bien sencilla: lo hacen simple y llanamente por esta razón. Quizás entre otras, no digo que no, pero esta es la fundamental.
Queriendo ser los salvadores de un PP que según nos dicen condena a este país, os convertís en sus principales aliados y sin que ellos muevan un dedo.
Y para colmo, pasáis por alto la lección de insensatez que nos dio la otra facción de la izquierda hace unos meses, que aún anda buscándose desmigajada.
A lo mejor tendremos que empezar a escribir PPodemos, para ver más claro todo este embrollo.
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