martes, 21 de febrero de 2017

Yo pienso, yo creo, yo opino

Entre las muchas habilidades que compartimos los seres humanos, hay una que sobresale del resto de manera aplastante. La llamo habilidad porque somos muy hábiles en su uso, no porque ésta merezca precisamente este calificativo que siempre parece llevar implícito un aire positivo o apreciable. Más bien en este caso es todo lo contrario. No la llamo vicio porque entonces estaría tachando a casi todo el planeta de vicioso empedernido...y hoy me siento especialmente alegre.

Pues bien, esta habilidad es la magnífica manera de defendernos amparándonos en el "yo pienso, yo creo o yo opino" que casi nos convierte en hijos directos y predilectos de la diosa romana Veritas, o su correspondiente griega Aletheia, diosas de la verdad... ¿o eran demonios?; curioso.

Pensar por un momento cuantas veces se ha zanjado una conversación con el famoso "es mi opinión o es lo que yo creo". A partir de aquí, como palabra de Santo, se acabó la discusión, charla o conversación. Es más, si no es así, y sigues intentando dilucidar más allá del cerrajón de tu adversario, éste acaba ofendiéndose: ¡le faltas el respeto! Confunde su persona con sus opiniones… tremendo y colosal error… Como nos ha recordado en más de una ocasión Savater, las personas son totalmente respetables, sus opiniones, no. Es decir, la razón o el sentido común deben regir las argumentaciones compartidas, que seguramente nunca llegaran a esclarecer la verdad de las cuestiones importantes de la vida. Pero no por ello deben quedarse por el camino en su discernimiento amparadas en el postureo de aquellos que no quieran, haciendo uso de la razón, perder su punto de vista u opinión… y no es perder: ¡es mejorar casi siempre!

La opinión es prostituta, se va con cualquiera y no le debe pleitesía a nadie; pero no intentes que te ampare, sustente o cobije: cambia de mano si la razón (moneda) se lo pide.
Socialmente, lo bueno y respetable es respetar las opiniones; eso nos enseñan y eso nos coarta y embilece... Respetar una opinión o creencia es someterla al chantaje de la reflexión, el juicio, la razón, el sentido común, las argumentaciones, la búsqueda de solidez de la misma, vamos, que sea racional y razonable...eso, y no otra cosa, es respetar opiniones... 

Quizás, y digo sólo quizás para que me lo rebatas o argumentes, las personas que se amparan en aquella sinrazón tan poco productiva, son las que verdaderamente habría que respetar menos...

No lo digo gritando porque estoy escribiendo, pero, acaso hay algo mejor que cambiar y ampliar tus opiniones y conocimientos a través de discursos compartidos. Ese y no otro es el mayor privilegio del que puede disfrutar una persona; aquello que le hará crecer y crecer y crecer y crecer... y además, favorece enormemente el pensamiento propio a través de ese esfuerzo o entrenamiento al que somete la razón. Incluso, y llegado el caso, te atreverás a pensar más allá de convertirte en loro de repetición de pensamientos de otros o de la masa, que quizás te hagan sentirte cómodo pero...pero esa es otra historia.
Sólo un apunte: cuando en las escuelas se pide la opinión personal en los trabajos, los alumnos lo confunden con muchas cosas, titubean y no saben bien como encararla...da que pensar.


Pero no, no es fácil encontrar personas que practiquen semejante y sano ejercicio. Se las reconoce a leguas. Suelen mirar a los ojos sin preocupación y casi siempre están deseosos de aprender y te lo agradecen sin tapujos.

Qué bonito resulta entonces ser ignorante y cuanto se aprende y disfruta con ignorantes de semejante altura.

Y esto, amigos, es lo que yo pienso, creo y opino al respecto. Un beso para todos. 


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