miércoles, 1 de febrero de 2017

Amores incomunicados. Un ramito de violetas

Acabo de escuchar, por pura casualidad, una canción de la que me sabía de memoria el estribillo, -supongo que como casi todo el mundo, al menos de mediana edad-, pero no formaba parte de mi repertorio y desconocía el sentido total de su letra, vamos, la historia que nos cuenta.

Está canción es Un ramito de violetas, de Cecilia. Te paso este enlace por si no conoces o recuerdas la letra. Disfrútala y luego sigue leyendo.


Me parece, más allá de posibles interpretaciones rápidas o simplonas de la canción: machismo, mentiras escondidas... que tiene una tremenda actualidad en esta vida nuestra en la que las parejas comparten poco tiempo, y...todo lo demás.

Al menos a mí, me parece que Cecilia nos intenta transmitir la falta de comunicación en el mundo de la pareja: no importan los motivos, cada época tendrá los suyos así como cada caso particular, pero lo cierto es que esta ausencia existe, sin lugar a dudas.

Claro, tú que lees esto quizás dirás: pues a mi no me pasa, yo me comunico mucho y bien. Me alegro. Pero lo que yo veo es que la comunicación entre los miembros de muchísimas parejas va por otros derroteros...

La canción. Pareja, mujer de vida triste y hombre un tanto rudo. Cartas misteriosas de amor y flores que le devuelven la alegría a ella, sin saber de dónde proceden. Y aquí viene lo bueno: ella percibe al misterioso remitente como su amor secreto y nos dice "...no sabe quien sufre en silencio..." y luego "...vive así, de día en día, con la ilusión de ser querida...". Es decir, ella se preocupa por él, por el desconocido enamorado, que sufre en silencio, al tiempo que se consuela y encuentra esa felicidad que no vive, pero que siente al ser querida, también en silencio. Pero luego viene el desenlace; se descubre que su amor secreto es ese hombre un tanto rudo, su marido, "...él es quien...". Éste se conforma, sabiéndolo todo, con hacerla feliz desde la sombra. Ella calla.


Visto desde fuera está tensión de incomprensión por falta de comunicación se desvanecería al instante con tan solo hablar. Decirle él a ella lo mucho que la quiere y mostrarle su parte más tierna, esa faceta que sólo presenta en cartas de amor y violetas que lo enmascaran. Decirle ella a él que necesita ternura, amor, comprensión y complicidad, que tan sólo encuentra en un amor misterioso y que no conoce, por cartas de amor y flores.

Aquí, en esta bonita canción de amor, se abren toda una ventana de posibilidades que explicarían muchísimas de las circunstancias que rodean a, por que no decirlo, demasiadas parejas: infidelidades, separaciones, vidas anodinas de pareja o incluso vidas de pareja que no deberían ser tales...y simplemente, por falta de comunicación verdadera.

Por que comunicarse no es hablar, es algo mucho más intenso y profundo sobre lo que cabalga todo los que pasa en nuestras vidas.


Lo que de manera cierta nos distingue del resto de los animales, además de la razón, es la capacidad asombrosa que tenemos de comunicarnos, bien sea a través del habla o de manera no verbal. A partir de aquí articulamos todo un conjunto colosal de emociones, sentimientos y pensamientos.

Parodiando a Descartes, diríamos: "me comunico, luego existo". Somos un ser social porque necesitamos comunicarnos, nos va la vida en ello.

Las personas que logran establecer correctos y fluidos canales comunicativos, se favorecen de ello por partida doble. Por un lado encuentran con mucha mayor facilidad el sentido de su ser, de su estar aquí, de sus vidas. Además, y no menos importante, consiguen resolver con mucha más solvencia todas las problemáticas o circunstancias que nos deparan nuestras vivencias.

Así que, sea como sea, comunícate¡¡¡, pero de verdad. No confundamos cantidad, con calidad.  No se trata de hablar mucho, sino de decir lo que interesa y a quien le interese. Lo demás, como posiblemente estas letras, es charlatanería.








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