A
nadie se le escapa que la situación en España afronta uno de sus momentos más
complicados desde que se estableció la democracia.
Son
dos las cuestiones que se deben afrontar con determinación si no
queremos vernos abocados a una deriva de consecuencias altamente preocupantes. Nos
estamos jugando todos lo mejor que tenemos; nuestra convivencia y subsistencia en
un estado de derecho democrático.
Por una
parte tenemos el gravísimo problema de la cuestión territorial y, por otra, la
ascensión de planteamientos políticos extremos, tanto por la derecha como por
la izquierda.
En un
mundo cada vez más globalizado y en el que los planteamientos políticos bipolares han desaparecido y, además, nos movemos dentro unos
mecanismos perfectamente conocidos por todos, cualquier postura que se postule como
la mejor, única e irrenunciable al margen del resto, carece de toda lógica y
solo contribuye a empeorar cualquier situación. Dentro de este panorama general, España se encuentra hoy especialmente expuesta.
Tras
las elecciones del 10N la configuración del nuevo gobierno debería pasar por
opciones hasta ahora inexploradas, carentes seguramente de sentido y necesidad
si no estuviéramos en la situación que estamos.
Es
necesario un pacto de Estado entre aquellas posturas, que aunque no compartan
ideología, su posicionamiento sea menos extremado y sean por ello capaces de reconducir
la situación en las que nos encontramos hoy.
El PSOE,
el PP y C’S deberían conforman gobierno con una mayoría solvente, al margen
ahora de derechas e izquierdas, y abrir todos los cauces posibles para dialogar
con posiciones más extremas con el fin único de solucionar problemas que, de
diferente manera, se irán enquistando cada día más.
Es un
pacto de Estado, inexplorado, que basa su fuerza en dejar al margen las posiciones
extremas que solo contribuyen en estos momentos a intoxicar la convivencia y a cerrar
cualquier posibilidad de dialogo. Asimismo, esta alianza representaría a la mayoría
de nuestra ciudadanía.
Para
ello hay que tener conciencia de estadista, más allá de planteamientos sesgados
por la propia ideología, que en determinadas situaciones deben ser superadas
con el fin de establecer bases de razonabilidad absolutamente necesarias que
hoy, lamentablemente, hemos conseguido erradicar.
Los
planteamientos de Vox o los de Unidas Podemos y determinadas fuerzas
nacionalistas y soberanistas, son de una naturaleza demasiado excluyente y, por
ello, contribuyen únicamente a radicalizar posturas enfrentadas y alejadas
absolutamente del más mínimo acuerdo.
Solo
la moderación de los discursos y un dialogo templado, capitaneado por un
gobierno de corte no radical, -y, repito, importa hoy poco que sea de derechas
o de izquierdas- conseguirá reconducir la situación y encontrar un espacio de
verdadera política, totalmente necesario si pretendemos superar nuestra delicadísima
realidad actual.




