Sobre el señor Santiago Vidal se está diciendo todo lo
decible. Será noticia unos días. Luego, al cajón del olvido o hasta la próxima,
como todo es nuestra vertiginosa vida de la hipercomunicación.
Antes de
que todo sea pasto de un pasado lejano de pocos días, me gustaría mostrar aquí
mi profunda perplejidad con todo este embrollo.
Dos cosas, rapidito, me gustaría decir:
La primera
es la falta de coherencia por parte de unos políticos que ahora se apresuran a
condenar al ostracismo al señor Vidal.
Senyors
parlamentaris, ustedes pregonan a los cuatro
vientos su determinación de llevar adelante un referéndum sea cual sea el
escenario. Es decir, tanto legal, si hay acuerdo con Madrid, como ilegalmente
si no lo hay. Pero claro, las declaraciones del jurista que les condenan a
manejarse ajenos a la ley son inconcebibles.
Perdónenme,
pero no les entiendo. Dentro de ese conglomerado de partidos independentista,
sólo uno, la CUP, mantiene desde el comienzo una postura coherente con sus
principios; el resto, se mueven en la más profunda ambigüedad que sólo pone de manifiesto
su incompetencia, y lo que es peor todavía, deslealtad al electorado.
La segunda
es más introspectiva. Me cuesta comprender, conociendo como conoce estos
ámbitos, la actitud del señor Vidal. O se debate en su fuero más interno entre
independentismo y legalidad, o simplemente es una persona que habla más de lo
debido y de forma indiscreta.
En el
primer caso lanza un torpedo tremendo contra las bases del procés catalanista. En el segundo lanza un misil.
Sea como
sea, y viniendo de quien viene, me deja perplejo. Da que pensar.
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