Cuando el clamor del pueblo desde la
calle pide la desobediencia a ciertas instituciones debe provocar una reacción
en las mismas, sin duda: algo pasa.
Pero cuando esta desobediencia civil
la recoge alguna forma de gobierno y la hace propia, transformándola en
desobediencia institucional a la Ley que le ampara, ya no pasa solo algo; el
Estado de Derecho salta por los aires y la legitimación de esta institución
desaparece por completo, a los ojos de todo y de todos.
Si además la institución,
“des-institucionalizada” por sí misma, intenta enmascarar su fatal maniobra
bajo la palabra democracia, la confusión llega ya a límites insondables.
Confundir democracia con una manera
de proceder en la que el poder es ejercido de manera autoritaria, creo que no
tiene nombre, al menos por mi conocido. Democracia es democracia y
totalitarismo es totalitarismo. Yo no conocía, al menos hasta estos días, la
democracia totalitaria o el totalitarismo demócrata.
¿Qué crédito puede tener gobierno
alguno que rehúya la Ley vigente para fundamentarse? ¿Acaso esta Ley es tan
opresora? ¿Y si lo fuera, no sería esta misma Ley, o una muy similar, la que
utilizará para fundamentarse?
Desde instancias supranacionales
nunca serán respetados como gobierno legítimo. Desde instancias infra
nacionales nunca podrá ser respetado. Le podrán reclamar en cualquier momento
una secesión interna tal cual la llevo a cabo, al margen de todo marco
jurídico.
No se escribe la historia del
Derecho en 24 horas.
Es legítimo, y siempre ha sido y
será así, que desde estamentos civiles se reclame más allá de la Ley. Es
precisamente este el acicate que impulsa o promueve su revisión y
actualización. Provoca la tensión necesaria para que las instituciones, dentro
de los marcos jurídicos y legales, actúen, ejerzan su fuerza parlamentaria. Lo
demás, no es política democrática.
El gobierno catalán se ha
confundido, confunde y pasará a la historia como el gobierno del desgobierno.
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