Ahora vamos a contar la historia de
una manera bien distinta.
Hay una cosa en la que toda la ciudadanía
coincide, independentista y no independentista, de Vic o de Baeza, es un hecho:
la nula conexión y dialogo político en los últimos años entre Barcelona y Madrid o Madrid y Barcelona.
No trato de buscar culpables ahora
ni razones que justifiquen a unos o a otros. Todos tendrán miles de
argumentos para justificar esta ausencia casi absoluta del más mínimo
entendimiento político, y por supuesto, amparados todos ellos por una verdad
casi divina, por incuestionable.
No van estas letras de eso.
Dicho esto, la ciudadanía reclama a
sus políticos la solución de sus problemas y anhelos, como es lógico y razonable. Y por supuesto, los
políticos que representan a la fracción contraria no han estado a la altura, no
han cumplido las expectativas: para los independentistas los políticos del
gobierno se equivocan soberanamente; para los no independentistas, los
políticos de Cataluña erran sobremanera.
Imaginemos por un momento que los
ciudadanos, hartos del cerrajón político, reclamasen a los políticos que más
fielmente los representan SOLUCIONES. No más historias de imposibilidades, de
falta de dialogo, de desencuentros o enfrentamientos estériles...o la la calle, despedidos por incompetentes.
Simplemente soluciones que para eso os
pagamos, para eso ostentáis esa condición de parlamentario, para eso os
elegimos como representantes.
Ahora mismo los independentistas
estarán pensado que “sus” políticos así lo han hecho: les han representado de
la manera más fiel posible con sus actuaciones. De igual manera, los que no lo son, pensarán que
los “suyos” están haciendo lo correcto dadas las circunstancias. Entonces: ¿quién es el último responsable de todo este galimatias?
Pero lo cierto es que la situación,
en lugar de encaminarse hacia una SOLUCIÓN satisfactoria para todos, cada día
se enquista más y nos ofrece un panorama más radicalizado y enfrentado.
Quizás, y solo digo quizás desde la condición
de un iluso que sin nada mejor que hacer se entretiene escribiendo estas
letras, la ciudadanía no ha sido capaz de dirigirse a sus representantes
más afines y exigirles soluciones políticas más allá del enfrentamiento estéril
y abocado a una lucha poco productiva para todos.
Lo que intento decir con esto es que
culpamos a los políticos y nos olvidamos de la sinrazón que de igual manera se
apodera día a día, cada vez más, de la ciudadanía en su conjunto, alimentándose
precisamente de la baja categoría política que los representa, que en última instancia
solo es capaz de utilizarlos para defender sus tristes estrategias o para
reconfortarlos con el uso abusivo de la Ley, a falta de verdadera política.
Intuyo, pero no me hagáis mucho caso,
-recordad que soy un pobre iluso aburrido-, que en otras latitudes donde la ciudadanía
ha aprendido que esto de ser ciudadano es algo más que atrincherarse o saltar
al vacío, la situación se habría solucionado de una manera bien distinta.
La amplitud de miras que requiere un
ciudadano “evolucionado”, o del siglo XXI ya que está tan de moda expresar así
lo último, lo más del ahora, dista mucho, a mi parecer, de la que veo a mi
alrededor.
Seguimos siendo borregos, -y un vez
más, tranquilos por lo de borregos, ya sabéis que soy un pobre iluso-, con un
criterio propio más que hipotecado, subsidiario de lo que oye o le cuentan o le
interesa. El buen ciudadano, tal y como lo entiende este pobre iluso, brilla por
su ausencia.
En esta triste historia que estos
tristes días nos acompaña, veo como hay una decantación continua e imparable
hacia las posturas enfrentadas de nuestros tristes políticos y su estéril enfrentamiento
por parte de la ciudadanía, sin el menor atisbo de sensatez, cordura y, por qué
no, pensamiento propio, maduro, racional y sensato.
La ciudadanía es pasto de políticos
de tres al cuarto. Los políticos de tres al cuarto, sabedores (me temo que es
lo único que saben) de la falta de madurez de sus ciudadanos, hacen, deshacen y
mal hacen con la impunidad del que se sabe héroe con migajas.
Al fin y al cabo, los políticos
salen de la ciudadanía, sin ser, dicho sea de paso, lo más granado.
Si nuestros políticos tuviesen delante
una ciudadanía bien distinta, otro gallo cantaría. Pero creo que
ya estamos hablando de Educación, la gran ausente de los últimos 40 años…y esa
es otra historia, pero tan cercana…
Y que nadie se ofenda, yo me confieso
como el más iluso de todos, vaya por delante.
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