FUNDAMENTOS DE LA NUEVA REPÚBLICA CATALANA
Los políticos catalanes favorables a un referéndum unilateral en Cataluña precipitan a España a una situación, como mínimo, delicada.
Los políticos catalanes favorables a un referéndum unilateral en Cataluña precipitan a España a una situación, como mínimo, delicada.
Como
aún quedan unos días me voy a permitir imaginar que este referéndum se lleva a
cabo y la opción del sí es la más votada.
A
partir de aquí, y esta sería la opción ideal más propicia al independentismo
catalán, la situación creo que merece ser analizada con cierto detenimiento.
Acaba
de nacer un nuevo Estado, La República Catalana, que de entrada e
inexorablemente no formará parte de la Unión Europea. Podrá solicitar su
adhesión si se ponen de acuerdo los gobernantes catalanes. Bien es sabido que desde
la CUP no estarán por la labor y chocará frontalmente con el resto de las
fuerzas políticas de la recién nacida República. Pero más allá de esto, no será
tarea fácil ni de dos días conseguir integrarse si así se lo proponen
finalmente. Quizás estemos hablando del lapso de una generación para
lograrlo.
Luego
está el tema de articular todo el andamiaje que supone fundar un Estado. Aquí
hay tanto de qué hablar...
Y todavía
más importante: el mundo de la Empresa. La que quede tendrá que asumir un
coste de supervivencia complicado, por no decir muy complejo, arduo y en momentos de dificultad titánica.
Pero
todo esto, fíjense, se me antoja que no es nada comparado con lo que ahora voy
a decir.
FUNDAMENTOS DE LA NUEVA REPÚBLICA
La nueva República habrá nacido bajo el amparo del digno derecho a votar,
que como predican hoy, es el baluarte de la soberanía de todo pueblo y el
ejemplo más ilustre de lo que representa la palabra democracia.
En
principio esto puede sonar muy bien, pero olvida o menosprecia algo
absolutamente irrenunciable para todo ciudadano que se digne de serlo: la Ley y
todo lo que ello implica.
Lo
diré más claro: votar menospreciando la Ley nos aboca al más profundo
de los sinsentidos y a la más aberrante situación política, social y moral.
Pondré
un ejemplo que suelen ser bastante clarificadores. Imaginemos que un grupo
radical reivindica un referéndum para preguntar si la opción que le interese
puede llevarse a cabo bajo el pretexto de que votar es un derecho inalienable
incluso en el caso de situarse al margen de la Ley. Y añadiré más: no hace falta
que voten todos los implicados (en el caso de la secesión de Cataluña serían
todos los españoles, no sólo los catalanes como fundamentan los
independentistas) sino solo los radicales que reclaman su referéndum unilateral
y al margen de la ley. Cuando digo radicales me refiero a cualquier agrupación
con intereses propios y ajenos a la ley vigente, imaginen ustedes lo que
quieran.
Pero
hombre, dirán algunos, estás comparando el noble ejercicio de la
autodeterminación con radicalismos ilegales y perniciosos. No soy tan
burdo. Estoy comparando la "legitimización" que provoca
saltarse a la torera el orden más básico de todo Estado de Derecho y las
consecuencias que derivan de ello, se reclame lo que se reclame.
Todo ciudadano tiene derecho a votar, pero siempre dentro de un marco de
Derecho.
La desobediencia institucional sobre el que supuestamente te oprime o
maltrata, solo está legitimada cuando los Derechos Fundamentales de las personas se vulneran. En el caso que nos ocupa no está justificada lo más mínimo.
La comunidad internacional no se permitirá el lujo de reconocer un nuevo Estado fundado en estas condiciones.
La demanda en Cataluña es absolutamente legítima; el modo en que se está llevando a cabo la deslegitima por completo. Y la razón es muy simple: conseguir derechos legítimos no puede nunca llevarse a cabo al margen de los legítimos derechos establecidos. Y repito, si estos últimos no lo fueran la cuestión sería radicalmente diferente. Pero no es el caso ni nadie sensato debería ni tan solo planteárselo.
Y
además, si queremos seguir rizando el rizo, cualquier parte de la nueva
República podría en cualquier momento reivindicar su secesión, al margen del
nuevo orden o Constitución de la misma, alegando como único pretexto ejercer el
mismo derecho a "decidir" que tuvo en su fundación antilegal esta supuesta
Republica Catalana que ahora le ampara. Y así hasta el infinito y más allá...
Si
algún independentista catalán lee estas cuatro letras y piensa que soy un
españolista acérrimo, además de equivocarse por completo, no habrá entendido
nada de lo que pretendo señalar. Saludos.
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