viernes, 15 de septiembre de 2017

Al gobierno de España

Cuando el clamor del pueblo desde la calle pide la desobediencia a ciertas instituciones debe provocar una reacción en las mismas, sin duda: algo pasa.


Estas instituciones a las que desautoriza la voz del pueblo no pueden ni deben hacer oídos sordos. Mirar hacia otro lado es la más infame de las formas de actuar. Es la omisión total al deber adquirido de todo gobernante.
La soberanía del pueblo, la democracia como sistema político que nos ampara y fundamenta nuestro Estado de Derecho, terminará dando la espalda a ese gobierno. Solo es cuestión de tiempo.


Las Leyes no pueden ser utilizadas con el malvado poder de Medusa, esa Diosa griega que petrificaba a quien le miraba a los ojos. Pero que no dude la Ley, o más propiamente dicho, el gobierno que se ampare bajo la misma buscando cobijo sin entender que no existe la Ley divina o eterna, que será decapitado antes o después por Perseo, tal como hizo éste con Medusa, y desde esa Ley buscará su reformulación y legitimación atendiendo a los anhelos del pueblo y la democracia que lo ampara y sustenta.


Que no nos engañen con cantos de sirenas el gobierno que desoye al pueblo y se vanagloria de ser demócrata por respetar la Ley. Este es un ejercicio de cinismo, cobardía y oportunismo indigno y desleal.


La Ley existe para ser respetada al igual que el pueblo para ser oído. Eso, y sólo eso, es verdadera democracia.


Nuestro gobierno, sordo, miope y manco, pasará a la historia como aquel que provocó en la omisión de su deber la mayor vergüenza de la España democrática del Siglo XXI.

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