14 de septiembre de
2017
Buenos días Sr. Político,
Seré muy breve, comprendo que no deseará dedicar más tiempo
del imprescindible a leer estas letras.
Créame si de digo que me gustaría poder mantener esta
conversación con usted, quizás para no tener que ser tan directo y saltarme
olímpicamente tanto de lo que se podría hablar. Sé que sabrá excusarme por
ello.
Así lo dicho, le diré que el valor de todo gobernante que
aspire a ser algo más que un mero legislador de turno, se visualiza cuando,
llegado el caso, es capaz de enfrentarse a aquellos que tiene cerca.
Enfrentarse a los adversarios es fácil, siempre estás arropado por los tuyos.
No pretendo con esto darle ninguna lección ni condicionar
sus legítimas elecciones, que quizás hasta podrían ser las mismas que las mías;
lo que pretendo señalarle, de manera escueta y sin los necesarios argumentos
(por cuestión de espacio y medios), es que en demasiadas ocasiones nuestras
propias convicciones arropadas por el clamor y las simpatías de los que tenemos
cerca, nos terminan cegando más de lo deseable.
He observado es usted un talante, más allá incluso de sus
palabras, que me infunde un profundo respeto por rezumar –quizás me equivoque,
le pido disculpas si así es-, un fondo que entiende y comprende, con una visión
mucho más amplia y abierta, la situación que nos rodea.
La situación en Catalunya, a día de hoy, se ha radicalizado
por ambas partes. No entraré ahora a analizarlas, no es el momento. Lo que sí
le diré, Sr. Político, es que la mejor herramienta para reconducir esta
situación estará en las mentes preclaras, lúcidas que sepan leer los
acontecimientos desde una perspectiva, si me lo permite, a “modo hegeliano”. Es
decir, se tiene y debe superar la confrontación recogiendo lo mejor y
desterrando lo peor de las opciones enfrentadas, para ser capaces de crecer
desde una perspectiva nueva y de mirada más amplia.
Claro, esto necesita de la persona (o personas) que sean
capaces de aunar la crítica cercana y la ajena, y como le decía, semejante y
noble acción requiere un “plus” de valor para enfrentarse con el coraje
necesario, a propios y a extraños.
La historia, y usted lo sabe bien Sr. Político, nos ha dado
múltiples ejemplos de lo que intento brevemente señalarle. El sentido común y
la razón así también nos lo han demostrado sobradamente.
Le diría mucho más pero no quiero cansarle, además de no
estar ni tan solo seguro de si leerá estas cuatro letras.
Sea como sea, reciba un cordial saludo
Att.
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