jueves, 17 de noviembre de 2016

Cómo, dónde y cuándo fluimos para ser felices (2ª parte)

Pero claro, no sólo trabajamos. ¿Qué pasa con el tiempo libre? En un principio parece que hay un tiempo también considerable que tenemos que invertir en labores que llamaré de intendencia. A saber: tenemos que dormir, comer, asearnos, atender los quehaceres ineludibles y cotidianos, vamos, toda la retahíla de cosas que hay que hacer porque sí, sin discusión posible. Hecho esto, nos queda, si queda algo, el tiempo de ocio. ¿Qué extraordinaria cosa le pasa al ser humano entonces?

Pues bien, curiosamente el tiempo de ocio es más un deseo que una realidad. El que quería estar en la playa al Sol estará pensando que le fastidié su tranquilo reposo¡¡¡ Nada más lejos de mi intención. Me explico. La gran virtud o excelencia de eso que anhelamos disfrutar en nuestro tiempo libre, ocio, vacaciones o llamémoslo como queramos, es servirnos de amortiguador mental para superar con mayor agrado nuestras obligaciones, tanto las laborales propiamente dichas como los fastidiosos quehaceres cotidianos.

El fin de semana, la noche del viernes, el placentero domingo…inundan nuestro imaginario y nos producen un profundo sentimiento grato y agradable incluso antes de que lleguen. Y esto es así por la sencilla razón de que somos muy listos. Al menos y por ahora esta encantadora sensación no hay quien nos la quite. Esta conjunción de deseo y anhelo que nos produce un hormigueo complaciente siempre aparece...y que no falte.

Pero fijaos, y ahora viene lo bueno. Si llegado el fin de semana no lo llenamos de un cómo, cuándo y dónde, es decir, un nos vamos a esquiar, bien temprano a Soldeu o lo que sea, desastre. Empezamos a desinflarnos e incluso a sentirnos mal. Qué es la noche del viernes sin las copas y los colegas. O la tarde del domingo sin el sofá, la tele y las palomitas. Si a alguien se le ha estropeado el TV un domingo por la tarde lo entenderá mejor.
Os aseguro que tenía también algo muy muy muy interesante que hacer (o no hacer) sin TV. Veamos.


Básicamente gestionamos nuestro tiempo libre exactamente igual que nuestro tiempo esclavo. Cuando no somos capaces de llenarlo de contenidos se nos cae encima e incluso nos pone nerviosos e irritables. Estamos programados para hacer; no hacer no entra dentro de nuestro elaborado esquema mental. Dejamos de fluir y el ansiado ocio se convierte en pesada frustración, en desperdicio desmedido del merecido descanso del guerrero…dije descanso¡¡¡ noooo…la nada mata en nuestra sociedad. Bueno, no del todo. Los centros de yoga proliferan para enseñarnos que es eso de vivir sin el cómo, cuándo y dónde que nos acucia, y ahora sí, sin descanso.

Precisamente hace unos días observé a una hormiga en mi jardín (sin violín, por supuesto). Estaba quieta encima de una piedra, estática, inmóvil. Permaneció así durante un buen rato. Pensé que en cualquier momento vería morir a una pobre hormiga, que estaba dando sus últimos estertores. De pronto comenzó a correr en una dirección determinada y sin titubeos. Supongo que alguien que sepa mucho de hormigas me podría responder, pero como también supongo que esta persona no habrá hablado con la hormiga me responderé yo mismo. No hacía nada. Simplemente estaba, sin más. Fluía exactamente igual que cuando corrió en busca de no sé yo qué pero que ella tenía clarísimo.

También recuerdo ahora a un buen amigo que me dijo un día algo muy interesante al respecto. Hablando de su pareja me comentó que supo que la quería cuando durante toda una tarde pasearon de la mano, sin decir nada, sin hacer nada más que pasear, durante horas…que bonito y romántico. Se despojaron de todo, no había nada que les importase ni enturbiase su momento. Qué bonito…

Pues aunque pueda parecer mentira muchas personas viven en un estado de continua lucha y tensión al no ser capaces de desconectar, de apagar la luz con los ojos abiertos y darle al guerrero su merecido verdadero descanso.

Todas las culturas sabias que no utilizaban Smartphone tenían muy claro este asunto. Aprendamos de ellas un poquito, creo que no nos vendría nada mal.

Preguntaos por un segundo que pasa cuando vuestro ocio no se programa. Preguntaos cuántas parejas no se aguantan demasiados tiempo juntos, en tiempo de ocio y sin programa. Mirar para ello los divorcios de septiembre. ¿Qué estás pensando? ¿Qué haces? Son preguntas típicas como no hagas algo. Preguntaos que pasa con los niños en casa más tiempo del programado, sobre todo en nuestro tiempo de ocio. Y ahora que hablo de niños, no quisiera empezar a relatar el adiestramiento al que los sometemos desde bien pequeños para que sean buenos y perfectos rehenes del cómo, … cole, extraescolares, deportes. Si un niño se tumba y no hace nada con los ojos abiertos, al médico. Normal que no lo hagan. Luego hay hipernosequés y no sé cuantas etiquetas más. Esa es otra historia con peso específico por sí sola…
Cuántas veces hemos oído eso de vengo más cansado de las vacaciones. Dije un millón de veces en Julio que necesitaba vacaciones para descansar, pero: Cerdeña, New York, los primos y las fiestas del pueblo. Normal. No has parado de programarte sin desmedida. Al menos en el trabajo existe la rutina que ayuda en esto de la programación…oh, ansiada rutina de septiembre…

Además ahora está mal visto fumar, mata. No he sido nunca fumador ni quiero ahora hacer apología del tabaco, pero siempre me pareció que los fumadores cuando exhalaban el humo, fluían sin pensar… quizás eso engancha tanto como la nicotina, pero que sé yo…

Sin lugar a dudas pienso que es bueno evadirse un poco, aislarse de la vorágine y concedernos una sana porción de ocio vacío, y que fluya...para ser un poquito más felices.

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