HACE AHORA JUSTO UN MES PUBLIQUÉ
ESTE POST TITULADO "LAS TOSTADA DEL PSOE". ME PERMITO VOLVER A
PUBLICARLO, CREO QUE TIENE HOY INCLUSO MÁS VIGENCIA QUE ENTONCES. GRACIAS
Esta vez la tostada se ha quemado y
no sé si rascándola se podrá salvar algo. El varapalo que el PSOE se ha pegado
a si mismo ha sido descomunal y marcará su historia, sin lugar a dudas.
Dentro de este caos aparece Pedro
Sánchez como máximo responsable para algunos de este tremendo desaguisado.
Además de todo lo que se quiera
decir, no cabe duda que actuó siguiendo sus principios. Es entonces cuando
debemos preguntarnos si los llevó demasiado lejos, si no midió bien el alcance
de las consecuencias que podía deparar su inamovible postura ante Rajoy y el
PP.
Ya alguien mucho más sabio que
nosotros nos advirtió del peligro al que nos exponían nuestras convicciones si
éstas no atendían adecuadamente a sus posibles consecuencias. Pero todo tenía
un límite: llegado el caso, los resultados fruto de nuestros convencimientos
más profundos eran irremediables. Los principios debían así mantenerse firmes y
asumiendo las consecuencias, legítimas y respaldas por aquellos.
Y ahí veo yo a Pedro Sánchez, más
allá del ansía de poder o la falta de perspectiva política. El ansía se la
concedería más a otras, así como, a otros, la ausencia de perspectiva.
Sus principios estaban aposentados
en la total legitimidad de los mismos, es decir, contrastados sin lugar a dudas
a la luz del panorama al que hacían referencia.
Si su principal compromiso era
revertir unas políticas que no compartía y dejar fuera del espacio político la
corrupción desmedida, ¿es posible que hiciera de comparsa de una función que se
desacreditaba en si misma? Es preferible morir con las botas puestas...
Algunos dirán que era la mejor
medida entre las malas o, dicho de otra manera, la que no ahogaría más en la
ciénaga al PSOE ante los votantes. Señores, la situación del PSOE no era la que
era por denunciar lo absolutamente denunciable o negarse a conceder más crédito
a quien no se lo merecía: el Partido Socialista Obrero Español se bañaba en
barro para esconder sus caras, pues tenía demasiadas. Era -y es- un proyecto
collage difícil de ver, y todavía más difícil de votar, si lo que buscas es
seguridad en tiempos nublados.
Quizás su error
no fue ser demasiado duro con los de fuera, si no blando con los de dentro.
Ese fue el mal con el que tuvo que batallar el secretario general dentro de su partido y que lo condena a ser espectador hoy de un destino de la formación incierto, mal encaminado y del que no es, en absoluto, responsable.
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