No deja de sorprenderme hasta dónde puede
llegar la estupidez o necedad humana. En sólo dos días he podido llegar a
escuchar más disparates y memeces de las que soy capaz de asimilar sobre el
"caso Trump". Curiosamente las protagonizan los mismos que abuchean
sin tregua realities tipo GH, o qué sé yo, cuando no dejan de
emitir un cacareo todavía más vacío que el de las gallinas de mi vecina. Al
menos el "yoyas" tenía su gracia y autenticidad (ahora parece que más
centrado, ole Fayna¡¡¡), pero esta sarta de chupatintas parasitos del vacío
me aburren hasta la saciedad. Lo retorcido del asunto no es que opinen,
ejercicio totalmente lícito si se lanza a la palestra con intenciones
dialogantes o como mínimo propensos a ser cuestionados, sino que beatifiquen
sus ejercicios majaderos hasta llevarlos al altar, y que nadie se atreva a
tocarlos, que son sagrados.
Señores, las
razones del éxito del señor Donald Trump son múltiples y ninguna excluyente del
resto. Lo único realmente constatable es cuanto se equivocaban aquellos que
pregonaban futuros poco explorados. Y cuando digo poco explorados no me refiero
ahora a desconocidos, sino más bien a poco trabajados, a ausentes del menor esfuerzo de sensato y correcto periodismo. Encuestas mediocres,
previsiones de muy poco alcance, comentarios doblegados a lo políticamente correcto
o conveniente, análisis de corta mira... El resultado de cualquier elección
política, no digo yo que no, alberga siempre cierta sorpresa -si no fuera así
nos podríamos ahorrar las elecciones-, pero lo que aquí evidencio es que los gurús
visionarios y que todo saben, no están haciendo lo que dicen, opinar con cierto
rigor sobre lo posible, sino emitir juicios de lo que les gustaría amparados en
mil argumentos e intereses retorcidos para llevarse la gallina a su corral. He
echado de menos analistas serios y concienzudos que fuesen más allá de la
inmediatez que amparaba la falta de trabajo y rigor de aquellos. No dudo que
los haya habido, pero el grueso del pelotón se me antojó desfondado antes y,
para colmo, incluso soberbio ahora: ya
lo sabía, lo vi venir, era de suponer... Ya les vale.
Precisión, independencia, imparcialidad, sentido de la responsabilidad brillaron por su ausencia en nuestros comentaristas políticos e incluso en periodistas de tomo y lomo. Si lo hicieron con las elecciones norteamericanas, ¿que no harán con lo que les toca más de cerca? Sólo nos queda una opción: estar muy alertas y desterrar de nuestras oidos y ojos a los impostores apotronados, que no son pocos.
Y ojo, el "caso Trump" los ha puesto más en evidencia por el derroche de prosa gris y anodina o comentarios vacíos y mediocres que han circulado sin parar en dos días. Estar lo están cada día sin perder comba aunque en lo que se refiere a aportar, aporten bien poco o nada. Al fin y al cabo, es su negocio y rinden como lacayos o escuderos. Es lo que hay.
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