jueves, 10 de noviembre de 2016

Cuando Trump los dejó en evidencia

No deja de sorprenderme hasta dónde puede llegar la estupidez o necedad humana. En sólo dos días he podido llegar a escuchar más disparates y memeces de las que soy capaz de asimilar sobre el "caso Trump". Curiosamente las protagonizan los mismos que abuchean sin tregua realities tipo GH, o qué sé yo, cuando no dejan de emitir un cacareo todavía más vacío que el de las gallinas de mi vecina. Al menos el "yoyas" tenía su gracia y autenticidad (ahora parece que más centrado, ole Fayna¡¡¡), pero esta sarta de chupatintas parasitos del vacío me aburren hasta la saciedad. Lo retorcido del asunto no es que opinen, ejercicio totalmente lícito si se lanza a la palestra con intenciones dialogantes o como mínimo propensos a ser cuestionados, sino que beatifiquen sus ejercicios majaderos hasta llevarlos al altar, y que nadie se atreva a tocarlos, que son sagrados.

Señores, las razones del éxito del señor Donald Trump son múltiples y ninguna excluyente del resto. Lo único realmente constatable es cuanto se equivocaban aquellos que pregonaban futuros poco explorados. Y cuando digo poco explorados no me refiero ahora a desconocidos, sino más bien a poco trabajados, a ausentes del menor esfuerzo de sensato y correcto periodismo. Encuestas mediocres, previsiones de muy poco alcance, comentarios doblegados a lo políticamente correcto o conveniente, análisis de corta mira... El resultado de cualquier elección política, no digo yo que no, alberga siempre cierta sorpresa -si no fuera así nos podríamos ahorrar las elecciones-, pero lo que aquí evidencio es que los gurús visionarios y que todo saben, no están haciendo lo que dicen, opinar con cierto rigor sobre lo posible, sino emitir juicios de lo que les gustaría amparados en mil argumentos e intereses retorcidos para llevarse la gallina a su corral. He echado de menos analistas serios y concienzudos que fuesen más allá de la inmediatez que amparaba la falta de trabajo y rigor de aquellos. No dudo que los haya habido, pero el grueso del pelotón se me antojó desfondado antes y, para colmo, incluso soberbio ahora: ya lo sabía, lo vi venir, era de suponer... Ya les vale. 

Precisión, independencia, imparcialidad, sentido de la responsabilidad brillaron por su ausencia en nuestros comentaristas políticos e incluso en periodistas de tomo y lomo. Si lo hicieron con las elecciones norteamericanas, ¿que no harán con lo que les toca más de cerca? Sólo nos queda una opción: estar muy alertas y desterrar de nuestras oidos y ojos a los impostores apotronados, que no son pocos.



Y ojo, el "caso Trump" los ha puesto más en evidencia por el derroche de prosa gris y anodina o comentarios vacíos y mediocres que han circulado sin parar en dos días. Estar lo están cada día sin perder comba aunque en lo que se refiere a aportar, aporten bien poco o nada. Al fin y al cabo, es su negocio y rinden como lacayos o escuderos. Es lo que hay.



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