viernes, 4 de noviembre de 2016

Deberes sí, deberes no...

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Parece que no nos cansamos de equivocarnos una y otra vez. La polémica ahora está servida al hablar sobre si son convenientes o no los deberes en nuestras escuelas. Pues no, ese no es el problema ni de lejos. Es como preguntarnos si en los países que lamentablemente se pasa hambre es conveniente instalar restaurantes de tres estrellas. Pues no, el problema que debemos resolver allí es la falta de alimento, no si éste lo vamos a servir vaporizado o reconstruido.

Lo que sí está muy claro es que en nuestras aulas hay mucho trabajo por hacer y no merece la pena quemar energías en lo que se hace fuera. Quizás si dentro se hiciera lo que toca, fuera sería una cuestión personal y por tanto respetable en cada caso, como debe ser. 

Me explico. Cualquier metodología de enseñanza es válida si consigue lo básico: motivar a los alumnos, despertar su curiosidad, avivar el letargo creciente en las aulas a medida que pasan los cursos. Es ahí donde deberían establecerse verdaderos debates para conseguirlo; el tema deberes sí, deberes no pasaría a ser absolutamente irrelevante, vamos, se resolvería por sí sólo.

Como si no se preocupasen en despistarnos de lo fundamental (hay mil ejemplos y no quiero cansar más de lo necesario a nadie) somos nosotros mismos los que nos distraemos continuamente y nos olvidamos de lo importante, lo primero, lo fundamental, lo prioritario. Pero claro, quizás en las escuelas nos enseñaron poco o mal esto que fácilmente llamamos pensar.


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