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Lo que sí está muy
claro es que en nuestras aulas hay mucho trabajo por hacer y no merece la pena
quemar energías en lo que se hace fuera. Quizás si dentro se hiciera lo que
toca, fuera sería una cuestión personal y por tanto respetable en cada caso,
como debe ser.
Me explico.
Cualquier metodología de enseñanza es válida si consigue lo básico: motivar a
los alumnos, despertar su curiosidad, avivar el letargo creciente en las aulas
a medida que pasan los cursos. Es ahí donde deberían establecerse verdaderos
debates para conseguirlo; el tema deberes sí, deberes no pasaría a ser
absolutamente irrelevante, vamos, se resolvería por sí sólo.
Como si no se
preocupasen en despistarnos de lo fundamental (hay mil ejemplos y no quiero
cansar más de lo necesario a nadie) somos nosotros mismos los que nos distraemos
continuamente y nos olvidamos de lo importante, lo primero, lo fundamental, lo
prioritario. Pero claro, quizás en las escuelas nos enseñaron poco o mal esto
que fácilmente llamamos pensar.

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