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Ahora que demasiadas personas se autoproclaman apolíticas, estas cuatros letras intentarán decir algo sobre la asertividad teniendo como centro eso que llamamos política y confundimos, desgraciadamente, con los políticos.
La politica
La política sería algo así como la actividad que llevan a cabo los que
gobiernan con el fin de organizar las sociedades a las que representan. Me quedo con esto
último: "...organizar las sociedades a las que representan".
Como formamos todos, sin excepción, parte de esa organización, tenemos básicamente dos opciones:
- Pasividad
total, desentendiéndome
de todo y preocupandome sólo de lo estrictamente personal, es decir, dejar que en las cuestiones comunes unos hagan según lo elegido por otros que
votaron,
- o actividad,
bien sea únicamente eligiendo e involucrandome en lo común, en lo que concierne a todos, o, además, ejerciendo de
"político".
Sea como
sea, lo que está muy claro es que formamos parte de la organización social, nos agrade más o menos, y puestos a no poder escapar parece lógico participar en su
organización de la manera que nos parezca más conveniente. La pasividad, aunque en principio digamos eso de "yo no molesto a nadie", nos condena a ir arrastrados por la corriente, muchas veces sin gustarmos, y lo que
es peor, sin ni tan solo haber hecho nada por intentar evitarlo. Y eso no es bueno, nada bueno para nadie.
Los políticos
Hablemos
ahora de los políticos, los que gobiernan y por desgracia cuentan entre sus
filas con demasiados que se sitúan en el polo exactamente opuesto al de los pasivos, al de los despreocupados, desinteresados o indiferentes con la organización de nuestra sociedad.
Estos gobernantes (o pseudo) desarrollan un talante agresivo, incluso diré que rabioso, que poco entiende y menos aún respeta las ideas de los demás. Sus intereses son tremendamente interesados, su forma de ver el mundo se sitúa muy cercana al pensamiento único, el suyo por supuesto, y las necesidades e inquietudes del otro son absolutamente despreciadas. Desde luego, igualmente poco asertivos. También hay gobernantes honestos y honrados, pero aquellos existen, y sin duda en exceso.
Estos gobernantes (o pseudo) desarrollan un talante agresivo, incluso diré que rabioso, que poco entiende y menos aún respeta las ideas de los demás. Sus intereses son tremendamente interesados, su forma de ver el mundo se sitúa muy cercana al pensamiento único, el suyo por supuesto, y las necesidades e inquietudes del otro son absolutamente despreciadas. Desde luego, igualmente poco asertivos. También hay gobernantes honestos y honrados, pero aquellos existen, y sin duda en exceso.
¿Qué demonios pinta aquí eso de la asertividad?
Pues bien,
ahora sí, la asertividad la manifiestan aquellas personas que sin
necesidad de ofender o menoscabar el pensamiento de los demás, no dudan en posicionarse
y expresar sus opiniones o convicciones.
Esta manera
de comunicarse tiene ya de entrada un doble valor: me vacuna contra la actitud
pasiva en la que los demás terminen decidiendo por mí, sea lo que sea, y además
me concede la capacidad de escuchar a los otros respetando sus ideas y
posiblemente mejorando ambos, si el otro, por supuesto, también mantiene en su conducta de igual manera un talante
asertivo.
¡Se puede hoy pedir más¡
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