jueves, 26 de enero de 2017

Cómo ser más feliz. Hoy: ¿Sufres una crisis existencial? Aprovéchalo

Es muy posible que en algún momento de nuestra vida hayamos pasado por una crisis existencial. Incluso algunas son tan conocidas que hasta les ponemos nombre: la de los cuarenta, la de los cincuenta...

Se caracteriza por ser una época en la que estamos más meditativos y nos cuesta encontrar sentido a nuestra vida. La desmotivación se apodera de nuestro día a día y generalmente los sentimientos que más manifestamos son la tristeza y el desconsuelo.

Nos hacemos preguntas que antes ni pasaban por nuestra cabeza, o si lo hacían era de una forma fugaz. Y esto, cómo veréis, es muy significativo. Pero vayamos por pasos.

Pues bien, si estás ojeando estas cuatro letras y piensas que estás viviendo una crisis existencial, la has vivido o intuyes que te podría llegar, como a cualquier hijo de vecino, sigue leyendo. Ya ves, sea cual sea tu situación, no te queda más remedio que seguir leyendo...

Normalmente aparecen tras un cambio importante en tu vida que hace que te replantees muchas cosas, aunque no es condición sine qua non: pueden aparecer en cualquier momento y sin motivo aparente alguno.

Sea como sea, desde aquí, te invito de manera muy decidida a aprovecharte de ella. Sé muy bien que normalmente se habla de las maneras de superarla, dejarla atrás lo antes posible y volver a la rutina o a tu vida tal y como la conocías antes de que apareciese. Pero además…

¿Aprovecharte de ella? Pues sí, ni más ni menos.

Nuestra vida, por mucho trajín que tenga, se desarrolla con unas rutinas muy determinadas que intentan hacernos el camino más fácil. Nos habituamos a una serie de prácticas, costumbres, que buscan economizar, es decir, gastar las mínimas energías posibles. De ahí que cuando emprendemos un nuevo proyecto nos resulta más dificultoso, sea el que sea: desde una nueva receta culinaria que nunca hemos preparado hasta afrontar el reto que supone un nuevo empleo o cambio de vivienda. Pero por fortuna, pronto habremos establecido las nuevas destrezas o habilidades que nos harán el camino más fácil. Simple economía de esfuerzos. 

La costumbre nos acostumbra y nos hace sentirnos cómodos, seguros, tranquilos.

De muy diferente manera, las crisis existenciales son un vuelco total a esta situación. No voy a analizar ni a preocuparme del porqué de las crisis, esto importa poco ahora. La realidad de las mismas es lo que me interesa aquí.

Si nos centramos en las crisis, vemos que se caracterizan por despertarnos un talante muy diferente al que tenemos con un estado de ánimo normal, cuándo todo marcha según lo previsto y nos sentimos razonablemente bien.

Durante las crisis nos replanteamos eso tan valioso y único que tenemos y que se llama nuestra vida. Las crisis, aunque nos hacen padecer, son muy creativas y lúcidas. Nos despiertan hacia nuevos proyectos vitales.

Las crisis, en la que se sufre sin lugar a dudas, nos otorgan la oportunidad de replantearnos y cambiar todo aquello que convivía con nosotros y que sin darnos cuenta, por hábito y costumbre, ni tan sólo dudabamos. 

Las crisis son sacudidas profundas que nos levantan del sofá, que aunque cómodo y agradable, nos mantenía adormecidos. Sin éstas todo seguiría igual. Abren paso a todo un mundo nuevo de posibilidades que de manera lógica nos incomoda, por formar parte de lo desconocido o diferente. Por eso cuesta superar una crisis: supone aceptar, en mayor o menor medida, nuevas reglas de juego.

Pero precisamente, el aprobar y acceder a esos posibles nuevos códigos que entrarán a formar parte de nuestras vidas es a lo que yo llamo aprovecharse de las crisis, entender y sacar provecho de ellas.

Si sabemos gestionar la crisis y no quedarnos en ella cómo si de un bucle inacabable se tratase, el resultado puede y debe ser positivo.

Habremos pasado de una zona de confort a una crisis y, con esfuerzo y posible sufrimiento, a una nueva y renovada zona de confort. 

He conocido personas que rehúyen categóricamente establecerse en zona de confort alguna. Sus vidas son una especie de estado de crisis perpetuo, pero no doliente, enfermizo, sino de un ajetreo continuo pero lleno de vida. Posiblemente sufren más, pero al ser una elección vital las recompensas seguro que lo justifican.

Nosotros debemos entender las crisis como empujones que nos da la vida para que saltemos ese charco que de diferente manera ni tan sólo veríamos. Superada la crisis, descubrimos que también hay vida al otro lado del charco. Durante el trayecto, posiblemente nos mojaremos, nos llenaremos de barro y titubearemos en muchas ocasiones. Pero si somos capaces de coger la suficiente carrera, seguro que llegaremos al otro lado y con nuestras alforjas existenciales, sin duda alguna, mejor repletas.





ir a web La orientación filosófica  

No hay comentarios:

Publicar un comentario