No puedo ofrecerte recetas “mágicas”
que resuelvan sin más tus problemas. No existe la panacea universal que te
conduzca a la felicidad; o al menos yo no la conozco.
Si puedo brindarte la oportunidad de
disfrutar de un diálogo compartido, sincero y honesto, en el que a
partir de tus propias experiencias y vivencias te sitúe, te posicione en tu
realidad de una manera coherente, reflexiva y razonada.
Esto te ayudará, sin lugar a dudas,
a fraguar el camino de tu vida encarado hacia la consecución de una mayor
felicidad.
Hoy: ¿Qué pasa con nuestro tiempo?
Vivimos el instante, pero éste es tan efímero que nuestra percepción del
tiempo nos llega a través del pasado y del futuro; de lo vivido y de nuestro
proyecto; de nuestra realidad ya pasada y de nuestras expectativas futuras
inciertas.
Hablemos hoy del pasado, que nos dice más
de lo que parece…
Hoy me voy a centrar en el pasado por su importancia a la hora de valorar
como administramos nuestro tiempo.
La lectura del pasado siempre es un tema controvertido, un tema que da mucho
juego y mucho que pensar. La memoria y la interpretación lo
convierten en algo muy personal, más subjetivo de lo que en principio
puede parecer. La visión del pasado, incluso el propio, nunca es neutra. Pero
ese será tema para otro día; hoy me centraré en la manera en que
repartimos nuestro tiempo basándonos en lo vivido, que dice mucho sobre quiénes
somos y tiene mucho que ver también con nuestra felicidad. Veamos.
¿Cómo repartimos nuestro tiempo?
A pesar de que cada persona reparte su tiempo de la mejor manera que le
parece, a grandes rasgos y por encontrar un modelo que nos sirva para todos,
diremos que lo empleamos en:
- Dormir
- Trabajo
- Ocio
- Labores de
intendencia (aquello ineludible que hacemos cada día: comer, asearnos...)
El primer apartado es sencillito. Felices sueños. Por supuesto puede ser un
problema para los que padezcan insomnio, pero eso es un tema que se escapa de
estas letras. Sea como sea, para poder seguir avanzando calcularemos que
dormimos una media de ocho horas a lo largo de nuestra vida. Los que dormís
menos, pensar que de niño pasabais más horas entre las sábanas y de mayores,
entre siestas y cabezadas de media mañana...
El trabajo es una categoría que por sí sola daría para
escribir una enciclopedia, pero hoy sólo nos interesa en su faceta de ocupar
una parcela de nuestro tiempo que cifraremos entre ocho y diez horas diarias.
Al ocio le voy a adjudicar un rango muy amplio. Seguro que
más de uno ya pensaba en el bar tomando cervezas o los ratos que dedica a
disfrutar según antojos y posibilidades. Y así es, pero aquí para simplificar
en ocio admitiré todas las relaciones o circunstancias que salgan de lo
estrictamente laboral y de las labores de intendencia, es decir: familia,
amigos, entretenimiento, vacaciones... Aquí vamos a poner tres horas diarias.
Y, por último, el apartado de labores de intendencia agrupará
todas las acciones que llevamos a cabo para que nuestra vida se desarrolle con
normalidad, vamos, todo aquello que hacemos porque no hay más remedio: la
compra, alimentarnos, aseo personal, limpieza, desplazamientos... A este
apartado le vamos a dedicar cinco horas diarias.
¿Y todo esto, para qué?
Es quizás un reparto caprichoso y artificial del tiempo que no se adaptará
a todas las realidades, pero eso importa poco ahora. Cada cual puede crear sus
propias categorías y adjudicarle el tiempo que considere oportuno a cada
una de ellas.
La verdadera importancia de todo esto no es como repartimos nuestro tiempo, sino
de qué manera lo vivimos. Me explico.
Sea cual sea la forma en que repartamos nuestras horas, lo
verdaderamente crucial es que sepamos transitar adecuadamente por cada una
de etapas por las que transcurre nuestro día. Es decir: si mi jornada laboral
es de ocho de la mañana a cinco de la tarde, no puedo estar trabajando a las
nueve de la noche. Puntualmente es obvio que pueda ocurrir, no se trata de un
sistema rígido inquebrantable, pero tiene que existir cierto criterio.
Si no es así, podemos confundir nuestro tiempo laboral con nuestro ocio,
dormir poco y mal por atender diversiones, no tener en cuenta adecuadamente
nuestras obligadas labores de intendencia al permanecer más tiempo del necesario en la cama, no
respetar los necesarios tiempos a la familia, amigos...por excesivo celo
laboral…
Consecuencia...
Nos termina faltando tiempo para todo, en
el mejor de los casos, o nos convertimos en enfermos de nuestro trabajo,
nuestro ocio, nuestra cama, la limpieza...
Todo esto tiene como telón de fondo una inadecuada organización que
nos condena a situaciones estresantes y a la postre poco saludables.
Es mucho más rentable correr menos y organizarnos mejor que hacerlo todo
atropelladamente cargándonos de angustias y tensiones que mucho nos quitan y
poco nos aportan.
Papel y lápiz y a cultivar tiempo, que siempre florece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario