viernes, 20 de enero de 2017

Cómo ser más feliz y evitar la ansiedad. Hoy: ¿Qué pasa con nuestro tiempo?

No puedo ofrecerte recetas “mágicas” que resuelvan sin más tus problemas. No existe la panacea universal que te conduzca a la felicidad; o al menos yo no la conozco.

Si puedo brindarte la oportunidad de disfrutar de un diálogo compartido, sincero y honesto, en el que a partir de tus propias experiencias y vivencias te sitúe, te posicione en tu realidad de una manera coherente, reflexiva y razonada.

Esto te ayudará, sin lugar a dudas, a fraguar el camino de tu vida encarado hacia la consecución de una mayor felicidad.



Hoy: ¿Qué pasa con nuestro tiempo?



Vivimos el instante, pero éste es tan efímero que nuestra percepción del tiempo nos llega a través del pasado y del futuro; de lo vivido y de nuestro proyecto; de nuestra realidad ya pasada y de nuestras expectativas futuras inciertas.

Hablemos hoy del pasado, que nos dice más de lo que parece…

Hoy me voy a centrar en el pasado por su importancia a la hora de valorar como administramos nuestro tiempo.


La lectura del pasado siempre es un tema controvertido, un tema que da mucho juego y mucho que pensar. La memoria y la interpretación lo convierten en algo muy personal, más subjetivo de lo que en principio puede parecer. La visión del pasado, incluso el propio, nunca es neutra. Pero ese será tema para otro día; hoy me centraré en la manera en que repartimos nuestro tiempo basándonos en lo vivido, que dice mucho sobre quiénes somos y tiene mucho que ver también con nuestra felicidad. Veamos.


¿Cómo repartimos nuestro tiempo?


A pesar de que cada persona reparte su tiempo de la mejor manera que le parece, a grandes rasgos y por encontrar un modelo que nos sirva para todos, diremos que lo empleamos en:

  • Dormir
  • Trabajo 
  • Ocio
  • Labores de intendencia (aquello ineludible que hacemos cada día: comer, asearnos...)
El primer apartado es sencillito. Felices sueños. Por supuesto puede ser un problema para los que padezcan insomnio, pero eso es un tema que se escapa de estas letras. Sea como sea, para poder seguir avanzando calcularemos que dormimos una media de ocho horas a lo largo de nuestra vida. Los que dormís menos, pensar que de niño pasabais más horas entre las sábanas y de mayores, entre siestas y cabezadas de media mañana...

El trabajo es una categoría que por sí sola daría para escribir una enciclopedia, pero hoy sólo nos interesa en su faceta de ocupar una parcela de nuestro tiempo que cifraremos entre ocho y diez horas diarias.

Al ocio le voy a adjudicar un rango muy amplio. Seguro que más de uno ya pensaba en el bar tomando cervezas o los ratos que dedica a disfrutar según antojos y posibilidades. Y así es, pero aquí para simplificar en ocio admitiré todas las relaciones o circunstancias que salgan de lo estrictamente laboral y de las labores de intendencia, es decir: familia, amigos, entretenimiento, vacaciones... Aquí vamos a poner tres horas diarias.

Y, por último, el apartado de labores de intendencia agrupará todas las acciones que llevamos a cabo para que nuestra vida se desarrolle con normalidad, vamos, todo aquello que hacemos porque no hay más remedio: la compra, alimentarnos, aseo personal, limpieza, desplazamientos... A este apartado le vamos a dedicar cinco horas diarias.

¿Y todo esto, para qué?


Es quizás un reparto caprichoso y artificial del tiempo que no se adaptará a todas las realidades, pero eso importa poco ahora. Cada cual puede crear sus propias categorías y adjudicarle el tiempo que considere oportuno a cada una de ellas.

La verdadera importancia de todo esto no es como repartimos nuestro tiempo, sino de qué manera lo vivimos. Me explico.

Sea cual sea la forma en que repartamos nuestras horas, lo verdaderamente crucial es que sepamos transitar adecuadamente por cada una de etapas por las que transcurre nuestro día. Es decir: si mi jornada laboral es de ocho de la mañana a cinco de la tarde, no puedo estar trabajando a las nueve de la noche. Puntualmente es obvio que pueda ocurrir, no se trata de un sistema rígido inquebrantable, pero tiene que existir cierto criterio.
Si no es así, podemos confundir nuestro tiempo laboral con nuestro ocio, dormir poco y mal por atender diversiones, no tener en cuenta adecuadamente nuestras obligadas labores de intendencia al permanecer más tiempo del necesario en la camano respetar los necesarios tiempos a la familia, amigos...por excesivo celo laboral…

Consecuencia...


Nos termina faltando tiempo para todo, en el mejor de los casos, o nos convertimos en enfermos de nuestro trabajo, nuestro ocio, nuestra cama, la limpieza...

Todo esto tiene como telón de fondo una inadecuada organización que nos condena a situaciones estresantes y a la postre poco saludables.

Es mucho más rentable correr menos y organizarnos mejor que hacerlo todo atropelladamente cargándonos de angustias y tensiones que mucho nos quitan y poco nos aportan.


Papel y lápiz y a cultivar tiempo, que siempre florece.



No hay comentarios:

Publicar un comentario