martes, 24 de enero de 2017

Cómo ser más feliz y evitar la ansiedad. Hoy: ¿De verdad te crees que es verdad?

Una verdad vendría a ser algo auténtico, evidente, certero, justificado, efectivo, exacto y cuantos calificativos más le queremos poner.

Y así es, no cabe duda.

Lo que ya no está tan claro es que esa verdad, sea la que sea, tenga una validez intemporal, es decir, sea verdadera más allá del momento en que se formule.


Hay muy pocas cosas verdaderas o incuestionables. Casi me atrevería a decir que solo hay una.

De todas formas, más allá de dilucidar la cantidad de verdades no discutibles que puedan haber, creo que es mucho más provechoso aprender a poner entre paréntesis las verdades que necesariamente nos acompañan en nuestro día a día.

En demasiadas ocasiones no convertimos en esclavos de ciertas verdades que nos lastran y no nos dejan ver más allá de ellas mismas.


Si miramos nuestra historia, vemos como verdades que en determinados momentos se daban por incuestionables, el paso del tiempo les ha ido limando la corteza de su supuesta veracidad imperecedera y hasta las ha convertido en grandes mentiras, en ocasiones interesadas y en otras fruto de la ignorancia.

Pero si bajamos un escalón y nos situamos en nuestras propias vidas, seguramente podremos encontrar verdades que nos han acompañado durante mucho tiempo, sin ni tan solo cuestionárnoslas, y de repente un día, normalmente de manera accidental, han dejado de ser tal verdad con las posibles consecuencias que ello haya podido conllevar.

Quiero decir con todo esto que está claro que para manejarnos en esto que llamamos nuestra vida debemos tener las ideas lo más claras posibles, pero ello no nos debe cegar de tal manera que nos deslumbre y no nos deje ver más allá.


Es tremendamente beneficioso y útil mantener un espíritu crítico. Pero no me refiero ahora a crítico con todo aquello que nos envuelve, que nos resulta más sencillo, sino críticos con nosotros mismos, con nuestras convicciones.

No por ser nuestras deben ser las mejores; deben ser las mejores por estar expuestas al continuo juicio y reflexión, tanto propio como ajeno. Y eso, créanme, a la mayoría de las personas les duelo demasiado o toleran mal.


Tener una mente abierta, flexible y juiciosa no es tarea fácil. Requiere esfuerzo y entrenamiento.


Confundimos alegremente opiniones con talantes, coherencia con dogma, respeto con miedo, libertad con desobediencia…que unido a ciertas verdades exentas del sano juicio necesario que reflexione sobre ellas, nos condenan a una marea de despropósitos…que nos marea.


Así, creo que es interesante entender que toda verdad es relativa, o, como mínimo, cuestionable. 

Incluso las propias.




No hay comentarios:

Publicar un comentario