sábado, 29 de diciembre de 2018

Y yo soy fascista?


Siempre he sido de izquierdas y la familia real me ha sobrado como al que más. No por ello ahora voy a cargar tintas contra ella y menos cuando el Rey actual se comporta decentemente, dentro y fuera de la real casa.

Pero no quería escribir sobre él. Más bien me apetece hacerlo sobre mí mismo sabedor que representaré el sentimiento actual de muchísimos catalanes.

Somos un batallón los que nos hemos identificado con la ideología de izquierdas toda nuestra vida pero hoy no nos temblaría el pulso si votáramos a la derecha. Y cuando digo derecha digo también VOX, además de C'S y el PP. Y esto es así no por las bonanzas de la derecha, sino por las increíbles ineptitudes, hipocresías y aborrecibles postureos de una izquierda bochornosa, lamentable y despreciable. Me siento (nos sentimos) un poco como Unamuno antes de morir en el 36, que miraba a su alrededor y lamentaba todo lo que veía y decía "...es el régimen del terror por las dos partes..."

A la derecha que sé muy bien que no votaría es a la que representa a la derecha catalana, que perdónenme pero en estos momentos no sé muy bien cuáles son sus siglas.

Por lo dicho hasta ahora soy un fascista al menos para dos millones de catalanes y la razón es muy simple para ellos: no entiendo que votar es la máxima expresión de la libertad ciudadana.

Déjenme que les diga que así es, que estoy totalmente de acuerdo, pero que ustedes, y perdónenme otra vez, se confunden al decir que no se les deja votar. Por supuesto que se puede votar, pero siempre dentro de un marco legal establecido. Yo les preguntaría: han leído la futurible Constitución Catalana? Qué dice al respecto? Pues dice exactamente lo que yo digo ahora, ni más ni menos.

Es este un ejercicio de hipocresía y fantasía que no tiene límites y al que, misteriosamente, más de dos millones de personas en Catalunya rinden pleitesía. Bueno, lo de misteriosamente era un sarcasmo, creo que la cosa está bastante clara.

Pero no es este ni siquiera el hecho que hace más daño a mi sentimiento ciudadano como catalán. Lo que realmente me duele es pertenecer a un pueblo que desea no formar parte de un algo con el fin de autoidentificarse y autoafirmarse en pos de un no sé qué sentimiento de país que solo así entiende. Perdónenme de nuevo, pero esto no se parece más al fascismo que mi postura?

Nunca me pasaría por la cabeza intentar votar dentro de un Estado democrático con la intención de separarme del mismo, es absurdo por definición (y así lo constata la imaginaría Constitución Catalana). Al contrario, querría formar parte de un todo mayor de la forma más profunda posible con el fin de que los otros dejarán de ser tales o en menor medida. Y recuerden, no se les olvide, les habla un fascista para dos millones de catalanes.

Catalunya es más Catalunya dentro de España, y de Europa y del mundo. Catalunya se hace pequeña cuando solo habla y se ocupa de lo propio, lo interno, lo català.  Catalunya es más Catalunya cuando entiende que Extremadura también forma parte de sus problemas, al igual que lo forman comarcas de Lleida o de cualquier otro rincón de España. Su mirada debería enfocarse en externalizar ese sentimiento a Europa y al mundo entero. Eso es ser un catalán universal, lo demás, mísera intelectual, social, ciudadana y humana. Y a esos dos millones de catalanes, perdónenme de nuevo.

P.D. Y lo de que España hace o ha hecho daño a Catalunya, por favor, repasen la historia, la de verdad o la más fidedigna, todas están mediadas. Les invito a leer la otra versión que quizá no han tenido tiempo de ojear, con la simple intención de conocer sus supuestas "mentiras". Luego, con sentido y rigurosidad, saquen sus conclusiones.
Pero más allá incluso de la historia está la realidad del hoy, no lo olviden.




sábado, 22 de diciembre de 2018

Sr. Sánchez

Si el Sr. Sánchez quiere dialogar con alguien que lo haga con los millones de catalanes no independentista a los que ha olvidado, despreciado y humillado. Que vergüenza.

martes, 11 de diciembre de 2018

Políticos

Muchísimas personas cada día se esfuerzan por hacer aquello que les toca de la mejor manera posible. Unos como mínimo cumplen mientras otros dan siempre un poquito más por el bien de todos, por el bien común.

Mientras tanto, la mayoría de los dirigentes políticos de nuestro país se pierden en insensateces aborrecibles e infames. Hay una cosa que los identifica por igual a todos ellos: sus discursos únicamente buscan satisfacer a sus votantes. Pero no por preocuparse de ellos, no seamos tan ilusos. Lo hacen más bien por mantenerse a costa de lo que sea y como sea. El político nunca habla con la tranquilidad que otorga cualquier discurso sincero y diáfano. Son verdaderos malabaristas de la palabra, miden cada una de sus intervenciones por el miedo a decir más de la cuenta, es decir, aquello que saben pero que no quieren que los demás sepamos que saben o piensan.

Esto, como no puede ser de otra manera, los convierte en consumados mentirosos que terminan por engañarse incluso a sí mismos. Bien podemos decir sin temor a equivocarnos que nuestros políticos representan lo peor en el espectro social de nuestros días.
Y no digo que la tarea de un polìtico sea fácil, todo lo contrario.  Pero lo que si afirmo es que precisamente por lo difícil de la labor política esta debería ser circunstancial. El animal político entendido como aquella persona que vive sumido en y solo para la política es un proyecto fallido antes de empezar.

Un verdadero político, o mejor dicho, un ciudadano que desee dedicarse a la política temporalmente, debe saber llegar, con sus alforjas bien cargadas de profesionalidad, sea la que sea, y debe también saber marcharse en un tiempo prudencial y continuar su labor concreta como un ciudadano más.
Este político no tendrá miedo de perder su "asiento" porque ya entiende que lo usa "de prestado", de manera circunstancial hasta que decida volver a su labor habitual. Todo los demás es pura basura, inmundicia humana que se aprovecha de una situación miserablemente. Estamos tan cansados de verlo que incluso nos hemos acostumbrado y lo hemos normalizado. Este es uno de los cánceres de nuestra sociedad moderna.

No debe existir la profesión de político. Su existencia, tal y como la entendemos hoy, es perniciosa por definición.

Es bochornoso para cualquiera escuchar a cualquier político. Basta presta un poco de atención a sus palabras, a sus gestos, para descubrir un postureo vomitivo e insultante. Y no hay excepciones. Bueno, las hay. Las de aquellos, pocos, que entienden que están de paso y son el fiel reflejo del verdadero político que estas líneas intentan definir. Curiosamente estos son condenado al ostracismo por el resto de los"políticos de raza" y se marchan sin haber tenido tiempo de casi nada y asqueados por lo descubierto en su efímero viaje a ninguna parte o al negro mundo del político de hoy.

Y lo peor de todo es que esto no le importa ni una mierda a casi nadie. Pues a seguir comiendo políticos y sus lamentables políticas. 

domingo, 7 de octubre de 2018

Torra contra Torra

El anunciado otoño caliente en Cataluña parece que no le va a sacar las castañas del fuego a los independentistas, puede que hasta se les quemen antes del 1N.

Si el President no apoya al Presidente en sus presupuestos es muy posible que se convoquen elecciones generales. Y que puede pasar? Pues que se podría configurar un gobierno en Madrid mucho menos tibio y permisivo que el actual. Además, ERC terminaría de romper definitivamente su ya de por si débil relación con la directiva en el poder catalana, ese tándem Torra-Puigdemont Puigdemont-Torra, que se empeña, contra viento y marea,  en mirar hacia otro lado cuando se ofrece diálogo desde Madrid y desde las filas republicanas  se pide hablar y comenzar a hacer politica. Parece que la ANC tiene mucha más fuerza que sus socios republicanos en este terrible entuerto provocado por unos gobernantes ya víctimas de sus manidos argumentos vacíos y decimonónicos.

Si, de diferente manera, deciden apoyar al gobierno de Sánchez, el desgaste día a día irá haciendo mella en su principal argumento: el rechazo a un Estado autoritario y antidemocrático.
Lo obvio se irá haciendo patente y se desesmascarara la gran mentira del procés,  que irá descubriendo el verdadero talante antidemocrático de un secesionismo retrógrado.

Para colmo de males de nuestro President, desde Madrid han empezado a contrarrestar la enorme y fructífera campaña independentista que denigraba a España hasta límites que convertían el discurso en caricatura. Se han puesto manos a la obra y con argumentos contrastados y reconocidos, se va a decir alto y claro lo obvio, que no por sabido y conocido, debe pasarse por alto. De hecho, este fue el grandísimo error del señor Rajoy: menospreciar la enorme repercusión mediática del discurso secesionista, tanto dentro como fuera de Cataluña, además de no defender con argumentos y todos los medios disponibles a una de las democracias más reconocidas del mundo. Estúpidamente, dejó esa defensa en manos de los jueces y dió alas a los argumentos de un secesionismo que crecía apoyándose en tiempos pasados, en la España de Franco.
Y sí, muchos se lo creyeron, no tanto por los argumentos de los pregoneros de semejante insensatez, sino por la inaccion y silencio sobre los que recaía este disparate, a la postre, motivo justificativo injustificado cuando las leyes se vieron obligadas a actuar.

No obstante, en un pais decente, no se debería confundir acción obligada de la ley con separación de poderes, otro de los mantras justificativos de tanta mentira secesionista.

Los dias 6 y 7 de septiembre todos vimos en el Parlament como fueron avisados por activa y por pasiva ante lo terrible que se les avecinaba. Aún así, hicieron caso omiso y se enfrentaron no a Rajoy, sino a la propia Ley que ellos mismos representaban. Es algo inaudito en un Estado moderno y democrático.
Los republicanos encarcelados deberían, de una vez por todas, reconocer que paso lo que nunca debería haber sucedido. Esto no es renunciar a sus legítimos anhelos, más bien sería sentar las bases de un nuevo comienzo. Los independentistas que no fueron engañados se lo merecen.

domingo, 30 de septiembre de 2018

El lado bueno de las cosas...conflicto catalán y traidores





En el conflicto catalán las posiciones absolutamente irreconciliables hace solo unos meses, ahora parece que empiezan a tener puntos de contacto que, como mínimo, nos harán salir de una situación rota y estancada desde hace demasiado tiempo.



Pero aún mejor son las declaraciones de defensores notables de un lado y otro que también empiezan a poner de manifiesto los errores cometidos en sus propias filas. A nadie se le debería escapar que los conflictos enquistados solo encuentran solución cuando se cede y se deja paso al otro.



Y la razón que justifica esto es la aparición de las facciones más radicalizadas que ante los nuevos aires de cambio se revelan. Cuando se respira en el ambiente cierta distensión, se incomodan aquellos que no quieren perder su status quo de los últimos años, lanzándose de forma desmedida al alboroto que termina siendo su propia tumba por ir contracorriente de los nuevos tiempos que se avecinan.


Este es el verdadero momento de la política con mayúsculas que debe apaciguar los ánimos incontrolados durante demasiado tiempo. El mundo intelectual también tiene el deber de situarse a la altura que se le exige y empezar a desterrar posturas intransigentes o propagandísticas y de cortas miras, a las que penosamente nos han acostumbrado también durante demasiado tiempo.

Por todo ello, dentro de este panorama es fácil que empiece a sonar cada día con más fuerza la palabra traidores. Estos ejemplifican ese nuevo sentir abierto a las posiciones y demandas del otro, que no por ello se desentienden de las propias pero que son capaces de situarse en un terreno en el que no solo lo suyo vale o cuenta. El traidor se mueve entre dos aguas, en un principio turbulentas, pero que a la postre siempre se terminan calmando. Y es en esta calma donde se materializa ya la cesión de cada una de la partes y en la justa proporción de la demanda desmedida que cada una de ella mantuviese. No existe una verdad pura, más bien la verdad compartida.

viernes, 28 de septiembre de 2018

"...¡¡¡Pero esto qué es lo que es!!!..."

Es muy posible que cualquier ciudadano tenga algún secreto inconfesable que esconder, un rinconcito de su ser que no quiera descubrir y que guarda con celo bajo las penumbras del olvido. Me parece lógico y hasta natural.



Pero lo que está pasando hoy entre nuestros gobernantes no tiene nombre, o al menos a mi no se me ocurre. Bueno sí, me viene a la memoria esa expresión tan coloquial "...pero esto qué es lo que es..."





Pedro Sánchez es un Presidente legítimo, tanto como el que más desde que somos una democracia. Lo demás es pura demagogia e imbecilidad del que repite lo que oye sin pararse a pensar ni un segundo lo que dice. Y es muy simple: llegó al gobierno a través de una moción de censura que ganó, estemos más o menos de acuerdo con ella. Y sobre esto seguir hablando es especular sobre...sin añadir nada. Por otra parte, deporte olímpico en nuestras tertulias de sabiondos.




Pero otra cosa muy distinta, volviendo a Don Pedro, es lo que está pasando desde que preside este país que cada día se parece más a una triste caricatura de sí mismo.
Si tuvo la plena libertad de escoger a sus ministros, también debe ahora asumir la responsabilidad de su elección y rendir cuentas de tanto infortunio. Si llegas al poder a través de desbancar a aquellos que consideras corruptos, lo mínimo que debes hacer es mantener una conducta intachable en materia de corrupción, amén de asegurarte de que todos lo que te rodean estén exentos de ser señalados bajo la más mínima sospecha. Si no es así, solo queda dimitir, es de cajón y sin posible discusión. Aunque solo sea por decoro o dignidad. ¿Dignidad? ¿Aún existe esa palabra en España?




Algún avezado podrá pensar que si dimite o convoca elecciones igual nos vuelve a gobernar el PP o C's o qué se yo. Puede ser, pero eso debe darnos igual. Si se hacen las cosas de la única manera que parece comprensible, cualquiera que consiguiese alzarse con el poder podría ser censurado y echado al más mínimo desliz en un asunto tan delicado o serio como lo es la corrupción institucional. Pero claro, eso sería estar hablando ya de otro país, de otras maneras, de otra educación, en definitiva, de otra ciudadanía que no se conforme con ser una caricatura de sí misma como lo es, repito, la nuestra.
  


viernes, 21 de septiembre de 2018

Curiosidad

Supongo que hay muchas cosas importantes en la vida, pero sin duda una de ellas es la curiosidad. Incluso me atrevería a decir que ésta alimenta...nos alimenta.

Define sin duda la experiencia vital de cada cual. Sin curiosidad nos transformanos en seres grises, tristes, a merced del viento que sopla y víctimas de nuestro propio pasar sin ver y vivir todo lo que nos rodea.

Siendo ahora un poco más pragmático, siento un profundo desconsuelo cuando observo como en nuestras escuelas es un tema demasiado olvidado. Nuestra enseñanza decapita la curiosidad sin pestañear.

Se habla de nuevos planes, metodologías, apuestas educativas rimbombantes,  más o menos recursos, ratios, modas educativas...y se olvida lo obvio: siempre han existido los buenos maestros y en todos los sistemas educativos y lugares; simplemente se preocupaban y ocupaban de una cosa: despertar la curiosidad en sus alumnos.

Enseñanza curiosa. Cómo? De mil maneras, cada docente debe descubrir la mejor manera de llevarla a cabo. Cierra la puerta de tu aula y despierta sus miradas...nunca lo olvidarán.



jueves, 6 de septiembre de 2018

Mundos paralelos, la realidad catalana



En Catalunya tenemos un gran problema y no es la confrontación con el resto de España o con el gobierno del Estado. Ni tan solo la posible o cacareada lucha interna entre los propios catalanes. Lo trágico de nuestra realidad es que estamos viviendo en mundos paralelos, realidades que ni se conocen ni se reconocen. Hemos sido capaces de instalarnos en una nada, el un vacío simplista, ridículo, torpe y sinsentido de una sociedad cada vez más asocial...y que no depara un buen futuro...

Personalmente siempre me ha interesado bastante la confrontación, entendida como lucha dialéctica sobre un tema que a la postre siempre ofrecía resultados más apetecibles que los primigenios de las posiciones encontradas.

Estas posiciones de partida suelen carecer de la visión del otro y se caracterizan por ser poco empáticas, demasiado excluyentes e inacabadas fruto del desarrollo de la sociedad pero que necesitan, antes o después, ser depuradas. Tras el transcurso de esa sana lucha se termina consiguiendo un producto más elaborado, más redondo pero que a buen seguro estará lleno de aristas que serán alisadas por un nuevo enfrentamiento futuro. Es decir, no hay verdad última y mejor sobre nada, solo momentos en ese largo devenir que es la vida. Hasta aquí, nada que objetar, c'est la vie...

Pero qué pasa cuando esos momentos se empeñan en vivir en mundos en los que ni la confrontación es posible. Pues pasa lo único que puede pasar: CAOS.

Dentro del panorama político actual, figuras como las de Domenech terminan hastiadas sin terminar de entender todo lo que se cuece a su alrededor. La política, que basa su esencia en el diálogo entre diferentes maneras de entender una misma realidad, en Catalunya hoy no existe.  No hay una realidad compartida que mejorar y nos vemos abocados a una catástrofe social que necesitará mucho tiempo para sanar sus heridas.

Así, no podemos ni tan solo intentar comprender la situación que vivimos sin antes atender a esta profunda sinrazón.

Para unos es incomprensible la deriva del independentismo catalán que parece no conocer límites, o dicho de manera más precisa: su único fin pasa por la falta de límites en su búsqueda de la autodeterminación ajena a las razones más simples y básicas que configuran la sociedad moderna, que dicho sea de paso, solo hemos tardado miles de años en forjar. (No soy independentista, pero desde luego si lo fuera rechazaría de manera rotunda este proceder oscuro, siniestro e incomprensible) Están inmersos en su mundo sin atender a cuestiones básicas que van mucho más allá del legítimo anhelo independentista que les ciega.

Por su parte, en otra esfera o dimensión, los hilos que se han movido hasta hoy para enfrentar (y enfrentar no significa suprimir o aniquilar, como dije) de manera adecuada el anhelo del catalanismo independentista, se han movido en una realidad que brindaba al Sol haciendo patente con cada uno de sus actos la inexistencia de un problema, de un otro con el que debían enfrentarse en la búsqueda de una salida a un conflicto y lo que es todavía peor: lo alimentó ayudando a justificar lo injustificable. Y aquí se cierra el maldito círculo que envenena nuestra sociedad hoy y aquí.

Y esto es así por una simple razón: tanto unos como otros negarán pertenecer o formar parte de este círculo pernicioso. Pero con ello paradójicamente no hacen más que confirmar todo lo dicho al no entender la esencia de lo político en democracia y ratificar su insondable zafiedad.

Este desencuentro no deja espacio alguno para la política.

Hoy no hay conflicto porque no hay combatientes. Simplemente hay dos tableros de juego donde cada cual juega su partida y como es lógico nadie la ganará.

Y que nadie se confunda. Que diga que no hay conflicto no quiere decir que no hay y habrá lucha. No hay política, hay zafiedad entre señores vestidos de políticos y dolor en las calles que cada día más polarizan a una ciudadanía tocada y cada vez más hundida.

Somos el hazmerreír ante un mundo atónito que no cesa de preguntarse dónde están las razones de tanta sinrazón.



Y lo peor de todo esto es que lo peor aún está por llegar.





jueves, 24 de mayo de 2018

España es una caricatura

Una caricatura es una deformación de la realidad con tintes humorísticos o de crítica social. Son sanas y nos ayudan a digerir mejor la cruda existencia; le aportan un toque de distensión agradecido.

El problema se presenta cuando la caricatura deja de ser tal y se transforma en el pan nuestro de cada día. Hoy es difícil deformar la realidad española en la búsqueda de ese jocoso dibujo: España es ya en sí la viñeta misma.

Transición sin acabar, pelotazos, corrupciones insufribles, independentismos y centralismos latosos...nos terminan situando en un terreno pantanoso que cada día nos hunde más en las propias mierdas que abonamos sin descanso.

La última, que no más importante, pero sí indicadora de nuestras tremendas flaquezas sociales, es la que estamos viviendo esta semana con el polémico "chalet" del señor Iglesias y la señora Montero.

Había una vez un partido político que entró pisando fuerte por no deber pleitesía a las "castas", pero que se fue desmoronando al confundir llegar con mantenerse. Seguían con el puño en alto en las calles cuando ya tocaba hacer política en los hemiciclos, que dicho sea de paso, buena falta hacía. Pero ese puño se dió la vuelta y arremetió en todas las narices de aquellos que secundaban esta cuestionable manera de entender lo que tocaba, y que erre que erre y sin descanso se fue quitando del medio a los seguidores del noble arte jonista, por considerarlo de tiempos pasados.

Con una mano levantaban sus máximos mandatarios el puño alentando a sus seguidores, mientras que con la otra ejecutaban acciones que el puño intentaba desmoronar. Como no podía ser de otra manera, una mano descubrió a la otra, y el puño arremetió con fuerza a esa mano sibilina que intentaba copiar, a pie juntilla, las maneras de la casta que denostaba.

Pues aquí acaba la historia. Los altos mandatarios lejos de reconocer su terrible error, que no es otro que faltar a las propias palabras, intentaron sacar rédito del asunto. La supuesta nobleza apareció en su más triste representación y nos recordó, o puso de manifiesto para los despistados, que andábamos rodeados de más de lo mismo.

El resultado de esta historieta en una España caricaturesca es lo que menos importa: lo trágico es el lienzo donde se dibuja este nuevo disparate...si lo sé, me voy.



martes, 22 de mayo de 2018

Avengers, Infinity War...another theory

El otro día fuimos toda la familia a ver la última película de Marvel, Infinity War. Soy fiel seguidor -ahora llaman "friki"-, de todas las películas de superhéroes a los que les debo mucho, muchísimo. Descubrí con ellos el universo de las letras. 

Aún recuerdo las llamadas Cartillas, la 1, la 2, la 3... con las que aprendimos a leer allá por los setenta con frases como Mi mamá me mima o Mi papá fuma en pipa, que hoy no dejarían indiferente a nadie por hacer apología del denostado tabaco o por tener fuertes sesgos machistas. Eran otros tiempos.  Sea como sea, yo no aprendí con ellas, o eso creo...

En esos otros tiempos yo ya era un friki (sin saberlo) de los cómics de Marvel. Teníamos mis hermanos y yo una buena colección que ibamos atesorando los domingos cuando mi padre nos llevaba al Mercado de San Antonio, en Barcelona, con la sana y loable intención de que nos fuéramos familiarizando con los libros, ¡qué gran hombre! Y así fue como viendo primero viñetas de dibujos apasionantes pero con letras indescifrables para mí, fui sumergiéndome en eso que hoy se conoce como Universo Marvel. Luego vinieron más "universos", pero este fue sin duda especial. Todavía hoy me pregunto si aprendí a leer con el mi papa fuma en pipa o con las divertidas ocurrencias de un trepamuros que cada noche, sin falta, terminaba tapándome la cara cuando me dormía rodeado de cómics y superhéroes. 

Sea como sea, los superhéroes y sus increíbles aventuras nunca han dejado de estar ahí y ahora, con la fuerte irrupción en el cine, otra de mis pasiones, me atrevo a hacer un pequeño comentario de la última película de la saga hasta la fecha.

Si no habéis visto Avengers: Infinity War y os asusta eso de los spoilers, os aconsejo no seguir leyendo.

Pues bien, acaba la película con un mal sabor de boca al ver como parte de nuestros salvadores se esfuman como el polvo. Queda una puerta abierta tras el mensaje que envía Nick Fury, a través de ese extraño busca, entre reto y cósmico, a la Capitana Marvel.

La pregunta inmediata es: ¿Cómo tiene la seguridad Nick Fury que ese mensaje será recibido por la Capitana Marvel? y ¿qué podrá hacer esta si lo recibe?

Vimos como al azar la mitad de la población del Universo se desvanecía sin posibilidad alguna de evitarlo. Lo fácil sería pensar que la Capitana Marvel está en otro tiempo, concretamente en el pasado, y exenta así de la maldición de Thanos. Pero esto, como digo, sería quizás lo fácil. Entraríamos en el juego de pasados y futuros que tantas películas han triturado a fin de conseguir embaucarnos en sus propósitos.

Me parece mucho más interesante abordar la situación desde una perspectiva, que aunque tambíen ha sido utilizada en la ficción, daría más juego a la historia y, además, está muy de moda en el ambiente científico del que Tony Stark en tan fanático al tiempo que brillante y al que Strange, no lo olvidemos, decidió salvar en el último momento. Sería por algo. Y me refiero a las teorías de los Universos múltiples o paralelos que tanto están dando que hablar a nuestra comunidad científica. 

¿A alguien le suena lo del gato vivo y muerto al mismo tiempo? Es interesante eso de las distintas ramificaciones del universo en un mismo instante, según quien y cómo los observe. Aquí lo dejo, aunque será (o habrá sido) interesantísimo para los guionistas articular la cuarta entrega de los vengadores. Se me ocurren diferentes fórmulas, y todas atractivas. ¡Lo que daría por trabajar para el universo Marvel!

Y además, según parece,  la Capitana Marvel tiene el gran poder de controlar campos de energía...seguro que sabe moverse por un mismo espacio-tiempo donde puedan coexistir distintas realidades...ya veremos.



sábado, 19 de mayo de 2018

El sentimiento trágico de normalizar en España


Normalizar es simplemente transformar en normal algo. Las normalizaciones tienen así el fin y propósito de hacernos más fácil la vida al sentar bases para todos conocidas y aceptadas que nos permitan desarrollarnos mejor en nuestras sociedades.

Vemos como normalizar es así un proceso que necesita tiempo para su desarrollo, aceptación y definitiva implantación.

Hasta aquí nada que objetar. Pero, ¿qué está pasando en España?

En los últimos tiempos estamos normalizando toda una serie de conductas absolutamente despreciables. Y lo más desconcertante es que lo son para el conjunto de la sociedad: nadie gana y todos perdemos.

Hasta ahora, normalmente, éramos capaces de descifrar intereses partidistas que de alguna manera “justificaban” ciertas acciones por el bien propio.


Hoy, en España, hemos sido capaces de normalizar, de transformar en la norma, conductas absolutamente viles, abyectas, infames, indignas, depravadas, detestables, repulsivas, aborrecibles, mezquinas, ruines, repugnantes, innobles y rastreras que nos perjudican a todos. Y aviso: el resto del mundo se ha dado cuenta, sobre todo los países de Europa que sabrán sacar beneficio de ello.


Y todo esto ha sido un proceso que hemos ido tejiendo entre todos, -y cuando digo entre todos quiero decir exactamente entre todos-, aunque ahora nos empeñemos cada cual en salvar nuestro culo situándonos en la otra orilla, en la orilla del que no tira nunca piedras. Si no las tiras, tienes la obligación ineludible de evitar que otros lo hagan. ¿Lo hiciste?; perdón, ¿lo hicimos? No lo suficiente. Solo tienes que abrir los ojos y mirar, con eso basta.


Se pueden poner muchos ejemplos que recorren cada centímetro cuadrado del territorio, sin excepción, pero por su importancia y trascendencia quiero hablar hoy del conflicto que vivimos en Catalunya, a costa de saber que los independentistas interpretarán esto como un ataque a sus anhelos. Si es así os invito a comenzar a leer porque no habéis entendido nada. Y os lo aclaro: Catalunya no se escapa de esta miseria que nos recorre a todos, simplemente se sitúa hoy como un claro ejemplo, y de una enorme trascendencia, de toda esta inmundicia.

Si un solo catalán independentista piensa que “escapa” de algo que le es ajeno por no representar su esencia, simplemente pone de manifiesto su sesgada y partidista percepción de la realidad. Si un solo catalán no independentista, o español, piensa que no tiene nada que ver en lo que voy a decir, se está posicionando en la orilla de aquellos que son solo espectadores y piensan, torpe y ruinmente, que no participan en la función. El telón, señores, se levanta para todos.


Seré muy breve. Los actores principales de la tragicomedia catalana han sido capaces de conseguir algo asombroso: que toda una serie de acontecimientos impensables hace muy poco tiempo, se conviertan en el pan nuestro de cada día. Hasta aquí podría resultar cómico, pero lo trágico es que se van normalizando y es ahí donde caemos por el precipicio insondable del despropósito.

Por poner un ejemplo -los hay por decenas-, si hace tan solo cinco años un candidato como el actual Presidente de Catalunya se hubiese presentado con su historial como presidenciable, todos nos hubiésemos rasgados las vestiduras o puesto el grito en el cielo (dicho sea de paso, como hacen en Europa al contemplarlo atónitos), pero aquí, lejos de ni tan solo preocuparnos en exceso, se vitorea por las fuerzas independentistas y, por las que no lo son, como mucho se mantiene una posición expectante: a ver qué pasa.

Pues eso es: hemos logrado normalizar lo que nunca debería haber sido normal. Nos hemos puesto el mundo por montera, inconscientes y aventureros, y ya estamos recogiendo las mieles de nuestro (efímero) éxito, que no es otro que ser el hazmerreír de medio mundo mientras rompemos en pedazos el trocito que ocupamos.


Y lo repito por última vez, para los despistados. Los actores principales de la tragicomedia catalana tienen una responsabilidad mayúscula en la función, su despropósito bebe de la mentira y la inmundicia que les rodea, de la que forman parte y vilmente se aprovechan. Pero este caldo de cultivo se fue madurando año tras año con el ciego y lamentable esfuerzo de todos, cada cual con su parcela de responsabilidad.


La tragedia que se vive en Catalunya es la misma que vive toda España; la diferencia (el fet diferencial català) es que aquí unos cuantos han sido capaces de aprovecharse mezquinamente (y esta es una palabra que se queda corta, muy corta) de la situación al proponer una solución desleal, antidemocrática y decimonónica.


España no es el problema, o mejor dicho, si lo es, lo es consustancialmente con Catalunya, por ser lo mismo: son dos caras de una misma moneda o dos tristes realidades sociales del siglo XXI que son solo una.

Y hay algo bueno: todo tiene solución.






miércoles, 18 de abril de 2018

Je suis Macron


Una de las series con más tirón de los últimos tiempos presenta a un personaje, en un mundo apocalíptico, que hace repetir su nombre a todos sus protegidos con el fin de conseguir un orden y salvaguardar lo poco (o mucho) que tienen; yo soy Negan.


Salvando los más que cuestionables métodos de la controvertida figura y poniendo los pies en nuestra Europa, también controvertida hoy más que nunca, el primer mandatario francés encarna el papel de único artífice real de una verdadera Europa.


Se ha desmarcado de los planteamientos ambiguos y de medias tintas de los políticos al uso europeos. Cargado de argumentos y de buena retórica, no le tiembla el pulso cuando defiende una idea, la de la Europa unida y real, que basa en postulados pragmáticos y alejados de compromisos fugaces o farisaicos.


Europa siempre ha sido una bomba de relojería, una olla a presión que de tanto en tanto ha pegado el fogonazo que le ha permitido seguir andando sin dejar nunca atrás sus tensiones inherentes.

Ante esta situación muchos han sido los que propusieron desde hace ya siglos un encuentro, una verdadera apuesta en común en post de conseguir liberar de forma permanente las presiones del viejo continente.


Y así nació esta Unión europea hace ya unas décadas que con paso tortuoso y en demasiadas ocasiones poco decidido, intenta sostener a flote un barco con tripulación siempre al borde de amotinarse.

El azote de los últimos años (crisis, Brexit, nacionalismos resurgentes…) parece que no son razones suficientes para abrir los ojos de una ciudadanía y sus mandatarios que viven de espaldas a su realidad, y lo que es aún peor, a su historia.

En medio de esta vorágine de ineptitudes, servilismos, victimismos, cobardías, egoísmos y miradas cortas y nubladas, aparece la figura de un joven mandatario que hoy, cuando escribo estas letras, tiene todo el viento en su contra pero al que no le da miedo nadar contra corriente.


Una Europa más Europa

Se le pondrán afear un millón de cosas, como a cualquiera, ya que esto de la democracia pasa por la posibilidad de que todos podamos argumentar lo que nos plazca: otra cosa es que las argumentaciones estén más o menos cargadas de razones. Pues como decía, de críticas nadie está exento, pero hay una cosa de la que nadie podrá dudar: Emmanuel Macron ha sido capaz de dar un paso al frente y proponer lo que otros solo han sido capaces de balbucear: una Europa más Europa dentro de un mundo más democrático y social. Su característica habilidad le hace usar para ello los argumentos de los populistas pero llevándolos a su terreno, es decir, saliendo de la trinchera del que se queja pero no hace nada por revertir las situaciones, al tiempo que descoloca los resurgentes nacionalismos poniéndolos en su sitio, sin ambages, y otorgando a la democracia el lugar que le corresponde. 

A Macron no le sirve la Europa de los Estados tal y como la conocemos hasta hoy. Apuesta de manera decidida por una Europa compuesta por Estados pero con unos fines y propósitos muy definidos: para conseguir proyectos reales en común y con las mínimas barreras respetando las diferencias y particularidades de cada zona, que lejos de plantear un problema, enriquecen a su juicio el conjunto.

Dado el órdago de insensateces y despropósitos que nos rodean, creo que hoy más que nunca tendríamos todos que decir, y aunque solo fuese por esta razón, Je suis Macron.

miércoles, 4 de abril de 2018

Catalunya, democracia y presos


“Razones puramente políticas, no relacionadas con un delito” podría ser una buena síntesis aclaratoria de lo que es y no es un preso político. Así, deberemos considerar preso político a la persona que se le priva de su libertad sin haber cometido, presuntamente, delito alguno y haya sido encarcelada por razones basadas únicamente en su ideología política.

¿Son entonces los políticos presos catalanes “presos políticos”?
Según la jurisprudencia de nuestro país, no. Había una ley perfectamente conocida y ésta fue violada. Y este es un hecho innegable e irrefutable. Si no respetar las leyes es un ejercicio que la clase política se pueda permitir el propio Estado de derecho estaría en entredicho. Otra cosa diferente es que haya personas a las cuales, quizás, las leyes no les han sido aplicadas con el rigor necesario. Pero aun siendo esto así, no es causa que acredite en modo alguno que este rigor deje de estar presente en el resto de las situaciones, es decir: no es en absoluto valor suficiente como para dejar impunes a políticos que, de manera ejemplificadora, deben respetar las Leyes.

La democracia
En democracia tenemos derecho a expresar nuestros pensamientos y la obligación de respetar los ajenos y contrarios a los nuestros. Pero cuando los pensamientos o ideales se convierten en acciones contrarias a la Ley, ésta no puede ni debe permanecer pasiva. De otro modo sería totalmente innecesaria.
¿Quiero esto decir que las Leyes no se puedan modificar? No, de manera alguna. La Ley es posible modificarla pero siempre desde dentro del marco establecido. Parte importante de la clase política catalana ha despreciado el marco legal amparada en la voz del pueblo, obviando que solo escuchaba a una parte y que convertía un reclamo legítimo en acciones ilegales y de una enorme trascendencia social de la cual se deberían, inexcusablemente, depurar responsabilidades.
Y es aquí donde entra en juego el verdadero poder del pueblo en democracia, soberano y se juega con él. Aunque nuestra Constitución se expresa claramente en determinados aspectos, si una mayoría muy significativa de la población se declarase en contra de una determinada Ley, sin lugar a dudas se activarían los mecanismos oportunos y necesarios para modificarla, por muy constitucional que ésta fuese. Pero cuando se dice “mayoría muy significativa” se dice exactamente eso: un porcentaje neta y claramente superior a la opción contraria. Si siete u ocho de cada diez ciudadanos catalanes deseasen la independencia de Cataluña, difícilmente legislación alguna podría frenarlos. La situación en las instituciones nada tendría que ver con la realidad de sus ciudadanos ni con la vida en sus calles.

Y en Cataluña
Pero en Cataluña no hay una mayoría netamente superior y sí se violó la Ley. Y ser demócrata es poder expresarse libremente, sin duda; pero también es saber reconocer y respetar el Estado de derecho. Si yo fuese independentista, -que no lo soy por razones en las que ahora no me voy a extender-, la situación vivida en los últimos tiempos en Cataluña no restaría un ápice mis aspiraciones pero sí me desmarcaría por completo del movimiento secesionista llevado a cabo. Mi ansiada República Catalana no podría estar cimentada con bases tan contrarias a la Ley, al verdadero sentimiento democrático, al Estado de derecho y a la razón misma.

miércoles, 28 de marzo de 2018

La democracia no es perfecta, como no lo somos las personas


La democracia no es perfecta, como no lo somos las personas. Pero si es un lugar de encuentro basado en unas normas mínimas de convivencia donde se respetan las distintas sensibilidades del pueblo, siendo los responsables políticos los encargados de encauzarlas y ponderarlas para evitar al máximo las imperfecciones democráticas como representación soberana (la democracia no es perfecta, como no lo somos las personas), que siempre las hubo y las habrá.


Cuando esta función básica del político se pierde el resultado es demoledor.


Y en Catalunya...

Desde Catalunya parte de la clase política ha roto esta forma mínima irrenunciable. Incluso aunque los fines puedan ser legítimos, si las formas son las inadecuadas está absolutamente deslegitimado lo que se busque o a lo que se aspire. Y al contrario, aunque lo que se persiga pueda ser cuestionable, si las formas son las correctas deberá ser respetado. Esa y no otra es la esencia de la democracia, la que nos aleja de la barbarie y la que al político le permite, por ejemplo, digerir las derrotas electorales. Son las reglas del juego y esencia de la democracia.

Lo demás cuenta poco si olvidamos esto, es pura sofística demagógica que permite argumentar retorcidamente casi cualquier cosa, tanto desde un bando como desde el otro o incluso desde las fuerzas llamadas transversales que intentan hacer filigranas y malabarismos imposibles.
Hay que volver al origen del problema, sin que tiemble el pulso y sin complejos. Y luego modificar todo lo necesario desde verdaderos planteamientos democráticos. Solo así se saldrá del atolladero en que se encuentra la política catalana.

El traidor a la causa es ni más ni menos aquella persona que afronta su deber y es capaz de considerar y determinar aquello que persigue pero dentro del marco democrático desde el que se pronuncia, incluso para luego modificarlo. Y lo hace de espaldas tanto a los que defendían una causa pero de forma antidemocrática, como a los que la rechazaban desde la democracia que intenta modificar, pero ahora sí, inteligentemente desde ella misma.

Y ese traidor estará solo, pero con tal carga democrática que nadie, absolutamente nadie, lo podrá parar.

martes, 27 de marzo de 2018

Y esto es España


España, país al norte de África y al sur de Europa, fue cuna de gloria pasada pero durante este siglo y el XX es y fue azote de mediocridad en estado superlativo. Sin duda es una potencia en el mundo y esto a pesar de encontrarse a merced de una clase dirigente tullida, bochornosa y de una bajeza que asombra hasta hacer enrojecer de vergüenza ajena.

           
Que sería de nosotros si nos quitarán el turismo, la lotería y el saber hacer del talento español. Esto da para una tesis.


Ya Unamuno nos decía poco antes de morir en el 36, -fatídico año por la que se avecinaba y por la que había-, que las Españas, todas malas, se agredían en un sinsentido desconcertante y lo que era peor aún, descorazonador.


Ha llovido desde entonces: una guerra incivil y fratricida, una larga dictadura y una más larga democracia que lamentablemente escogió el camino equivocado y se empecina en seguir haciendo ruin su recorrido entre corrupciones intolerables y lo que es todavía peor por no aprender ni practicar nadie: a reconocer el mea culpa.

Reconocer la culpa no es solo un “lo siento” que dispense, que ni eso hacen por cierto. Sería aun así muy poco y estéril. Es mucho más. Nos vacuna contra el mal  sobre el que reconocemos la culpa y lo que es todavía mejor: nos predispone voluntariamente a enderezar el camino errado.

Pero claro, los españolitos tenemos en el tuétano incrustado esa falta absoluta de reconocimiento de la culpa en carne propia: siempre hay un otro al que señalar inquisitoriamente. Que desgracia la nuestra.


Y ahí vamos. Nuestros dirigentes son consumados y entrenados artífices de semejante mal demoledor de principios y razones. Para colmo se les señala como astutos y la verdad, no sin razón; se conoce al astuto por llevarse el gato al agua y obtener el provecho necesario aunque sea a través de engaños y mentiras. Perfectos sofistas, sin duda.

No volveré a votar en elección alguna (lo cual es para mí un profundo pesar) hasta que vea dimisiones fulminantes, voluntarias o forzadas, en las filas de los partidos políticos que tanto mal están haciendo a España desde hace demasiado tiempo. Es decir, de todos.


Para acabar, querido Unamuno, sigue descansado en paz. Desde que te fuiste poco hemos avanzado. Y que nadie se engañe pensado lo contrario. La riqueza, la auténtica riqueza de un país es algo más, mucho más, que euros y frivolidades.

jueves, 15 de marzo de 2018

L’educació mai és una conquesta acabada.


L’escola com el lloc on els infants anaven a aprendre ha existit com a tal des de fa una pila d’anys. Ara ens repensem si la forma d’educar a les nostres escoles és la més adient, tot i assumint que la labor d’educar forma part de tota la comunitat, i no dic educativa, sinó comunitat com a un tot que determina allò que els nostres fills i les nostres filles reben des de ben començament i al llarg de la resta de la seva vida, perquè cal recordar també que l’educació mai és una conquesta acabada.


Llavors, que és això que avui pensen que no fent prou bé per replantejar-nos allò que fent, i, ara si, concretament a les nostres escoles? Doncs la resposta sembla ben senzilla: per que fent allò que es feia des de fa massa temps, obviant que els nostres alumnes requereixen una altre manera d’afrontar el repte que implica hores d’ara l’aprenentatge.


Avui la quantitat d’informació que tenint al nostre abast amb només tocar un botó es brutal. Ja no es tracta d'esbrinar on és la informació per després mira d'aprendre allò buscat i intentar assolir el màxim botí de la nostra recerca. Amb això el que pretén és posar de manifest que cal replantejar la figura del mestre a l’escola i el seu paper s´ha d’actualitzar sense perdre ni un segon més. 

Els docents ja no son aquelles persones que semblava que sabien tot el s’havia de saber; més aviat han de ser el moll que impulsi i permeti que els alumnes i les alumnes aprenguin a manejar-se hàbilment a la nostra societat i, el que és important, aprofitant al màxim les seves necessitats-realitats concretes. Potser es pot parlar de mínims per a tots, però mai de coneixements i continguts iguals i homogenis per a tothom: això és una aberració pedagògica que porten a les esquenes des de fa massa temps.


Quina es la millor manera de fer això? Doncs aquesta pregunta només la poden contestar els propis docents. Ningú més. De fet, no existeix una manera millor o única de fer-ho, sinó tota una sèrie de estratègies encaminades a tal propòsit. Parlant d'això, es una llàstima que les nostres mestres i els nostres mestres no interactuïn més en espais reals i/o virtuals entre ells de forma sistemàtica, per tal de intercanviar i millorar la seva experiència docent. Hauria de forma part de la seva tasca remunerada. Apostar per l’educació és la millor aposta possible.



Em sembla, dit això, que si que hi han algunes premisses que ningú hauria d’obviar. Sigui el que sigui el procediment o la manera de encarar per part del mestre la seva tasca, el respecte així com la motivació haurien de ser sempre presents a les aules. El primer per garantir la convivència adient i necessària entre un grup de persones que per necessitat han de treballar unides i amb mútua col·laboració; la segona perquè és la font de la que beu tot procés que vulgui engrescar activament als seus participants: educar avui no es pot comprendre sense l'actuació real i decidida dels alumnes en el seu procés d’aprenentatge. Han de processar la informació per donar respostes efectives a situacions reals per tal de desenvolupar la suficiència que la societat requereix per tal de arribar a ser un bon ciutadà. En altres paraules: l’escola creadora de magatzems d’informació puntual i efímera està absolutament esgotada; hem d’apostar per espais de creació que fomentin el sentit crític, creatiu i curós i, sens dubte, el pensament propi.


Tots estem obligats a pensar i a actuar com no pot ser d’una altra manera, mirem doncs la forma d'aprendre, des de ben començament, a fer-ho millor. Sempre es pot.