sábado, 12 de diciembre de 2015

Sobre política y elecciones

Dentro de unos días estamos llamados a votar y vista le desgana de demasiados a ejercer su derecho ante el panorama de esta España, me gustaría lanzar una reflexión al respecto.

La Política es en última instancia el caldo de cultivo del que emanan nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos; no es la representación de demasiados señores y señoras, que dicen llamarse señorías, y no llegan ni a mequetrefes.

Con esto lo único que intento es evitar que caigamos en la poco sensata postura del desinterés por lo político. La política nos configura en nuestras relaciones como ciudadanos y le debemos el máximo interés. Confundirla con sus malos representantes nos hace un flaco favor a todos.

Personalmente iré a votar sin duda, lo contrario sería dejarme llevar por la corriente y pensar que todas las aguas están sucias. Hoy mi ideología, visto lo visto, es la decencia y la honradez. ¿Existen políticos honestos? Sin duda, proporcionalmente tantos como ciudadanos. Aquí todos estamos en el ajo.

Prescindir de votar nos aleja de nuestra mejor opción por contribuir a mejorar y mejorarnos. La implicación masiva en lo político de una ciudadanía denota su madurez democrática y compromiso. Sólo así las malas hierbas podrán ser estirpadas, al ser mayoritarías las consciencias honestas y cooperativistas frente a las interesadas y mezquinas.

Si consigo que con estas cuatro letras un solo demócrata desencantado aún crea en la política me daré por satisfecho. Si además decide ir a votar, le doy las gracias.

Hastahora

martes, 17 de noviembre de 2015

La Lección del viejo Roble

Me gustaría recordar hoy la historia de La lección del viejo Roble. Esta narración es válida tanto para mayores como para pequeños, aunque me parece especialmente interesante para estos últimos, ya que como bien sabemos, fácilmente se desaniman a la hora de hacer aquello que "no les apetece", y de sobras creo que entendéis a lo que me refiero. Además, una vez aprendida la moraleja de la historia, de mayores tendrán muchísimos menos problemas y quebraderos de cabeza...ahí va!!!

Hace mucho menos tiempo del que te puedas imaginar, un señor un tanto taciturno y gruñón vivía al final de una bonita calle en una magnífica casa. Don Pere Zoso Vió, pues así se llamaba, tenía en su casa un espléndido jardín coronado por un majestuoso roble. Era la envidia de todos sus vecinos, pues además de ofrecerle una excelente sombra en verano, le dejaba a Don Pere disfrutar de los rayos de Sol en invierno, pues como buen roble perdía en otoño todas sus hojas.

Pero precisamente por esta razón, cuando comenzaba el otoño, Don Pere se ponía especialmente gruñón. La verdad es que siempre estaba malhumorado: en el trabajo, en el coche, en el supermercado, incluso cuando salía con los amigos a tomar unas cervezas o cuando le invitaban a comer sus familiares. Todo le cansaba, cualquier cosa le parecía un trabajo enorme e inacabable. 

Como decía, al comenzar el otoño se ponía todavía más cascarrabias porque al llegar cada día a casa, cansado desde que se levantó y sin parar de quejarse   -parece que era lo único que no le cansaba-, se encontraba con un motón de hojas en el suelo, que día a día y sin descanso, iban acumulándose hasta el punto de esconder sus pies cuando las pisaba con desdén, al tiempo que no dejaba de despotricar y renegar de las pobres hojas.
Un sábado se levantó antes de lo habitual y sacó su vieja motosierra del trastero. La guardaba en una caja de madera de tamaño considerable que su padre, como buen carpintero que fue, le había hecho hacía muchos años. Después de renegar y mal jurar durante más media hora, tiempo que le ocupó conseguir arrancar la vieja máquina, se dispuso a cortar de una vez por todas el viejo roble y zanjar para siempre el problema de las hojas en su jardín. Justo en el momento en que la cadena de la motosierra iba a rozar el roble, la máquina se paró. Era temprano y no hacía nada de viento, pero de pronto empezaron a caer hojas del roble, dibujando en el cielo figuras que nada tenían que ver con los sinuosos caminos que normalmente trazan al caer al suelo. Pere se las quedó mirando, perplejo con la mano en la motosierra, a punto de arrancarla, pero sin mover un solo músculo. Para su total y absoluta sorpresa, todas y cada una de las hojas, después de volar caprichosamente fueron cayendo, unas tras otra, dentro de la caja de la motosierra que tenía abierta a su lado. Ni una sola hoja cayó al suelo, de tal manera que cuando la caja de madera estuvo llena de hojas, dejaron de caer.
Pere miró el roble, resopló sin entender en absoluto lo que acababa de pasar, y dejó la motosierra en el suelo. Cogió la caja, la vació en una bolsa, guardó la motosierra y se metió en su casa sin decir ni una sola palabra.

Al día siguiente decidió llenar una caja de hojas del jardín y tirarla en el contenedor correspondiente. Así lo hizo un día tras otro, tranquilo y sin aspavientos. La labor le ocupaba cada día menos de cinco minutos, y pronto le encontró el gusto a hacerlo. Las hojas de los robles seguían cayendo, pero Pere comprendió que más pronto que tarde dejarían de hacerlo. Fueron pasando tranquilamente los días. Al cabo de tres semanas los robles estaban totalmente pelados y en el jardín de Pere quedaban poco más de cinco cajas de hojas por recoger. Sin darse cuenta y dedicando con gusto muy poco tiempo cada día, había conseguido mantener su jardín limpio. Antes de que acabase la semana, Pere había recogido absolutamente todas las hojas de su parcela. Contemplando el viejo roble y con una sonrisa en los labios, Pere le dio las gracias. 
Solo habían pasado unas semanas pero para nuestro amigo quizás habían sido las más importantes de su vida. Durante este tiempo además de recoger su caja de hojas cada día, había aprendido una lección que ya nunca olvidaría. Transformó sus quejas continuas en pequeñas acciones cotidianas que le devolvieron con creces alegría y felicidad. El viejo roble le enseñó que su continuo mal humor era fruto simplemente de su predisposición a verlo todo negativamente y su falta de interés por hacer todo aquello, que al fin y al cabo, terminaba dando sentido a su vida. Se trataba, simplemente, de hacer todo lo que sabía que tenía que hacer con determinación y sabiduría. 

Para el asombro de todas las personas que lo conocían, se transformó en una persona generosa y amable. No había fiesta, comida o celebración en las que no estuviese invitado, y siempre terminaba amenizando la reunión, desde antes de empezar ayudando a prepararla hasta que terminaba, pues siempre se marchaba el último con una sonrisa en los labios y muy seguro de sí mismo, como un viejo roble.

Hastahora




jueves, 12 de noviembre de 2015

El Mas más Absoluto

El señor Mas se ha convertido por imposición propia en el absolutista que debe gobernar un pueblo de plebeyos. Seguramente habrá leído con profunda simpatía obras de Maquiavelo en la cama que le habrán acompañado hasta justo antes de dormirse, abocándolo a sueños que cuando despierta le siguen guiando para la desgracia de todos.

Señor Mas, cuando Maquiavelo elogió la figura del Absolutista no dude que lo hizo en un contexto muy determinado. Le tocó vivir unos años en los que la frustración se apoderó de él al ver una sociedad con una cultura mediocre, por no decir inexistente, masivamente. Por si esto no fuese bastante, la degeneración y el envilecimiento moral campaban a sus anchas y a los cuatro vientos. Nos habló, viendo lo que veía y como no podía ser de otra manera, de Príncipes y Súbditos, siendo estos últimos es más fiel reflejo de los borregos nietzscheanos. Apoyo sus reflexiones políticas en la figura del Príncipe. 

El asunto estaba cantado: más vale un Príncipe que no tenga que discutir con borregos o el camino será corto para el Príncipe y muy largo y penoso antes de encontrarse la más mínima Justicia. De este modo, su Príncipe separó Ética y Política porque la primera necesita una cierta dosis de cordura entre los que dialogan que en esos momentos brillaba por su total ausencia. Su Política entendía poco de empatía porque empatizar era mal asunto en los tiempos que corrían.

La situación realmente ha cambiado, y sí, le reconozco que somos demasiado corruptos y de cultura muy mejorable, pero las cosas, le repito, han cambiado señor Mas. Y estoy bien seguro que los postulados de un Maquiavelo aquí y ahora también lo harían. Pero Ud. no ha entendido nada y sigue anclado en su cúspide, en su trono, creyéndose rodeado sólo de borregos, que por otra parte, en eso no le llevaré la contraria, desde luego los hay, pero por favor no confunda la parte con el todo.

Le repito, no es Ud. el Príncipe (ni de lejos) que necesitaba Maquiavelo dadas las circunstancias de entonces, ni los demás somos todos los borregos que le acompañaban. 
Para colmo se habla de República Popular Catalana con un pseudoMonarca que se empeña en afianzarse a la inexistente posible futura corona...y entendiéndose con la CUP, desde luego, MÁS imposble

Haga el favor de bajarse del burro y deje paso a nuevos vientos.


Hastahora

martes, 10 de noviembre de 2015

Jamones por Navidad en Cataluña

A jamonazos por Navidades van a acabar más de dos familias en las fechas venideras. La sarta de políticos de tres al cuarto que nos gobiernan ha conseguido afianzar una fractura social en Cataluña sin precedentes. Nunca antes el pueblo catalán había estado tan dividido y el futuro, queridos amigos, no parece nada halagüeño. 
Por poner un ejemplo, de los que ya son pan de cada día, estoy personalmente en dos grupos de whatsapp totalmente discordantes. Vamos, si algún día para mi desgracia mezclo los mensajes que leo en ambos, se lía la de San Quintín...entonces también reinaba un Felipe en España...ya veremos...

Lo realmente dantesco de toda esta locura compartida y contagiosa es que responde a pensamientos estériles que atentan contra la más básica libertad de los individuos.  
La libertad de todo individuo solo tiene sentido plantearse dentro de un contexto social, compartido, y precisamente este sistema de relaciones hoy es la Democracia y el Estado de Derecho que la ampara. A un ser a-social (piénsese en un posible Mas, o un Rajoy, o cualquier otro solitario políticucho en una isla) poco le importaría la libertad individual, su única preocupación sería su subsistencia como individuo individual. Pero la realidad es bien diferente. Somos un ser social, aunque demasiados no lo entiendan y se crean Robinsones entre multitudes.

Esta asociación irrenunciable entre libertad del individuo y vida en comunidad se resuelve a partir de un pacto, de un contrato, de una ley. Si pretendemos ejercer nuestra libertad como individuos más allá de la ley establecida, aparece el conflicto. ¿Hay que ser esclavo de una ley eterna? Por supuesto que no. Pero desde luego si son intereses partidistas y que atenten contra la libertad de otros individuos los que abanderan la desobediencia, hemos entendido muy poco de lo básico.

La ley establecida debe supeditarse tan solo a otra ley, que por supuesto pugnará con la que intente derrocar, pero que lo conseguirá con argumentos y razones infinitamente más contundentes que los esgrimidos hasta hoy en Cataluña. Tenemos un problema de ajedrez y lo intentan resolver jugando a damas. Triste y preocupante.
Hastahora

martes, 3 de noviembre de 2015

¿Por qué demasiadas mujeres dicen no cuando querrían decir sí?

Imaginaos por un solo instante un delicioso pastel rodeado de otros tantos tras el cristal de la mejor confitería que conozcáis. Y tras el cristal a alguna mujer golosa que se lanzaría sin pensar, pero se contiene porque no quiere tener que preocuparse por esos incomodos michelines que no la dejan lucir sus mejores prendas. 

Por supuesto no voy a hablar hoy de pasteles, ni de michelines o moda. Voy a intentar esparramar unas letras sobre una cuestión bastante punzante en nuestra sociedad: la reiterada queja compartida entre demasiadas parejas sobre el desencuentro en cuanto a la frecuencia de las artes amatorias... vamos, de acostarse no precisamente para dormir.

La introducción del pastel creo que no es en vano y arroja bastante más luz de lo que parece a primera vista. Pero vayamos por partes.


Primero busquemos argumentos naturales o naturalistas que justifiquen de alguna manera tremendo desaguisado conyugal o de pareja. La naturaleza es muchísimo más sabía de lo que pensamos. Existe en diferentes especies eso que se llama celo y considerando que nosotros somos una especie más del montón, se podría argüir que posiblemente quede alguna reminiscencia de ese celo en la mujer que la lleva a controlar, por decirlo suavemente, el deseo desenfrenado del hombre, ya que éste parece que carece desde el origen de los tiempos de ese período concreto de excitación propicia para el apareamiento; para el macho cualquier periodo es propicio. Bueno. Podría ser. Aunque entonces, ¿porque las madres con la socialización consumada en la que vivimos han perdido el instinto materno tan presente en otras especies?, y en cambio este del celo lo conservan, nos podríamos preguntar. A una mamá humana en el momento del nacimiento le cambian su cría y nunca lo sabrá, a otros animales ni lo intentes...

Luego esta Dios. Ahí hay poco que contradecir. Podríamos decir: en su inmensa sabiduría legó a la mujer el don de controlar una muerte súbita de la especie humana. De diferente manera hoy no seriamos 7000 millones, sino tantos que ya habríamos acabado hace tiempo con este planetilla que habitamos. Además fijaos que todo cuadra. Primero creó al hombre y cuando vio la tremenda bestia sexual que había fabricado, tuvo tiempo de rectificar al crear a la mujer y configurarla de tal manera que pusiera orden al asunto. Qué lástima que no crea en Dios, el tema estaría más que resuelto...cómo casi todos. ¿Será por eso por lo que no creo?

Luego está la opción que puede ser más real de lo que parece. A lo mejor es posible que no exista tal desacuerdo en cuanto a lo sexual y las señoras apacigüen sus ansias con otras parejas...pero esto mejor dejarlo.


Los sabios sexólogos también apuntan al diferente estímulo necesario para levantar la libido de hombres y mujeres. Sí, claro, muy cierto. Pero sí sólo fuese eso tengo bastante claro que existirían academias para hombres, por supuesto, dónde se impartirían clases sobre el tema. Si los resultados fuesen garantizados, aseguro que estos centros de formación estarían llenos hasta la bandera... ¿alguien se quiere matricular? Ahí lanzó una idea de negocio si lo veis tan claro amigos sexólogos, o a vosotros si tenéis vuestras academias de artes varias vacías, reciclarse o morir...

Pero ahora ya en serio (no sé si podré), volvamos al comienzo de este zafarrancho de letras. Hablaba más arriba de ese delicioso pastel y los ojos golosos que lo contemplaban. Si bajamos a las cavernas del conocimiento y analizamos la secuencia del pastel con detenimiento observamos lo siguiente: una mujer deseosa que mide, a saber; si me como este pastel que me ofrecerá verdaderos momentos de éxtasis, tendré que pagar una factura muy alta cuando me ponga mi magnífico bikini y parezca que lleve un flotador tatuado en la cintura. Automáticamente da un paso al frente, se aleja de la tienda de los pecados y se sumerge en sus quehaceres cotidianos, no sin mala cara y un cierto grado de estrés añadido.
Ahora transportemos esto a nuestro tema central. Imaginar a ese misma mujer (y cuidado que no se comió el pastel y tiene cierto enojo ya instalado) delante de su cama. Sabe perfectamente que momentos también de éxtasis se dibujan bajo esas sábanas, pero mira a su alrededor y ve lo siguiente: unos calzoncillos arrugados al lado de la mesita, arropados cariñosamente por unos pantalones enmarañados aún cogidos a unos calcetines, al lado de unos zapatos boca abajo y sucios. Levanta la cabeza y oye, para su horror, un estruendoso pedo que sale del baño y un gruñido que la asustaría si no supiese perfectamente a que animal pertenece. El resto del día imaginarlo como queráis pero el resultado está cantando. Esta pobre mujer mide y por supuesto actúa en consecuencia.

Seguramente la próxima tarde cuando pase por la pastelería entrará sin levantar la cabeza y se sumergirá en las delicias del chocolate para elevar su ánimo, porque su libido necesitará toneladas de lo que no encuentra en casa para florecer como merece.

Gestos pequeños tienen resultados asombrosos. Probarlo.

Normalmente todo es más fácil de lo que parece.



domingo, 1 de noviembre de 2015

Amistad en conserva

Hablar de amistad es algo así como hablar de la vida misma. Como seres que nos relacionamos necesitamos saborear la amistad, sentirla, compartirla, sufrirla e incluso perderla para aprender a valorarla. Y cuando digo aquí perderla no me refiero únicamente a transformarla en enemistad u odio, sino a lo que ocurre en muchas ocasiones cuando la mantenemos en conserva por no vivirla, bien sea por motivos de distancia, falta de tiempo...

Y se me antoja que es esta una característica que nos permite conocer el verdadero grado de relación entre dos personas para que podamos hablar de verdadera amistad. Me explico. Está muy claro que los intereses de las personas van cambiando a lo largo de la vida al tiempo que se van sucediendo etapas que imposibilitan mantener ciertas relaciones con la asiduidad que nos gustaría. Pero ni el tiempo ni la distancia pueden desvalorizar una amistad auténtica, ésta seguirá su curso cuando los caminos se vuelvan a cruzar. Es precisamente en este momento de reencuentro cuando puedes medir con bastante certeza el grado de amistad que te unía con esa determinada persona. Llegada la ocasión sabrás si realmente se trataba de amistad verdadera. Si lo era el resultado es obvio: intentarás dentro de las posibilidades que la vida y situación te permita, acentuarla al máximo para así disfrutarla. De diferente manera, dejarás que la situación siga su curso tal y como pasaba hasta ese momento.

Disfrutar de una relación que no responde a intereses, que te ayuda a duplicar las alegrías y a dividir las angustias, que no viene impuesta, que no entiende de contratos, que comparte la alegría y actúa en la desgracia, que respeta los silencios y no conoce la envidia es un don que si tienes la suerte de compartir debes “impedir que crezca la hierba en su camino”, como nos decía el sabio Platón, regándola tanto como puedas: no hay mejor cosecha que una buena amistad.

Hastahora

martes, 20 de octubre de 2015

Independentistas no entiendo nada


Pasadas las elecciones catalanas el desconcierto provocado por los resultados cada día me llama más la atención. Si bien fueron unas elecciones en toda regla, en carácter plebiscitario que le otorgaron los catalanistas está quedando a día de hoy en un "cuento chino". Estos comentarios, lamentablemente, van a disgustar tanto a los separatistas como a los que votaron a partidos ajenos a esta idea. Pues bueno, me quedaré solo.

Por una parte, si las elecciones para Junts pel Si y la CUP tenían un marcado talante plebiscitario ya que se ponía en juego el inicio imparable del "full de ruta" hacía la independencia, no entiendo ahora en absoluto el desencuentro para tirar adelante su proyecto. Si eran unas elecciones con un talante muy determinado, éste debería estar muy por encima de todo lo demás en estos momentos. Lo demás, señores de la CUP, ERC i Convergència son cuentos chinos. Inicien su proyecto si lo tienen tan claro y después hagan sus propias elecciones para votar proyectos. Ahora no hay proyecto unitario…bueno sí, el de su independencia.
Por qué me pregunto, si no fuera así, ¿habría siso necesario celebrar estas elecciones? Cuantas cosas mal hechas y que malas soluciones, señores. ¿O es todo un cuento chino? Repito.
Está meridianamente claro que los intereses de ERC y Convergència son diametralmente diferentes en casi todo menos en el tema de la independencia. ¿Es tan difícil de entender esto?, señores de la CUP. Yo no entiendo nada. Cuanta tontería en tan poco espacio.
Para colmo proponen, a ver qué pasa, como presidenta del Parlament a una persona totalmente ajena a los intereses de media Cataluña. Cuantos despropósitos seguidos. No se preocupen señores políticos, no pasará nada. Este país está a años luz de tener criterio. Aquí vale todo. ¿Hasta cuándo? Ya veremos.

Estoy convencido que muchos independentistas entenderan perfectamente lo que aquí expongo, razón por la cual aquellos que no votaron a partidos que estaban por la labor verán estas letras como apologéticas del independentismo. Me gustaría aclarar esto. Son solamente ideas que buscan razones, no razonamientos amparados en ideas absurdas por fuera de tiempo y lugar. Señor President en funciones, ahora "no tocaba".
Hastahora





jueves, 15 de octubre de 2015

Sociedad estresada

Hace unos días oí un comentario que decía algo así como que vivimos en una sociedad estresada. Lo cierto es que razones no faltan para pensarlo y ahora voy a tratar de apuntar una de las mil y una que lo justifican.

La generación inmediatamente anterior a la nuestra gozaba de un privilegio que a día de hoy, sin lugar a dudas, hemos perdido. En casa, como norma general, el padre trabajaba fuera y la madre se ocupaba de las labores del hogar. Esto hoy parece pertenecer al pasado e incluso para muchos perfectamente superado. Supuso la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Hasta aquí todo perfecto.

Pero me da la impresión que nadie puede negar que se rompió cierto equilibrio familiar. Había un orden del que se carece hoy y nos precipita a una carrera continua por conseguir llegar al final del día con todas las tareas hechas. No pretendo ser tachado de machista, mis intenciones van por un camino muy distinto. De hecho yo mismo preferiría sin lugar a dudas poder ocuparme de la familia y de todas las tareas relacionadas. Pero hoy la situación obliga en la mayoría de los casos al trabajo externo de ambos progenitores.
Lo que intento decir es que nos guste o no, la dedicación y el tiempo que se podía otorgar a los hijos y al hogar propiciaban una armonía familiar mucho más relajada y organizada. En este sentido no podemos considerar una conquista social la situación actual, más bien al contrario.

Para complicar aún más las cosas, y aunque hay de todo, todavía en la mayoría de los hogares el mayor peso de las ocupaciones de casa recae en las mujeres. Es muy bonito pensar en la pareja que se reparte los trabajos del hogar, o incluso en las que el hombre ejerce un mayor porcentaje, pero lo cierto es que la cruda realidad dibuja una situación bien diferente. Y lo curioso es que son las propias mujeres, en muchas ocasiones, las que desdibujan la realidad encumbrando a sus parejas absurdamente. Supongo que no querrán pasar por tontas…o demasiado tontas. Mujeres al borde de un ataque de nervios es lo que otorga a nuestra sociedad ese toque de estrés que todos llevamos dentro. La mamá que siempre estaba en casa, que se ocupaba de que todo estuviese a punto y que el hogar oliese a más hogar, se esfumó. Los tiempos cambian y es lógico que la mujer reclamase su lugar en el mundo laboral, con todas las connotaciones positivas, sin lugar a duda, que supuso para ellas: libertad, elección, autosuficiencia…

Lo cierto es que seguiremos evolucionando e intentaremos conciliar mejor la incorporación de la mujer al mundo laboral externo, -por suerte para ellas, sobre todo-, con medidas que ya se vislumbran. Entre ellas, la que parece más cercana es la exención del trabajo pero no del sueldo para uno de los progenitores. Y ojalá llegue a durar hasta los 12 años del hijo, por el bien de nuestra sociedad estresada.
Hastahora


Estupideces organizadas

No deja de llamarme la atención la cantidad de cosas que hacemos cada día por la simple razón de que las hacen otros. La cosa no iría más allá si además tuviesen sentido y fuesen razonables. Pero no, siento comunicar que no es así en demasiadas ocasiones. Es decir, el simple hecho de hacer algo porque muchos otros lo hacen ya lo justifica. ¡Tremendo criterio de autoridad! Somos unos borregos, no cabe duda señor Nietzsche.

Las modas podrían ejemplificar claramente lo que aquí digo. Esos zapatos que ahora tienes en los pies mientras lees esto, seguramente los dejarás de lucir cuando casi nadie los lleve. Pero bueno, esto de las modas es hasta rentable para una sociedad como la nuestra, pero ahí no queda la cosa, por desgracia. Hubo un tiempo -no hace mucho- en el que hipotecarse hasta las cejas estaba de moda, todo hijo de vecino lo hacía. A nadie se le ocurría imaginar que hipotecas que superasen los 12 años y un tercio de sus ingresos eran una auténtica ruina para su bolsillo... éste no tenía fondo. ¿Y cómo no?, si mi vecino lo puede hacer y además se compra un coche nuevo, que cojones¡… al lío. Y así nos va. 

Luego vinieron las quejas y las seguidas culpas, que como siempre eran del otro, en este caso de los bancos. Pues no señores, no eran de los bancos. Por lo menos yo no recuerdo que nadie me obligase a firmar una hipoteca que era más una sentencia de ruina que otra cosa. Por ello necesitamos ciudadanos y ciudadanas maduros, formados y sobre todo, con criterio propio. Pero eso es un tema muy extenso para otro rato, y se llama educación.
Circunstancias como esta aquí descrita en nuestra sociedad son incontables, así que no aburriré a nadie más de la cuenta...si no dirán que hago esto porque muchos otros lo hacen.

Los que hayáis sido papás o visitéis parques infantiles, fijaos la cantidad de veces que a un niño se le dice: Pepito, no hagas eso, ¿no ves que Juanita no lo hace?...Y entonces los niños se hicieron hombres...

Simplemente os invito a observar a aquellas personas que habitualmente sus círculos las describen como auténticas. No es que el resto sean de mentira, quizás simplemente es que tamizan toda la información que reciben y actúan con criterio propio. Vamos, que no necesitan mirarse en el espejo de los que les rodean para tomar sus decisiones. Normalmente, este simple y sano ejercicio les conduce a razonar y reflexionar, que no es poco. Y normalmente, aciertan. 
Hastahora..

lunes, 5 de octubre de 2015

Depencia de la Independencia

Si somos capaces de mirar con frialdad todo lo que nos rodea e intentamos analizar objetivamente lo que vemos, sin pasiones, sin sentimientos, sin sumas o restas que nos arrastren a planteamientos parciales, el resultado que obtenemos creo que nos pondrá a la inmensa mayoría en la misma dimensión. Me explico. Para el caso lo mismo dará que seamos catalanes -como soy- que extremeños, murcianos o gallegos. Partamos de la base que somos simplemente habitantes de un espacio geográfico determinado, institucionalmente llamado España como forma de Estado. Nada más, no pido nada más hasta aquí. No es lo que uno siente, sino lo reconocido legalmente: España, autonomías y DNIs, aunque no lo reconozcamos como propio.

Pues bien, ante este panorama aséptico la realidad que contemplamos todos es la misma y unánime: una España que deja muchísimo que desear. Sea cual sea tu lugar de nacimiento, si miras con ojos sinceros verás una realidad social y política bastante despreciable. Hemos llegado a un punto de incomprensión de lo que significa democracia y ciudadano difícil de superar.
Cuando dije un poco más arriba España, me refería a la realidad que se da, día a día, en Cartagena, Besalú, Antequera o El Ferrol. Es decir, en cualquier punto de nuestra geografía se respira este ambiente caótico y aprovechado, desleal e hipócrita. Desde luego no será yo quien diga que no tenemos una clase política deshonrosa; lo es y mucho. Pero lo es y mucho aquí y allí, al norte y al sur, al este y al oeste, y por supuesto en el centro. Y también es justo decir que no lo son todos, pero sí demasiados.

Pero no por ello debemos obviar que tenemos la clase política que nos merecemos. Extraño sería pensar que siendo como somos, -una ciudadanía mediocre, que deja mucho que desear en demasiados aspectos-, gozáramos de unos políticos de altos vuelos. Eso no puede ser ni aquí ni en ningún sitio.
Si en otras latitudes, y está claro que la perfección no existe, los dirigentes practican un hacer más honrado y responsable, éste es el resultado de todo un proceso que engloba a toda la sociedad en su conjunto. Ni nuestros políticos cabrían allí, ni ellos como ciudadanos entenderían ni tolerarían a nuestros políticos.
Y lo dicho es absolutamente cierto para todos, sin excepciones. Una mirada honesta es imposible que pueda negar esta premisa.

De aquí se extraen dos conclusiones bastante interesantes. Por una parte, la solución a esta situación que nos engloba a todos no está en partir la manzana ya podrida en toda su circunferencia. Pensar a estas alturas que el gusano sólo asoma por un agujerito y que nuestra zona de la manzana esta indemne es ser muy iluso. O pensar que si nos quedamos con un trozo de manzana ya llena de gusanos tendremos más fácil el camino, es como mínimo sospechoso. Y por otra, la premisa nos debería obligar, sin excepciones, a replantearnos de manera global la solución a tremendo desaguisado. 

El borrón y cuenta nueva es poco efectivo por imposible, pero siempre nos quedará la opción de refundarnos desde donde más efecto tendrá aunque el camino sea lento y en principio aparentemente poco rentable, y hablo de educación. En nuestra situación sólo un planteamiento que supere ideologías, partidismos, intereses de poder o de cualquier tipo en una reformulada Educación Reglada nos catapultará hacía un nuevo escenario tan necesario. Posiblemente será una solución que requiera muchos años, casi un cambio generacional, pero sólo si se comienza ahora y no se sigue parcheando la situación saldremos de este bucle inacabable y pernicioso.
Todos los políticos, y no me refiero ahora a los gobernantes, deben ser capaces de formular con la ayuda de los que conocen mejor que ellos la materia, un Sistema Educativo con miras globales, por encima de partidismos e intereses mezquinos, dónde un proyecto de ciudadano cooperativista y democrático sea capaz de desarrollarse sin sucumbir a postulados pedagógicos deshonestos y desleales. Esto no es una utopía, es una realidad que necesita ser implantada con carácter de urgencia si queremos salir de la parálisis en que nos encontramos.

Si se intenta solucionar el problema desde perspectivas restringidas, unilaterales o parciales, como la dependencia de la Independencia que se propone en Cataluña para solucionar la situación, la guerra está perdida antes de empezarla. Hay un aspecto importante que debemos tener en cuenta todos: de ESTA España es lícito que un catalán quiera independizarse, como también lo es que quieran hacerlo un manchego o un asturiano. Pero aquí el problema no es España, sino el ESTA que la precede del que todos formamos parte, como señalaba más arriba.
El problema de Cataluña no es España, o si lo es lo tiene tan arraigado es su ser como la misma España.
No es este un panfleto en contra de la independencia, sino más bien un recordatorio de las miserias que nos han llevado a dónde estamos y de su única e ineludible solución.
En otro contexto podríamos hablar de independencia, de manera honesta y consensuada, en la que un pueblo realmente democrático ejerciese con criterio unas demandas no basadas en oportunismos y la total ciudadanía ejerciese su derecho, con criterio y sensatez.

Nuestros problemas actuales van mucho más allá de la situación-relación en que se encuentra el pueblo catalán (realidad, por otra parte, que hay que abordar). Atañen a toda España y su solución requiere otros planteamientos mucho más lúcidos, juiciosos y reflexivos a la luz de la realidad actual.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Comienza el curso...y algo más


Un año más nos encontramos de nuevo con el nuevo curso escolar. Este año se presenta en Cataluña  de la mano de unas elecciones que pretenden solucionarlo todo apostando por nada. Ya veremos.

Pero vayamos al caso y empezaré con un ejemplo culinario. Imaginemos que queremos preparar un buen plato, para el caso da igual cual, y por supuesto pretendemos que nos salga sabroso y apetecible. Lo primero que tendremos que hacer es elegir bien nuestros ingredientes y en las proporciones oportunas. Luego la maña y el buen hacer harán el resto. Traspasando ahora el ejemplo a la educación que tanto preocupa pero de la que nadie se ocupa, vemos claramente que los ingredientes fallan y las proporciones, si cabe, todavía más.


Si perdemos un segundo de nuestro preciado tiempo y miramos a nuestro alrededor buscando que hacen por ahí, lo primero que observamos es que los ingredientes que conforman el guiso educativo son muy diferentes de los que tenemos en nuestras despensas. Y estos ingredientes, no lo perdamos de vista, son la propia y total ciudadanía. 
En materia de educación cargar las culpas contra profesorado, administración, inversión, alumnos, padres o lo que sea por separado es tremendamente erróneo. Éste, el educativo, es un proyecto integral en el que hacemos aguas por todos los frentes y atacarlos unilateralmente, como normalmente hacemos, es tarea estéril y nada más ayuda a esconder las propias vergüenzas.   

No es casualidad que en Finlandia las familias visiten en masa las bibliotecas los fines de semana, su departamento de educación elija a lo más granado y mejor para desarrollar la labor docente y la Administración considere absolutamente prioritaria la educación para el desarrollo social y económico del país. Todos forman parte del sistema educativo y se responsabilizan de manera activa en su desarrollo hasta convertirlo en la espina dorsal de su sociedad. Esto es lo que tenemos que copiar de su hacer; no el cómo lo hacen, sino por qué lo hacen. Seguramente tenemos aquí personal cualificado para encontrar la manera de darle buen gusto y sabor a la educación, pero para ello todo el mundo debe aportar sus ingredientes indispensables. Me podría extender aquí al respecto, pero creo que ya hay en estas cuatro líneas carga suficiente como para preocuparnos, aunque la mayoría ni tan sólo llegaría a sonrojarse. Será por el Sol, que nos tiene curtidos... creo que más bien es porque siempre hay otro al que poder echar la culpa...aunque sea el mismo Sol.

Si estas cuatro letras hablasen del peinado de un futbolista o de la manera de vestir de algún personaje de la televisión masiva, por poner algún ejemplo, seguramente tendrían muchísimo más eco del que tendrán por hablar de educación. Para ello creo que no me quedaría más remedio que subirme en pelotas a la Sagrada Familia y vociferar lo que aquí digo incansablemente; quizás entonces, cuando todo el mundo se cansara de verme, empezarían a escuchar lo que digo y alguien se pondría las pilas. Ojalá que, -sin esta parafernalia en la que sinceramente no me veo- estas letras levantaran ampollas a su favor o en su contra, para el caso daría igual, pero seguramente como mínimo serviría para que nos empezáramos a preocupar de lo verdaderamente importante, señores y señoras votantes, señores y señoras votados.




lunes, 14 de septiembre de 2015

Fútbol Base en Cataluña...me da que pensar

En más de una ocasión nos encontramos con medidas que atentan contra el sentido común pero que perduran porque nadie las cuestiona: se convierten en norma por la sencilla razón de que siempre ha sido así...ya nos vale.

El caso que quiero hoy poner sobre el tapete es un poco diferente, pero simplemente porque es la antesala de lo que menciono más arriba.
La temporada pasada la Federació Catalana de Futbol se sacó de la manga un pago de 10 euros(o algo más) por afiliado en concepto de gestión de la nueva página del federado del fútbol base. Se oyeron voces (incluso de políticos) reclamando el sentido y justificación de algo tan anómalo y extraño, pero no pasó de ahí. Si se hacen números se verá que es un dineral, -hablamos de millones de euros-, que poco tienen que ver con la potenciación de actividades deportivas. Simplemente había una posibilidad magnífica de conseguir dinero fácil y se puso en marcha. Miles de niños y niñas juegan a fútbol es igual a aprovechemos la ocasión y saquemos tajada, sin más.

En la temporada que ahora empieza el tema se ha refinado un poquito más: ahora no se pagan gastos de gestión, claro que no, ahora se paga la afiliación al futbol.cat y son más de 12 euros. Magnífico. Ole, ole y ole... ya está instaurado un pago que recoge cerca de 10 millones de euros y que irá subiendo y que nadie se atreverá a cuestionar por la sencilla razón de que es ASÍ...YA NOS VALE.

Pero lo que más me llama la atención no es que algunos se aprovechen mientras pueden, eso lo vengo viendo desde que aprendí a conjugar el verbo aprovechar, sino la impasibilidad total del pelotón. Eso sí, se vocifera en las gradas o bares de los clubs de fútbol sobre el tema, pero se paga cual corderitos entran al matadero, todos en sus casitas delante del ordenador, tarjeta en mano y robo consentido.


De todas formas, seguramente estoy profundamente desinformado y alguien tendrá la gentileza de informarme y ponerme al corriente de este nuevo pago, supongo que irrenunciable e incuestionable. Doy las gracias por anticipado...mientras pago si quiero que mi hijo juegue. Alguien habló de chantaje?

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Tribunal PPcional

Lo menos importante es que se intente "dotar" al Constitucinal de una mayor operatividad, lo grave es la actitud de un formación política que día tras día aumenta el sentir independentista de muchos habitantes de Cataluña. No somos hijos de la tierra, somos el resultado de todo un proceso madurativo de luchas y muertes, de avances y sufrimentos de muchos que pronto olvidamos y culmina en lo que llamamos Estado de Derecho. Que no se les llene la boca de memeces a cuatro desautorizados con poder por defender algo que no tienen ni la más remota idea de su significado y trascendencia.
Y por Dios, la virgen o la Santa Inquisición, más cerca hoy que nunca de todos nostros, que alguien modere a un señor Albiol y tantos otros que se convierten en el estandarte de la decadencia política más profunda que nos rodea.

Si la autoridad se reconoce y se respeta, desde Madrid se gana el gobierno el desprecio con medidas de poder que sólo sirven para fortificar el doliente independentismo catalán.

No existe mayor mal y desprecio hacía un Estado que parte del mismo no desee formar parte de él. Es como el padre que ve como parte de su familia desea estar cuanto más lejos, mejor. No me siento independentista, o lo siento en la medida que otros de otras parte de España se sientan avergonzados de sus vergonzantes mandatarios. Con medidas como estas, -y repito no por ellas en sí mismas sino por las formas que rezuman-, es por lo que incluso un extremeño podría terminar deseando la independencia. Que triste señorías...indignas.




martes, 14 de julio de 2015

Estúpidas exigencias


La exigencia siempre debe ir unida a la idea de necesidad; de cualquier otra manera se convierte en una especie de tormento (estúpido) que nos convierte en seres abocados a la infelicidad.

Es perfectamente saludable que seamos exigentes con todo aquello que nos hace necesariamente ser mejores personas en busca de la excelencia. En nuestros estudios, en nuestro trabajo, en nuestro día a día es lícito y obligado que intentemos hacerlo cada vez mejor. Ser buen estudiante, compañero de trabajo, amigo y pariente son premisas que sin dudarlo harán nuestro recorrido por la vida muchísimo más grato y amable. Las exigencias desde este punto de vista, que nos imponemos con el fin de ser mejor persona en nuestra relación como ser humano que convive, son garantía de éxito personal. Y aquí éxito no hace sólo referencia a la meta individual que pasa por encima de lo colectivo; más bien se refiere al éxito de cada uno de nosotros como ciudadanos, como seres que convivimos más allá de intereses personales que no contemplen la mirada hacía el otro.

Pero hoy aquí pretendo hacer una llamada de atención hacía aquellas exigencias absolutamente innecesarias que nos imponemos: a las temibles y terribles estúpidas exigencias.
Demasiadas veces nos mostramos inconformistas, arrastrados por una exigencia con poco o nulo fundamento (es decir, totalmente innecesaria), que de manera patológica y por hábito, nos arrastra hasta estados de sufrimiento gratuito y muy dañino. O sea, nos convierte en seres infelices.

Cada cual puede hacer un recorrido por todas y cada una de las exigencias que se autoimpone y/o impone a los que le rodean, con el fin de analizar hasta qué punto son necesarias y le reportan algún tipo de beneficio. Seguramente este sano y sencillo ejercicio librará a más de uno o una de unas cadenas de tormento estúpidas y francamente dañinas.

Por poner algunos ejemplos, podríamos pensar en la temible exigencia que nos impone el archiconocido consumismo. Todo lo material adquiere un valor superlativo que nos EXIGE consumir más allá de la necesidad: móviles, ordenadores, coches, electrodomésticos...se convierten en el opio que nos mantiene contentos...durante un rato. Otra de las terribles exigencias podría ser la moda. Que algo esté de moda no tiene ningún inconveniente, el problema aparece cuando la moda en cuestión te aboca a exigir lo que no toca o es innecesario. ¿Si no estuviese de moda, me habría interesado? Hay que ser como mínimo cauteloso con las modas, simplemente te ahorras muchas exigencias estúpidas.
Luego están las mil y una exigencias estúpidas que nos hacemos cada cual, sin saber bien porque, pero que en la mayoría de las ocasiones la costumbre, el hábito, se encarga de recordarnos sin falta: la exigencia de pesar x, la exigencia de visitar cada año tal o tales sitios como mínimo, la exigencia de procurar ser feliz aunque el hecho de exigírmelo me haga totalmente infeliz, la exigencia de ser simpática con la suegra que termina convirtiendo la relación en un postín, la exigencia de exigir sin saber bien que exijo...sería inacabable.
Merecen mención aparte las exigencias conyugales. Muchas relaciones se fundamentan en un continuo exigir al otro. Pero además, no se exige cualquier cosa, precisamente se exige lo que se sabe a ciencia cierta que el otro nunca tendrá o te dará o lo que más le jode. Como es lógico, si no se recibe lo que de manera sistemática se pide o te piden lo que te joroba, ya la hemos liao. Si tu marido es torpe, se le exige que arregle lo que sabes que romperá. Si es hábil, se le exige que colabore más en casa. Si colabora, lo hace porque no sabe hacer nada. Si es cariñoso, se le exige que no lo sea tanto porque seguro que busca algo más. Si no es cariñoso, se le exige que lo sea si quiere algo más. Si tu mujer trabaja fuera de casa, se le exige que la casa no la olvide, como si viviera sola. Muchos se acuerdan a menudo de lo bien que cocinaba su madre, pero tú a la cocina, nena. Algunos incluso hacen una paella el domingo y ya son los reyes de la cocina: y el lunes, el martes, el miércoles...exigen que por mandato divino su mujer esté a la altura culinaria de su única receta (que además les enseñó su madre, para desconsuelo de la nuera). Cada pareja tiene sus estúpidas exigencias que seguro que si se analizan conjuntamente, serán motivo de risas compartidas que harán mucho más grata la velada...Por supuesto existen parejas que han superado esta guerra de trincheras, faltaría más. Y me atrevo a decir que son éstas precisamente las que todavía no forman parte de esa estadística creciente de parejas separadas...o como mínimo ayuda para que así sea.

Y ojo, las estúpidas exigencias pueden no dejarte apreciar el verdadero valor de lo que tienes.

Pues eso, hay que ser exigente, pero solo lo necesario...que no es poco.

lunes, 11 de mayo de 2015

Año de Elecciones

Se acerca el comienzo de un año marcado por elecciones. Desde este modesto y pequeño rincón de la red os invito a ejercer vuestro derecho a elejir entre las tristes opciones que tenemos.


Digo triste como podría haber dicho cualquier otra cosa. De todas formas no dudo que puedan haber sanas intenciones entre bastantes de los que se presentan, pero son demasiados los que enturbian nuestro panorama electoral.

Y es esto último lo que más me entristece, pues no son otra cosa que el fiel reflejo de la sociedad en que vivimos, ni más ni menos.

Así que te invito también a reflexionar y a que te plantees cada vez que digas que no hay opción buena tu parte de responsabilidad en ello. Duele responsabilizarse de lo mal que lo hacen aquellos, pero todavía es más triste y mezquino pensar que nada tenemos que ver con toda esta historia.

Es precisamente la basura que arrastra la sociedad en su conjunto la que no deja limpiar la escoria política que nos rodea, que como digo es demasiada.

La coartada de muchos para comportarse de una manera más que cuestionable al alegar que los políticos roban más o son menos éticos, es la razón que alimenta el ansia de estos y los salvaguarda de tener que rendir cuentas ante un pueblo demasiado viciado.

Es la maldita pescadilla que se muerde la cola. ¿Cómo se rompe este ciclo?


domingo, 3 de mayo de 2015

Deporte Nacional

Hace unos días leí en un diario que el deporte nacional era el fútbol. Posiblemente sea el deporte más seguido por el conjunto de los ciudadanos españoles, eso no lo pongo en duda, pero lo que si cuestiono es que sea el deporte más practicado.

Si recogemos la acción que más se repite entre el conjunto de pobladores de nuestra querida España, sin lugar a dudas tendremos que rendirnos ante la supremacía del engaño compartido.

Cuando hablo de engaño compartido se puede leer como picaresca, estafa, "tonto el último", aprovechamiento del sistema, defraudador... vamos, cualquier acción ajena a la propia de unos verdaderos ciudadanos.

Con estas palabras no intento restar importancia a la falta absoluta de toda ética de nuestros dirigentes políticos o demás poderes del sistema. Pero lo que de ninguna manera podemos hacer es usar como coartada la existencia indeseable de estos para salvaguardar o justificar nuestras vergüenzas, que no son pocas.

Yo os invito desde aquí a mirar a vuestro alrededor más cercano y evaluar lo que veis. La trampa tanto al prójimo como al sistema es el deporte nacional que practicamos de forma magistral sin inmutarnos, casi sin darnos cuenta por tenerla tan interiorizada, pero ello no nos coarta lo más mínimo para demandar que los otros lo hagan todo bien... que digo bien, perfecto.
Defraudar a Hacienda, aprovecharnos de las ayudas del sistema, aportar lo mínimo y exigir lo máximo, buscar culpables ajenos de males propios...lástima que siempre exista un otro cuya mera existencia esconda todas las miserias del primero, y viceversa. Tremenda y dañina estupidez.


La obra picaresca por excelencia, El Quijote, lo único que ponía de manifiesto era lo loco que estaba el mundo a los ojos de un loco absolutamente cuerdo de honestidad y honorabilidad. Nos hemos quedado en la picaresca que nos transmitió Cervantes haciéndola baluarte nacional, sin evaluar o considerar lo que nos quería transmitir: un mundo de vergüenzas compartidas que un loco de honestidad absoluta quería transformar.

De alguna manera, y volviendo ahora a nuestros dirigentes, tenemos los políticos que nos merecemos, ni más ni menos. ¿O acaso alguien piensa que son seres alienígenas que vienen de no se sabe donde? Pues no: son personas que nacen de un caldo de cultivo poco trabajado y todavía menos honesto.

La salida a tremenda situación viene desde las bases, desde una educación que mire más allá de la inmediatez y del éxito individual. El éxito de un grupo de ciudadanos solo se consigue si se trabajan cuestiones tan básicas como la cooperación, la tolerancia, el respeto a lo ajeno como si fuese propio y tantas otras consideraciones que hoy brillan por su ausencia.
Señores y señoras que mandan, señoras y señores que no mandan...NO LO VEN¡¡¡


martes, 21 de abril de 2015

Me crispa y me hastia

Está claro que en este país no importa lo que se diga sino quién lo diga. Son más importantes los personajes que los mensajes. Las verdades sólo tienen valor depende de quien las diga. Vamos listos. 

Esto tiene un nombre muy antiguo que es argumento ad hominem, y es una falacia que consiste en presentar como falsa una argumentación o afirmación por el simple hecho de ser de tal o cual persona. Vamos, que ni se molestan en rebatirlo o considerarlo por pertenecer a una boca de poca autoridad en la materia por los entendidos de tres al cuarto que así lo manifiestan.
 
¿Y quiénes son estos entendidos de tres al cuarto? Está muy claro también: son nuestros políticos mequetrefes y el periodismo basura que les acompaña; entre ambos se reparten insensateces propias de miopes neuronales profundos. Y además son capaces de darle la vuelta a la argumentación ad hominem para hacernos creer que por ser quienes son tienen razón. Benditos cuentistas y panda de botarates. Y lo penoso es que lo consiguen en gran medida.

Un caso concreto de lo que escribo son los acoso y derribo que han manifestado a mandíbula batiente contra Willy Toledo, actor y más intelectual que muchos de ellos, que por no pertenecer ni congregar con su rebaño, no ha sido merecedor de ser escuchado, no hacía falta...
Señores políticuchos y periodistillas, no veis que otros han dicho lo mismo pero todavía con más fuerza y calláis solemnemente. Sinceramente dais pena y asco. 

Pasen, vean y juzguen ustedes mismos.

VOCACIÓN Y PROFESIÓN EN LA ENSEÑANZA

Seguramente en más de una ocasión habréis oído esa cantinela según la cual el que no vale para… se mete a maestro. Y seguramente su parte de verdad tendrá, como casi todo, aunque convendréis conmigo que es bastante iluso pensar que siempre es así. Bien al contrario la mayoría de nuestros maestros y maestras lo son porque así lo decidieron y por supuesto, querían.

De todas formas, aunque nada más ocurra en contadas ocasiones, lo cierto es que el desperdicio de energías que provoca cuando se da es enorme. El docente que no sienta, aunque sólo sea en una medida razonable, cierto “amor” por su profesión, está condenado a un infortunio considerable además del añadido de sus alumnos, que dicho sea de paso, es el que más me preocupa.

Pongamos por caso que aquella mente lúcida aspiraba a ser una bióloga enfrascada en investigaciones más que sugerentes para ella. Pero no, no era tan lúcida como pensaba o la suerte no le acompañó, y acabó dando clases en no sé qué centro de algún pueblo cualquiera.


La propuesta aquí es muy simple: cuando te falte vocación para enseñar, tira de la profesionalidad. Quizás si estos entienden, aunque sea desde una posición aséptica, la importancia sublime que tiene para todo pueblo la formación y educación de sus menores, provocará menor descalabro el docente que acabó dando clases por ganar un sueldo si consigue implicarse totalmente aunque sólo sea por defender su profesionalidad.

Y con suerte, si todo va bien, tal vez incluso algún día entre en su aula un alumno que se llame Vocación.


martes, 14 de abril de 2015

Disciplina y Hábito...extraña pareja...y potente.

Estas letras van dirigidas a vosotros estudiantes, a vosotras mujeres trabajadoras, a vosotros papás, a vosotras mujeres que gobernáis, a vosotros que ya no trabajáis, a los jóvenes, a los ancianos, a...a todo el mundo.

Los hábitos son aquellas cosas que como dice la palabra hacemos habitualmente. Aunque sólo sea por esta incansable repetición se convierten en acciones que requieren un esfuerzo mínimo, vamos, que las hacemos sin sentir, como se dice. Eso está bien, pero claro, como todo tiene sus contraindicaciones.

Fácilmente nuestros hábitos terminan perfilando nuestra manera de ser, y eso es muy lógico, pero estamos tan habituados a llevar a cabo determinadas acciones que pasamos por alto cuestiones a las que deberíamos prestar, como mínimo, más atención. 

Hablemos ahora de disciplina. Ésta sería llanamente la capacidad de hacer lo que no nos gusta. Es decir, una persona golosa por disciplina no se come un pastel trufado, sino que más bien dejaría de hacerlo. Así, ¿qué pasaría si con un gran esfuerzo y la enorme disciplina que requiere realmente dejará de comer pasteles y golosinas? Dicen los entendidos en la materia que pasado un tiempo, que incluso son capaces de datar, la disciplina se transformaría en nuevo hábito.

Tenemos así la siguiente serie. Hábito, disciplina, nuevo hábito.

Está bastante claro que los hábitos, que nos resultan cómodos y conocidos, no los vamos a abandonar sin más, son parte de nuestro patrimonio personal... Pero claro, los hábitos no aparecieron de la nada. Antes de instalarse y hacernos la vida un poco más cómoda, tuvieron que pasar su prueba de fuego, es decir, nos tuvimos que habituar a ellos. En otras palabras, tuvimos que disciplinarnos hasta asumirlos como propios.

Lo verdaderamente interesante de todo esto no es que sea así, eso es lo que menos me importa ahora, sino las contraindicaciones que mencioné más arriba y que no debemos pasar por alto.

Contraindicaciones de los hábitos: que una vez instalados en ellos confortablemente no seamos capaces de ver más allá de la inmediatez a la que nos pueden someter.

Mundo en general, no debemos ser tan miopes que no veamos que nuestros hábitos, buenos y necesarios, deben estar en continua revisión y pasar por el tamiz de la poco deseada disciplina, llegado el caso, que aunque dura y angulosa, nos permitirá aposentarnos en confortables nuevos hábitos, seguramente más convenientes y provechosos para todos.

La mala disciplina, ojo, da sus frutos: malos hábitos. Pero esa es otra historia.

Sólo la buena disciplina es capaz de conseguir que algo que en un principio nos resultó tedioso se convierta en provechoso hábito.


Estudiantes, gobernantes, jubilados, amos de casa, políticos, empresarias, jueces, barrenderos… ¿tenéis hábitos por revisar?

jueves, 9 de abril de 2015

¿Qué harías si te quedara sólo un hora de vida?

Ante esta fatídica pregunta, la respuesta arroja más luz si no estás en esa crítica situación que si realmente lo estuvieses.

Si nos encontraramos realmente alguna vez en esta situación, creo que todo sería ya tan relativo que pasaría a un segundo plano de manera automática.

De diferente manera, si nos hacemos esta pregunta sin encontrarnos en semejante tesitura, adquiere de pronto un valor que la hace especialmente interesante. Me explico.

Si te la haces y ves urgencia en hacer cosas tremendamente interesantes o importantes que no has hecho o te maldices por no haber llevado a cabo todo aquello que querrías, es que algo falla soberanamente en tu vida.

Si de diferente forma, al hacerte esta pregunta tu respuesta es asumirla con resignación y todo el fastidio que conlleve, pero no sientes una urgencia imperiosa por hacer todo aquello que no hiciste, lo cierto es que tu vida está lo suficientemente surtida hasta ese momento.

En ambos casos, por supuesto, aparecerá el fantasma de todo lo que me queda por hacer en ese futuro del que ya no formaré parte, pero la importantísima aunque sutil diferencia, es que en el primer caso lo hecho no llena, mientras que en el segundo la vida vivida está mucho más en concordancia con los anhelos del que la vivió.

Moraleja: el tiempo tiene un valor inconmensurable, no lo malgastes, no tiene recambio ni se puede comprar.

miércoles, 8 de abril de 2015

¿Por qué demasiadas mujeres dicen no cuando querrían decir sí?

Imaginaos por un solo instante un delicioso pastel rodeado de otros tantos tras el cristal de la mejor confitería que conozcáis. Y tras el cristal a alguna mujer golosa que se lanzaría sin pensar, pero se contiene porque estamos en abril y dentro de poco no quiere tener que preocuparse por esos incomodos michelines que no la dejan lucir sus mejores prendas. 

Por supuesto no voy a hablar hoy de pasteles, ni de michelines o primavera. Voy a intentar esparramar unas letras sobre una cuestión bastante punzante en nuestra sociedad: la reiterada queja compartida entre demasiadas parejas sobre el desencuentro en cuanto a la frecuencia de las artes amatorias... vamos, de acostarse no precisamente para dormir.

La introducción del pastel creo que no es en vano y arroja bastante más luz de lo que parece a primera vista. Pero vayamos por partes.


Primero busquemos argumentos naturales o naturalistas que justifiquen de alguna manera tremendo desaguisado conyugal o de pareja. La naturaleza es muchísimo más sabía de lo que pensamos. Existe en diferentes especies eso que se llama celo y considerando que nosotros somos una especie más del montón, se podría argüir que posiblemente quede alguna reminiscencia de ese celo en la mujer que la lleva a controlar, por decirlo suavemente, el deseo desenfrenado del hombre, ya que éste parece que carece desde el origen de los tiempos de ese período concreto de excitación propicia para el apareamiento; para el macho cualquier periodo es propicio. Bueno. Podría ser. Aunque entonces, ¿porque las madres con la socialización consumada en la que vivimos han perdido el instinto materno tan presente en otras especies?, y en cambio este del celo lo conservan, nos podríamos preguntar. A una mamá humana en el momento del nacimiento le cambian su cría y nunca lo sabrá, a otros animales ni lo intentes...

Luego esta Dios. Ahí hay poco que contradecir. Podríamos decir: en su inmensa sabiduría legó a la mujer el don de controlar una muerte súbita de la especie humana. De diferente manera hoy no seriamos 7000 millones, sino tantos que ya habríamos acabado hace tiempo con este planetilla que habitamos. Además fijaos que todo cuadra. Primero creó al hombre y cuando vio la tremenda bestia sexual que había fabricado, tuvo tiempo de rectificar al crear a la mujer y configurarla de tal manera que pusiera orden al asunto. Qué lástima que no crea en Dios, el tema estaría más que resuelto...cómo casi todos. ¿Será por eso por lo que no creo?

Luego está la opción que puede ser más real de lo que parece. A lo mejor es posible que no exista tal desacuerdo en cuanto a lo sexual y las señoras apacigüen sus ansias con otras parejas...pero esto mejor dejarlo.


Los sabios sexólogos también apuntan al diferente estímulo necesario para levantar la libido de hombres y mujeres. Sí, claro, muy cierto. Pero sí sólo fuese eso tengo bastante claro que existirían academias para hombres, por supuesto, dónde se impartirían clases sobre el tema. Si los resultados fuesen garantizados, aseguro que estos centros de formación estarían llenos hasta la bandera... ¿alguien se quiere matricular? Ahí lanzó una idea de negocio si lo veis tan claro amigos sexólogos, o a vosotros si tenéis vuestras academias de artes varias vacías, reciclarse o morir...

Pero ahora ya en serio (no sé si podré), volvamos al comienzo de este zafarrancho de letras. Hablaba más arriba de ese delicioso pastel y los ojos golosos que lo contemplaban. Si bajamos a las cavernas del conocimiento y analizamos la secuencia del pastel con detenimiento observamos lo siguiente: una mujer deseosa que mide, a saber; si me como este pastel que me ofrecerá verdaderos momentos de éxtasis, tendré que pagar una factura muy alta cuando me ponga mi magnífico bikini y parezca que lleve un flotador tatuado en la cintura. Automáticamente da un paso al frente, se aleja de la tienda de los pecados y se sumerge en sus quehaceres cotidianos, no sin mala cara y un cierto grado de estrés añadido.
Ahora transportemos esto a nuestro tema central. Imaginar a ese misma mujer (y cuidado que no se comió el pastel y tiene cierto enojo ya instalado) delante de su cama. Sabe perfectamente que momentos también de éxtasis se dibujan bajo esas sábanas, pero mira a su alrededor y ve lo siguiente: unos calzoncillos arrugados al lado de la mesita, arropados cariñosamente por unos pantalones enmarañados aún cogidos a unos calcetines, al lado de unos zapatos boca abajo y sucios. Levanta la cabeza y oye, para su horror, un estruendoso pedo que sale del baño y un gruñido que la asustaría si no supiese perfectamente a que animal pertenece. El resto del día imaginarlo como queráis pero el resultado está cantando. Esta pobre mujer mide y por supuesto actúa en consecuencia.

Seguramente la próxima tarde cuando pase por la pastelería entrará sin levantar la cabeza y se sumergirá en las delicias del chocolate para elevar su ánimo, porque su libido necesitará toneladas de lo que no encuentra en casa para florecer como merece.

Gestos pequeños tienen resultados asombrosos. Probarlo.

Normalmente todo es más fácil de lo que parece.