Como me gustaría poder invitar a todos, los pocos, que leáis esto
a brindar por lo que más nos concierne: nuestra educación.
Quiero ser cansino hasta que los dedos se
me queden planos golpeando teclas y las pestañas se me quemen de mirar la
pantalla de este ordenador, de la importancia que tiene nuestra educación si
queremos ser algo más, por mejor, de lo que somos.
La sociedad educa y la sociedad, queridos
conciudadanos, somos todos; son las escuelas, son las calles y son nuestras
casas. Partiendo de esta idea básica me gustaría insistir en un matiz que
muchas veces se pasa por alto. Es cierto que debemos instruirnos. Que padres no
desean que sus hijos estén lo mejor preparados posible para afrontar con éxito
los retos que la sociedad les presente. Pero como padres, además de esto
tenemos que velar por que nuestros hijos sean además ciudadanos.
Ciudadanos es algo más que el que habita.
Habitantes en un lugar cualquiera los podemos contar sin temor a equivocarnos,
es pura cuestión matemática. Lo de ciudadanos es ya otro cantar.
Mientras se siga pensando que la
preparación básica principalmente sirve para defendernos en el mundo laboral,
los problemas de base nos seguirán azotando con furia y nuestras quejas caerán
en saco roto por desoídas.
Lo voy a decir bien claro y lo más alto
posible que seáis capaces de oír mientras leéis.
La educación sirve para crear ciudadanos.
Luego estos serán barrenderos, abogados,
lampistas, arquitectos, deportistas de élite o que se yo, pero luego y sólo
luego. Bueno, corrijo. Más que serán se dedicarán a... Lo importante es
que aprendamos a no ser sólo habitantes, números de unas estadísticas, para
atrevernos a ser ciudadanos de acto. Y ciudadanos son todos aquellos que se
implican en todo lo que les rodea más allá de la inmediatez de su asunto
laboral. Y entiendo que a todo el mundo le preocupe su trabajo, no soy tan
estúpido como para pensar lo contrario, pero además debe preocuparnos este
mundo que compartimos y en el que hemos elegido vivir en comunidad.
Nos han repetido hasta la saciedad eso de
que el ser humano nace desnudo, sin nada, indefenso, pero con una capacidad de
aprender descomunal que lo catapulta por encima del resto de los seres vivos,
adelantándolos cuando iba último al nacer. No basta con tener
conocimiento, sino que además debemos practicar el re-conocimiento. El verdadero
sentido de la democracia es la del ser cooperativo. Hoy impera demasiado el “tonto
el último” o el “mira por tu culo”, sin perdón.
Nacemos habitantes pero si no conseguimos
convertirnos en ciudadanos sólo seremos un número más que provocará que el
problema se resuelva mal.
Os invitos a ser más ciudadanos.
